La renuncia de Mondragón

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Yuriria Sierra 18/03/2014 00:39
La renuncia de Mondragón

Decir que fue un muy buen policía es, acaso, el adjetivo más inmediato para referirse al doctor Mondragón y Kalb, aunque es también el más simple y más obvio. Hoy se oficializará ante los medios de comunicación su salida como Comisionado Nacional de Seguridad, misma que se hizo de avanzada en los trascendidos y posteriormente en la cuenta de Twitter del secretario de Gobernación el fin de semana. En los últimos dos días, mucho se ha escrito y dicho al respecto de la carrera de servicio público de Manuel Mondragón y Kalb. Fue primero un gran colaborador en el gobierno de Marcelo Ebrard en la Ciudad de México. A él se le debe aquella famosa “burbuja” que mantuvo al Distrito Federal fuera de la ola de violencia que se vivía en casi todo el territorio nacional, misma que parece hoy estarse desinflando. Fue una sorpresa —aunque completamente comprensible— que Enrique Peña Nieto lo invitara a colaborar en su gobierno, incluyéndolo dentro del gabinete en la Comisión que este año tendrá que estar presentado ya el proyecto de gendarmería nacional (y será en las próximas horas que conoceremos el nombre de quien será el sucesor en el cargo).

Las razones de la renuncia, aceptada y confirmada casi de inmediato pueden ser varias y de diversa índole. Varias fuentes coinciden en que existían fallas de comunicación precisamente con la cabeza de la Secretaría de Gobernación. Una fuerte discusión entre ambos el sábado pasado habría tenido como conclusión, justamente, con la renuncia de Mondragón. Sospechosismo más o rumores menos, lo cierto es que, a pesar del probadísimo prestigio y la incuestionable eficacia de Mondragón, el hecho de que existan diferencias tan profundas entre quien es el jefe operativo del Ejecutivo en temas de seguridad, y quien tendría que ser su principal operador, se antoja como un campo minado para el Estado mexicano, más cuando el gobierno está entrando en una curva en la que el tema (de seguridad y combate al crimen) ya no está en segundo plano como se intentó (al menos a nivel discursivo) durante el primer año de gobierno de Enrique Peña.

A la renuncia formalmente presentada, le seguirá entonces el saber quién ocupe su lugar dentro de la Comisión Nacional de Seguridad, para eso habrá que ver quién será considerado por la Presidencia para ocupar el cargo que deja una figura tan respetada (por tirios y troyanos) como Mondragón: ¿Luis Miranda, hasta hoy subsecretario de Gobernación? ¿Eugenio Ímaz, todavía al frente del Cisen? ¿David Garay, de quien se dice que conoce hasta el tuétano del sistema? ¿Monte Alejandro Rubido, el segundo en la Comisión que deja Mondragón, Enrique Galindo? Aunque no habría que descartar a Alfredo Castillo ni a Roberto Campa Cifrián. Quien resulte designado tendrá que contar con el visto bueno de quienes se han convertido en líderes de opinión y portavoces del tema desde la sociedad civil, como María Elena Morera o Alejandro Martí.

Habrá que ver también cuál será el esquema de trabajo que se seguirá en la comisión y los cambios que ésta genere. La coordinación que deba reestablecerse en los proyectos que se quedan pendientes, como el de la gendarmería, acaso uno de los más ambiciosos no sólo de la Comisión, si no del Ejecutivo para este sexenio. Y parece que éste es el tema en el que Mondragón y el resto de las fuerzas de seguridad (particularmente el Ejército) no lograron encontrar los equilibrios de prespectiva de futuro inmediato para la instrumentación del programa.

El doctor Mondragón se va con una carrera intachable. Respetado por todos. Caballero y leal como ha sido siempre, seguramente le darán hoy al mediodía una despedida a la altura de sus cualidades. Lo cierto es que el doctor se va en un momento en que la política de seguridad nacional requiere de más hombres como él, esperemos en que estos años de servicio haya dejado una buena escuela.

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