Los 10 años de Facebook

A los más distantes, los acerca a quienes les perdieron pista varios años atrás, les recuerda, sin decir una palabra, que ahí están.

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Yuriria Sierra 05/02/2014 01:21
Los 10 años de Facebook

Ya es un acto inevitable —disfrazado, gracias a los tiempos, de necesario— levantarse por las mañanas, encender la computadora o tomar el teléfono móvil y entrar a Facebook. Revisar lo que cada uno de nuestros “amigos” publica, dar “likes” a fotografías o enlaces de información general. Solidarizarse con quien hace público que pasa un mal momento o alegrarnos por quien expone lo contrario. A las cabezas más dispersas, Facebook les recuerda un evento o cumpleaños importante. A los más distantes, los acerca a quienes les perdieron pista varios años atrás, les recuerda, sin decir una palabra, que ahí están. A aquellos que se van, su perfil queda como una ventana para la memoria.

Hace diez años que nació Facebook, la historia del cómo ya fue incluso llevada al cine. Han sido diez años en que la manera de vincularnos con el mundo cambió. Sus antecesores, MySpace y Hi5, hoy están en el terreno del recuerdo. Facebook se ha sabido adaptar a la llegada de otras redes, como Twitter, aunque hay quien pronostica que le quedan sólo algunos años más de vida, antes de que al menos 80% de sus usuarios (calculados en mil 139 millones de personas) dejen de utilizar su perfil.

En estos diez años se han realizado cientos de estudios que hablan de los efectos que Facebook —en primera instancia— y demás redes sociales tienen en nuestro cotidiano. Se le reconoce su capacidad para transmitir información, porque todo ahí va, y va rápido. 

Sin embargo, la mayoría de estos estudios están enfocados en los efectos en la vida personal de los individuos. Desde cálculos de cuántas parejas se separan por algo publicado, hasta el análisis profundo de cómo, así como Theodore, en la fantástica Her, de Spike Jonze, hay quienes le dan la espalda al exterior para sólo vincularse a través de una computadora. Es eso o el efecto contrario. Las redes sociales nos han enseñado que también podemos volvernos locos al darles aquella oportunidad que nuestro ego no ha podido encontrar en el exterior:

“Las redes sociales tienen ese peligro: el individuo se puede llegar a sentir sobrevalorado por escribir una pequeña frase y la resonancia que ésta pueda tener en las redes sociales; ‘eres guapo; te ves hermosa; qué bien saliste en la foto’... Ésa es otra de las paradojas de esta sociedad hiperindividualista: que mientras más personas afirman su autonomía, más necesidad tienen de reafirmarla a través de los otros. Su autoestima empieza a depender de un ‘me gusta’ o ‘no me gusta’ en el Facebook. Sólo hay que mirar alrededor: cuántas personas se han vuelto dependientes del internet, miramos qué sucede cuando el teléfono no sirve; ¡es la nueva cara del pánico! Existo en tanto estoy conectado. Esta es una de las presentes tragedias del individuo: adora gerenciar completamente solo su vida, pero al mismo tiempo, eso le resulta insoportable cuando no encuentra ecos, así sean los más frívolos imaginables...”, palabras que en entrevista me dijo Gilles Lipovetsky, uno de los más importantes filósofos de nuestros tiempos, hace un par de años.

Facebook es la herramienta con la que nos recibió el milenio y en diez años ha cambiado mucho la forma de relacionarnos; ahora se vale preguntar: ¿Cómo lo haremos dentro de diez o 100 años?

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