Jóvenes rotos

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Yuriria Sierra 10/04/2014 01:53
Jóvenes rotos

Tristemente, a últimas fechas nos encontramos con episodios donde jóvenes protagonizan hechos que van de lo trágico a lo inconcebible. Ayer sabíamos que la vida de Arit Joseph González Villegas cambiaría para siempre. De ser, hasta hace unos días, estudiante de derecho en la UNAM, hoy pasa las que serán sus primeras noches tras las rejas. Una riña que, se sabe ahora, fue bastante absurda, pero sobredimensionada por el alcohol que habían consumido los involucrados, lo tiene hoy a la espera de un proceso penal que lo acusa de homicidio simple doloso. Su compañero Daniel Ramírez murió porque, en la discusión, uno de los tres empujones que Arit le dio, lo tiró a las vías del Metro Copilco, apenas unos segundos antes de que el convoy ingresara a la estación. La vida de uno cambió para siempre, la de otro terminó por completo. Lo que era una tarde de “¿amigos?”, terminó en esto que se resume aquí. De ser un estudiante con las posibilidades de labrarse un futuro con trabajo y dedicación, es hoy un número de reo que espera por su sentencia. Tristísimo final para estos jóvenes estudiantes. 

Y si eso en nuestro país nos impactó, los episodios que ocurren en Estados Unidos —ahora más de vez en cuando— nos congelan la sangre por el tanto sinsentido. Aunque de otra naturaleza, pero también trágico y sumamente incomprensible, ayer nos despertamos con la inconcebible noticia de otro ataque de un estudiante a sus compañeros de escuela. Ahora no fue con un arma de fuego. Eso quitará, al menos, la intención de hablar del problema aún presente sobre la compra, venta y posesión de armas que con tanta facilidad se da en Estados Unidos. En esta ocasión no se hablará de ello, aunque no por eso el tema deje de existir.

Fue otro joven tímido, de apenas 16 años, de esos que sus compañeros hoy no entienden los porqués de tanta ira, que se petrificaron cuando lo vieron atacar a sangre fría a quien se cruzaba en su camino. Esta vez no fue una pistola o un arma de mayor calibre, fue un cuchillo con el que hirió a más de 20 personas:

“Estaba muy callado. Simplemente estaba haciéndolo. Tenía esta mirada en su cara de que estaba loco y sólo estaba corriendo y apuñalando a quien se encontraba en su camino (...) Empecé a escuchar una estampida de estudiantes que venían desde el otro extremo del lugar diciendo: ‘¡Fuera, tenemos que salir, vamos, hay un chico con un cuchillo!’ (...) Era reservado. No tenía muchos amigos que yo sepa, pero tampoco sé que haya sido molestado mucho. Realmente nunca supe que haya sufrido bullying. Sólo era un poco tímido y no hablaba con mucha gente...”, le dijo Mia Meixner, una estudiante de la preparatoria Franklin Regional Senior, en Pensilvania, a la cadena CNN.

Literalmente un horror, uno que nos recuerda tantos más episodios en los que una ira contenida, mal desahogada, es vaciada a través de la violencia que ejercen jóvenes sobre sus compañeros de clase y, obviamente, sobre ellos mismos, ya sea en la escuela, ya sea en una sala de cine.

¿Hasta dónde estos trágicos episodios de violencia son responsabilidad de los padres, hasta dónde influyen los acontecimientos que se viven como parte de una sociedad? ¿Hasta dónde esto no es más que resultado de una posmodernidad que hace que nuestros jóvenes se encierren en su soledad, tedio y vacío? Seguramente, al pasar de los días, conoceremos más sobre este joven que atacó hoy a sus compañeros de preparatoria, que nos harán entender un poco mejor lo que sucedió; pero tristemente no nos harán asegurar que un episodio así no volverá a ocurrir.

Addendum. Con la reforma constitucional en telecomunicaciones y con la propuesta de reforma en sus leyes secundarias no hay ni vencedores ni vencidos, se establecen condiciones para que exista una mayor competencia con el fin de que el consumidor final sea el mayor veneficiado. Como en cualquier sector, la competencia genera mayor rivalidad, pero también mejores productos.

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