De neonazis y otros peligrosos

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Yuriria Sierra 01/07/2014 01:01
De neonazis y otros peligrosos

“El asesinato de masas comienza en la mente de los hombres”.

Daniel Johan Goldhagen, en Peor que la Guerra.

 

Fue justamente una altísima autoridad nazi (de hecho, el padre de la propaganda moderna) quien dijo que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Con esta cínica confesión, Joseph Goebbels le legaba al puñado de líderes estafadores y embaucadores del futuro la fórmula mágica para mentir sin pudor y manipular, desde la desvergüenza, a la masa acrítica para esclavizarlos ideológicamente y evadir cualquier cuestionamiento racional; para hacer de la propia sinrazón (y en casos extremos como el nazismo, el propio delirio) una consigna que escape al cernidor de la sensatez y de la inteligencia.

La trampa de los debates está siempre en la línea que marca la diferencia entre un argumento fundamentado con otro que está, para decirlo fácil, elaborado a modo de consigna. Y es que este último se va autoacorralando poco a poco al paso de su exposición. Comienza a repetirse tantas veces que se desvirtúa porque se evidencia su origen en el panfleto, casi evangelizador. Digo esto por todo lo que yo misma he constatado con la polémica del senador José María Martínez, el de la Comisión de la Familia y Desarrollo Humano. Aquellos que lo defienden se escudan en un trasfondo religioso que nada tendrá que ver con la política, ¿sabrán acaso sobre la laicidad del Estado?

Desafortunados sus tuits, aunque aun más lo son los del mismo senador. Su respuesta a la invitación que le hizo Víctor Hugo Romo para atestiguar bodas entre parejas del mismo sexo dejó en claro su nula capacidad para el debate —ya no digamos raciocinio—, una cualidad que debería tener más que pulida siendo un legislador. Tan pobres sus dotes para la discusión, que incluso en Twitter —convertida por él en su única trinchera para emitir alguna “declaración”— se atrevió a “defenderse” o “escudarse” tras una imagen en la que se lee una frase que empieza más o menos así: “Hijo es un ser que Dios nos prestó...”, y que le adjudica a José Saramago. Lamentablemente para el inculto senador, aquella frase no corresponde a la voz del Premio Nobel. Ya antes había utilizado una frase de Martin Luther King Jr., un eterno y reconocido luchador social que buscó siempre la igualdad y el respeto a los Derechos Humanos contra los prejuicios —cosa que Martínez no hace sino alimentar, vaya.

Lo más peligroso de esto es que este tipo de posturas, aun más cuando vienen desde una instancia como lo es el Congreso, se convierten en escudo (y caldo de cultivo) para que surjan expresiones que no son sino la consecuencia inevitable. Se reportaba ayer la creación de un grupo neonazi en Jalisco, denominado Movimiento Nacionalista Mexicano del Trabajo, que comparte las causas del senador (que también representa a ese estado). Un grupo de “chavos” panistas que hace unas semanas conmemoró los 125 años del nacimiento de Adolf Hitler (¡Hágame el estúpido favor!). Está liderado por Juan Barrera Espinosa, un joven militante de Acción Nacional, según se observa en las fotografías de su perfil de Facebook, y lo integran otros jóvenes que en redes sociales presumen su militancia blanquiazul. Forman parte del Comité de Acción Juvenil del PAN de Jalisco y del Parlamento Juvenil Alonso Lujambio. Qué irresponsable, inaceptable referencia, que hasta lo evocan en sus estúpidos discursos. Alonso (QEPD) reprobaría absolutamente una expresión de esta índole.

Estas sanguijuelas azules incluso han diseñado una imagen para su grupo muy similar a la estética nazi, hasta en el corte de pelo. Parecen una estampa sátira salida de una fiesta de disfraces del surrealismo a la mexicana, que, al igual que los líderes nazis, de arios nada tienen, definición racial que, sobra decirlo, es una estupidez en sí misma. A ese grado el juego del completo sinsentido. De la locura de los primeros y su maraquera réplica tapatía.

La peligrosa extrema derecha, igual de peligrosa que la extrema izquierda y tan similares ambas que se tocan las puntas, justifican con un lugar en el Senado la aparición de esta otra extrema, una por demás creada bajo equivocado y estúpido contexto.

Y lo mínimo que puede hacer el PAN de Gustavo Madero es correr de sus filas a estos estúpidos chamacos que violentan toda convención internacional firmada tras el término de la Segunda Guerra Mundial, y de paso al senador por violentar la Constitución mexicana y sembrar con su ignorancia el terreno para que estas inadmisibles expresiones de odio sientan tierrita fértil para hacer su execrable numerazo.

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