Fiestear como reyes

La fiesta del martes, del senador Jorge Luis Preciado, despertó mucha polémica... dice que tal agasajo fue para sus colaboradores.

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Yuriria Sierra 06/02/2014 02:08
Fiestear como reyes

Cuando las monarquías de Europa eran tal como nos los cuenta la literatura, el cine y aquellos tantos retratos mandados hacer a mano, que hoy se exponen en varios museos del mundo, se hablaba de familias que vivían del pueblo. El lujo en su máxima potencia por encima de las necesidades de éstos, quienes lo único que tenían permitido hacer era reverenciarlos. El gobierno lo tenían en las manos, la voluntad para subir impuestos o acabar con el enemigo, también. Ya muy alejadas están las familias monárquicas que hoy existen, ya son sólo una figura desdibujada que, si acaso, tienen mero valor sentimental. Aunque para el caso, siguen manteniéndose bajo el mismo patrón: el dinero de sus pueblos.

Y esto viene al caso, porque lo primero que me vino a la mente cuando leía sobre la fiesta que Jorge Luis Preciado realizó el martes pasado en las instalaciones del Senado fueron esos festines que habrán realizado tantos reyes mientras sus pueblos tenían que pagar impuestos que a veces los dejaban sin comer.

La fiesta del martes despertó mucha polémica. Y cómo no. Qué bárbaro: si bien, ahora el líder de los senadores del PAN dice que tal agasajo fue para sus colaboradores (razón apenas para justificar el lugar donde se realizó), lo cierto es que la primera versión hablaba de un festejo para su esposa, pues hasta mariachis hubo que le cantaron, aseguran, El rey de chocolate.

Por supuesto, también dice que todo fue cubierto con dinero de su propia cartera. Cada quien sus cuentas, pero, eso sí: quedó evidenciado el poco tacto. Integrantes de su misma bancada y de otras más pidieron una explicación. Algunos panistas aprovecharon también para solicitarle al presidente de Acción Nacional que realizara una revisión del perfil del líder de sus senadores (y apenas para calentar aún más las diferencias dentro del partido en la víspera de la renovación de su dirigencia).

También lo hizo el PRD, cosa extraña. En diciembre pasado, el diputado Luis Espinosa Cházaro realizó un festejo similar. El motivo fue el fin de año, pretexto más que socorrido para degustar con tus cercanos la llegada de la Navidad. Aunque él no realizó tal festejo en las instalaciones de San Lázaro, pero tal fiesta tuvo ciertas características que nos regresan a aquellos tiempos de las excéntricas fiestas de las monarquías.

De nuevo bajo el dicho: todo lo cubrió mi bolsillo, las invitaciones para tal fiesta fueron físicas, se habrán enviado decenas de ellas; en el llamado se decía que habría cena y bebida (¿o de qué otra forma se puede brindar?) y que el festín estaría siendo amenizado nada menos que por Los Ángeles Azules, guapachoso grupo que en 2013 vio crecer aún más sus bonos. Hasta se presentaron en el Festival Vive Latino. Calcule usted: locación (un salón de baile), invitaciones, logística, comida y bebida, y el baile. No habrá sido una celebración precisamente barata.

Y lo hacen todos. No hay partido al que le quede espantarse, pero tal vez podrían pulir aquel sentido que haría que sus actos no se malinterpretaran. Fiestear como reyes parece una marca de nuestros políticos, lo malo es que, tal como aquellas caricaturas de las monarquías europeas, ellos son también quienes deciden los ingresos que deben tener.

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