El mundo de afuera

Un secuestro. Víctima y victimario. Un inevitable lazo entre ambos, personajes entrañables que se asoman como seres humanos llenos de emociones.

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Yuriria Sierra 07/06/2014 03:33
El mundo de afuera

Es como un cuento de hadas, su narrativa sutil permite pensarlo así. Pero también su riqueza literaria deja que de la fantasía pasemos a una novela policiaca o incluso a una historia de terror. Rebasa no sólo esa frontera que va de lo real a lo que no lo es, sino también la de los varios géneros, de las varias formas de contar una historia. Es El mundo de afuera, de Jorge Franco, la novela ganadora del Premio Alfaguara 2014. Ayer platiqué con él, del porqué contar una historia así.

Un secuestro. Víctima y victimario. Un inevitable lazo entre ambos, personajes entrañables que se asoman como seres humanos llenos de emociones. Ni buenos ni malos. Ambientada en un Medellín de los años 70, un Medellín que no existe más, según palabras del mismo autor. Una ciudad distinta a la que nos cuenta en aquella, su otra gran novela, Rosario Tijeras, en donde pinta el mundo del narcotráfico, que en ésta, su más reciente y laureada novela, no existe.

“El secuestro y el castillo. Ahí están los dos mundo. El mundo de afuera es ese castillo, que resulta una fascinación para nosotros. A mí, como escritor, me llevó a imaginar  cómo era la vida en ese castillo. Cómo era la vida de esa niña que era sobreprotegida por su padre, que no le permitió ir a un colegio, que la educó con una institutriz, todo para mantenerla al margen del mundo. Ahí es donde yo entro a utilizar un tono que se acerca al cuento de hadas, a la narración fantástica. Lo que supongo yo es que lo primero que hace una niña en ese cautiverio es crearse un mundo, uno acorde a la vida infantil. Es donde surge ese bosque encantado, ese bosque en el que ella se siente muy a gusto, se siente segura. Ahí aparecen unos animales fabulosos; los almirajes, que son unos conejos con unos cuernos, que le hacen a la niña unos peinados estrambóticos. Y todo es parte de la fantasía de la niña para sobrevivir a esa soledad a la que la sometió su padre. Y luego, el hecho del secuestro lo toco en otro tono. Este secuestro es una premonición de lo que vendría. Era un delito que no era común en la ciudad y se convirtió en nuestro mayor dolor, en nuestra mayor vergüenza...”

Es una novela que nos habla a toda Latinoamérica —y el mundo—, porque nos cuenta sobre éste, uno de los delitos más recurrentes en nuestro país; aunque no es el centro en sí de la historia, el juego de géneros que Franco nos regala adereza muy bien la narrativa.

“No es que cada uno esté asentado como el bueno o el malo, sino que están ahí, se cruzan ellos... cómo llegan a necesitarse para completar sus roles”, acercarse asintóticamente, como dirían las matemáticas. Acercarse cada vez más y más, sin tocarse; lo que le da una riqueza admirable a esta narración.

El mundo de afuera: la unión del mundo interior con uno exterior, bajo circunstancias que no son las ideales, pero que obligan a los personajes a entenderse como seres humanos llenos de matices. Fantasía y realidad mezcladas en una historia que también nos hará encontrarnos, aunque ni como buenos ni malos.

 

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