La tragedia de Venezuela

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Yuriria Sierra 18/02/2014 01:00
La tragedia de Venezuela

Venezuela es hoy el episodio político más triste de Latinoamérica. Lo es, porque es presa de un gobierno que se llama a sí mismo como democrático, pero al que le da lo mismo que lo llamen dictadura. Nicolás Maduro, actuando como el sucesor de Hugo Chávez, hasta se da permisos para la fantasía —pues los pajarillos le hablan— para seguir con su farsa. Y es que su gobierno no puede ser visto de otra forma. Si aun con la presencia de Chávez en el poder, se dudaba tanto del camino que el país seguía, hoy, se observa que está caminando hacia la destrucción.

El país está en caos, y el que se vive en las calles es el ejemplo más literal, pero no es el único. Empresas de varios sectores han detenido su producción, no hay insumos ni dinero para importarlos. Además de que la ideología de Chávez, que sigue al pie de la letra Maduro, limita las decisiones que estas industrias podrían tomar.

Y no sólo es el desabasto, sino también las consecuencias —o causas— de esto: devaluación, pobreza, inflación y devaluación. Largas filas para que cualquier ciudadano pueda adquirir productos de cualquier tipo, incluso los de necesidad básica. Hace apenas unos meses, escribíamos aquí de aquel desabasto de papel higiénico. Así de grave.

En la Venezuela de Nicolás Maduro, basta con su decisión para que algo deba respetarse y ejecutarse; así entiende él la democracia. Para el resto, los detractores a su gobierno —que no son pocos, ni dentro ni fuera del territorio venezolano—, ya sólo es cuestión de resistencia. Apenas hace unos días, en nuestro país, ciudadanos de Venezuela, residentes en México, se manifestaron frente a la embajada de su país, en la zona de Polanco; el domingo pasado lo hicieron también sobre Paseo de la Reforma.

Los últimos días hemos visto las formas en que Maduro ha actuado contra los manifestantes, que no sólo son jóvenes estudiantes. Al respecto, hay hechos que confirman el grado de represión que vive hoy cualquier opositor a Maduro: se cuentan muertos, heridos y hay incluso declaraciones de testigos que hablan de abusos sexuales que han sufrido quienes han sido detenidos por la policía.

Para el gobierno de Nicolás Maduro, todos son responsables de lo que pasa en su país menos su gobierno. El viernes, el Ministerio del Interior venezolano declaraba que en México se habrían entrenado algunos “alborotadores” que han formado parte de las manifestaciones al Presidente. Obviamente, también el gobierno de Estados Unidos —así como el colombiano— ha sido señalado como uno de los conspiradores que “mueven” a los manifestantes. Ya incluso ayer vimos cómo expulsó a la diplomacia estadunidense. No vaya a ser que sigan provocando más movilizaciones en su contra (¿?). 

Las redes sociales han servido —como en otras ocasiones— como un vehículo de información para que nos enteremos rápido de lo que sucede en cada manifestación, lejos de la versión oficial, donde Maduro es siempre el blanco, la víctima y no el responsable de un país sumido en una de sus peores crisis, porque, al menos antes, tenían a un Hugo Chávez con cualidades de líder (eso siempre lo hemos reconocido), pero Nicolás Maduro tiene, en el caos que ha provocado, sus limitantes —en todas sus formas— para ejercer el poder. Y la tragedia es que lo tiene.

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