México y el cambio climático

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Yuriria Sierra 21/01/2014 01:05
México y el cambio climático

“En lugar de decir ‘el señor tiene todos los signos de lepra’, afirma: ‘quizá se va a enojar. Vamos a decir que tiene un problema de piel que tiene que cuidar...’”, así resume José Sarukhán la filosofía con la que los gobiernos del mundo y las autoridades encargadas enfrentan todo lo relacionado al cambio climático. Se lo dijo a Angélica Enciso L., reportera de La Jornada en una entrevista publicada ayer. No recuerdo a alguna otra autoridad mexicana hablar con tal franqueza al respecto. Hoy, el ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México es el coordinador de la Comisión Nacional para el Uso y Conocimiento de la Biodiversidad, una dependencia federal que genera información de carácter científico.

Sin duda, su atinada analogía viene a cuenta por los complicados días que hemos tenido en todo el mundo. Climas extremos: mucho calor, fríos nunca antes sentidos. Hasta vimos congeladas las Cataratas del Niágara, en una suerte de espectáculo natural, sí, pero que no se habría concebido hace cien años. Los daños que le hemos hecho al planeta están generando toda esta nada pequeña lista de consecuencias.

Hace unos meses, la Semarnat informaba que México era uno de los países más afectados por este fenómeno por la presencia del Trópico de Cáncer sobre el territorio nacional, pues prácticamente nos parte en dos, además de una franja de mares denominada “alberca caliente”: una zona generadora de huracanes.

Para Sarukhán, mucha de esta información se sabe y se entiende; se dimensiona a puerta cerrada, pero a pesar de que se actúa favorablemente, aún las medidas siguen resultando cortas, por eso es que cada año las condiciones climáticas se hacen más extremas. El calor es más fuerte, el frío más devastador.

La emisión de Gases Efecto Invernadero (GEI) —dióxido de carbono, metano, óxidos de nitrógeno— son los responsables de esta catástrofe. Si bien entendemos que muchos de estos gases se generan de forma natural, lo cierto es que también la quema de combustibles que realizamos para generar energía ha exponenciado su presencia en el medio ambiente.

En el último reporte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), publicado en septiembre pasado, da a México la categoría de “pequeño emisor” de Gases Efecto Invernadero, pues apenas se producen aquí 1.4% de las emisiones mundiales. Algo que habla bien del país, pero a la suma de otros “pequeños”, medianos y grandes emisores, tenemos por resultado la cantidad de gases suficientes para tener, año con año, temperaturas más extremas y en épocas del año que no habrían correspondido antes.

Es un tema por demás complicado y peligroso si se piensa en la información que se nos dice a medias, porque en gran medida ahí está la clave para que los ciudadanos que no entendemos bien sobre el tema, comencemos a tomarlo en serio: notar, pues, que somos nosotros quienes estamos provocando que el planeta se comporte como lo hace. Nosotros somos quienes lo explotamos y quienes tenemos la obligación de tomar medidas al respecto. A decir de Sarukhán: “Hay algunas medidas que se están adoptando. Creo que están bien. Sabemos que el país tiene interés, lo cual debe ser seguido con acciones más fuertes contra las emisiones, de tal manera que debemos apretar más. Pero ahí empiezan los intereses...”, pero también hay otro tema, dice Sarukhán: “Se necesita una visión de largo plazo que prácticamente nadie tiene, excepto algunas naciones nórdicas, ricas, con pequeña población, que tienen dinero y educación...” y ahí, tristemente, fallamos.

Addendum. De resultar cierto que El Chayo no fue abatido en 2010, todas las muertes de narcotraficantes del sexenio pasado serían puestas en duda: Arturo Beltrán Leyva, Heriberto Lazcano, Ezequiel Cárdenas Guillén, Ignacio Nacho Coronel y algunos más.

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