Pasión y política

El nuevo escándalo internacional: a un presidente —François Hollande— , la prensa de su país hizo público su adulterio.

COMPARTIR 
Yuriria Sierra 18/01/2014 01:19
Pasión y política

“Todo es sobre sexo, excepto el sexo. El sexo es sobre poder...”, dice Frank Underwood, personaje principal de House of Cards, homenaje maquiavélico salido de control, por fortuna. Sin embargo es cierto, nada puede tener mayor verdad: el sexo es sobre poder. Y no el sexo como un momento, sino como el destino, como el vehículo de deseo. Y si a él le ponemos un escenario político, cuántas historias son las que se tejen alrededor de él.

Hablo, claro, del nuevo escándalo internacional: a un presidente —François Hollande— , la prensa de su país hizo público su adulterio. Qué escándalo, dicen
algunos.

¿Y sí? ¿En verdad es un escándalo? ¿En verdad importa la vida privada de un político? ¿De un presidente? ¿En verdad vale la pena volverla pública?

A bote pronto, cualquier respetuoso de la vida ajena, diría que no, que no importa. Ciudadanos como usted y yo, finalmente. Y es cierto, en su más puro sentido. ¿Qué importa lo que aquellos hagan en la intimidad de una habitación?

Y es que, también es cierto, que esos detalles, esas historias, son comúnmente utilizadas por sus opositores: golpes bajos para la buena imagen de un candidato. Así se acabó la ascendente carrera política de Anthony Weiner, quien fuera legislador por el estado de Nueva York con aspiraciones de lograr la gubernatura, el cual tuvo que dimitir tras un escándalo que lo involucró en el envío de fotografías eróticas a varias mujeres vía telefonía celular. Así, de un día para otro, su sueño de ser gobernador se esfumó.

El caso más sonado al respecto, desde luego es el de Bill Clinton. Aunque a últimas fechas, también suenan rumores de infidelidad en el matrimonio Obama, y que ha expuesto National Enquirer, un semanario sensacionalista. Y éstas vienen a cuenta con la historia que justifica este texto, la de François Hollande. Las revelaciones —aún sin confirmarse— que hizo la revista gala Closer, donde aseguran que el jefe del ejecutivo francés tiene una relación con la actriz Julie Gayet. Episodio que significó el agosto para la publicación y, dicen, también los problemas de salud que ha enfrentado la primera dama de Francia. Y la polémica vuelve a ser, además del interés de algunos por saber si esta historia es real, en la relevancia que tendrá para la vida política
de Hollande.

Pero regresemos a la postura sensata: la vida privada de un personaje público no debería importarnos. Por supuesto hay excepciones. Cualquier figura política deberá entender que siendo su trabajo parte de la estructura de un gobierno, su vida se coloca bajo el reflector, está siempre bajo escrutinio. De ahí que, además de líos de faldas y amores, nos enteremos de escándalos de corrupción, de gastos inapropiados de recursos públicos o de violaciones a las leyes. Eso también es vida privada y esa, claro que nos importa, porque se rompe con la ética profesional de alguien que trabaja para un país. ¿Las historias de amores? Acaso le importará a los involucrados, a las publicaciones interesadas en vender centenares de revistas, pero nada más.

Aunque siempre que salen estas historias a la luz, recuerdo aquella frase de Carlos Fuentes: “Simplemente, considero que la política es la actuación pública de pasiones privadas. Incluyendo, sobre todo, acaso, la pasión amorosa. Pero las pasiones son formas arbitrarias de la conducta y la política es una disciplina...”.

Comparte esta entrada

Comentarios