Ojalá no sean autodefensas de Troya

¿Cómo sabrán (y sabremos) realmente que las autodefensas están trabajando para la población?

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Yuriria Sierra 29/01/2014 02:26
Ojalá no sean autodefensas de Troya

El acuerdo firmado el lunes entre el gobierno federal y los grupos de autodefensa son el paso más importante dado por Alfredo Castillo desde su nombramiento como comisionado para Michoacán. Sin embargo, es también un paso abierto a las preguntas que no se resuelven aunque se tenga un documento firmado y donde se expresa el compromiso de ambas partes.

Nadie niega que es necesario que se recupere la seguridad en el estado. Michoacán se ve por todos lados casi como un territorio en guerras —sí, en varias, como ya las hemos descrito aquí con anterioridad— y el acuerdo, que si bien es pauta para el trabajo conjunto entre autoridades y ciudadanos (es la reconstrucción de un puente importantísimo) también, a pesar de sus candados, tiene el riesgo de caer en la ambigüedad.

Las autodefensas, una vez revestidas de legalidad, tendrán expediente validado por la Sedena, podrán poseer armas de forma completamente lícita. Tendrán acceso a equipos de comunicación y operación por parte de la misma Secretaría de la Defensa. El riesgo es el mismo de siempre, el mismo que ha traído desconfianza y ha hecho de este problema lo que es hoy: ¿cómo sabrán (y sabremos) realmente que las autodefensas están trabajando para la población?

¿Cómo se evitará que los cárteles del narcotráfico no se filtren como lo han hecho al interior de los propios gobiernos estatales y municipales? ¿Cómo se evitará que no surjan, a granel, grupos de autodefensa por toda la República? Y es que este apartado deberá ser resuelto y detallado para no hacer de las autodefensas —y sus riesgos— una salida de emergencia más y más frecuente.

En el entendido de que la legalización de las autodenfensas existentes era un paso casi necesario (un acto de pragmatismo ante la evidente incapacidad del Estado para desarmarlas), que cobra sentido bajo las circunstancias en las que se da, ¿cómo acelerar los resultados de esta “alianza” para impedir que sea el camino más inmediato —y elegido por aquellos que desearían “disfrazarse” de autodefensas para garantizar otro espacio de impunidad para el crimen organizado— a partir de ahora? Y es que no habían pasado ni 24 horas del acuerdo y ya aparecía un grupo más en la comunidad de Yurécuaro.

Con el acuerdo, el gobierno reconoce la fuerza de las autodefensas, pero también deberá marcar los límites para que éstas no se conviertan en ese posible “Caballo de Troya” dentro de un territorio por demás lacerado por la violencia: que el narco opte por infiltrar a su carne de cañón bajo este nuevo manto de legalidad. Ojalá no sea el caso...“Que por resolver la legalidad, provoquemos otros problemas...”, me decía ayer Alejandro Hope, uno de los más prestigiados especialistas en temas de seguridad.

De convertirse en “caballos de Troya” tripulados por el crimen organizado, la legalización de las autodefensas sería la más lamentable decisión del gobierno federal en los últimos años. Ojalá no sea el caso. Pero aún así, ¿cómo justificar que ya no sea sólo el Estado mexicano el que posea el “monopolio del uso de la fuerza”? ¿No tendrían, entonces, incentivos a armarse hasta los dientes todos los grupos que consideren legítimas sus causas para “defenderlas” hasta con cuernos de chivo? ¿Por qué si la autodefensa de Tierra Caliente o no el líder de la Sección 22 de la CNTE?

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