La guerra perdida

Los criminales rebasaron el poder de las autoridades. Demostraron tener una mejor organización y hasta mejores armas.

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Yuriria Sierra 08/05/2014 01:18
La guerra perdida

Es claro que cuando Felipe Calderón dio inicio a la lucha contra el crimen organizado, no se pensó que la fallida estrategia terminaría en semejante derramamiento de sangre. No se pensó, porque no se trazó bien el plan. Los criminales rebasaron el poder de las autoridades. Demostraron tener una mejor organización y hasta mejores armas. Eso, más las redes de corrupción que van de la mano a estos grupos. Todo operó para que el sexenio de Calderón fuera perdiendo en los recuentos de daños que se hicieron a su final.

Aprehensiones de capos, pues sí, las hubo. Detenciones de funcionarios a quienes se les comprobaron nexos con los narcos, también. Reuniones constantes con gobernadores y alcaldes. Sí, el gobierno federal comenzó a hacer de todo para intentar ganar esta guerra que aún continúa ahora en el gobierno de Enrique Peña Nieto...

O tal vez no, tal vez no hizo de todo. Tal vez no se ha comenzado a hacer todo. Y es que es claro que aún se le tiene miedo a ese “hacer de todo” y es justo por eso que las estrategias que se ponen en marcha resultan siempre cortas para lo que se pretende lograr.

Ayer encontré un texto en The Economist que hace referencia a un riguroso estudio realizado por el London School of Economics. Este análisis titulado “Ending the drug wars” (El fin de las guerras contra las drogas) es un conjunto de ensayos escritos por miembros de esta institución, especialistas todos en las economías de la política de drogas, en los que exponen los puntos de las fallas, del poco alcance que han tenido las estrategias en todo el mundo.

Los textos refieren cómo todas las guerras contra el crimen organizado están perdidas y justo por la razón que escribimos un par de párrafos arriba. El trabajo que se realiza, que si bien ha sido necesario en algunos términos, también ha sido planteado bajo esquemas limitados, que buscan atacar sólo a la oferta y la demanda, que no toman en cuenta que los números sobre éstas hablan de un problema que va mucho más allá de la lucha entre criminales o de prevención de adicciones. Por eso sostienen que estas guerras están perdidas.

Lo que sugieren es que se abran estas estrategias para lograr una mayor eficacia. ¿Legalización? El tema al que todo el mundo le huye —aunque aquí en el DF está por comenzar la discusión de la iniciativa que se presentó hace unos meses—, pero los especialistas de la London School of Economics prefieren llamarlo “despenalización”, aunque habrá que buscar un análisis mejor para saber a qué se referiría este concepto. Pero el punto central de todo esto es precisamente que cualquier gobierno que hoy enfrenta este tipo de guerras, ya sea porque su país es productor, consumidor o un territorio de tránsito, no se enfoque únicamente en atacar las células del crimen o medidas de prevención; sino que también, como lo hemos dicho aquí repetidas veces, ya es tiempo de que se sacudan los tabúes y se comiencen a ver otras posibilidades para enriquecer los planes de acción que ya se están ejecutando. Por eso es una guerra perdida, porque se ha quedado corta y aun así se resisten a una apertura que dé entrada a nuevas estrategias que puedan ayudar a cerrar el círculo que acorrale y controle a los grupos criminales.

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