Madiba, el invicto

Dentro y fuera de Sudáfrica será recordado como un gran hombre y como un gran Presidente. En ese orden.

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Yuriria Sierra 06/12/2013 02:13
Madiba, el invicto

El hombre 466/64, 18 años en la celda, que después se hizo hombre de Estado. El líder. El Nobel de la Paz. El que aspiró siempre a una sociedad libre. El que construyó en su país una democracia. El incluyente. El que triunfó por encima del miedo. El que convirtió a sus enemigos en sus compañeros, como única estrategia para lograr la paz. El que jamás pensaba en la fuerza como herramienta para ejercer control. El que creyó, por encima de todos, y el que, en consecuencia, por todos fue admirado. El hombre que gobernó, pero a su cargo le puso la bandera de la humanidad, no la del poder. El Presidente de todos, blancos y negros. Nelson Mandela, Madiba... el gran, el verdadero hombre de Estado.

No hay figura política en el mundo que pueda negar que Mandela escribió tantísimas páginas para la historia contemporánea del mundo. Él, figura rigurosa de un siglo XX del que apenas nos va cayendo el veinte. El ejemplo de Madiba, para todas las democracias, para todo aquel que aspire a convertirse en líder, cerró ayer su capítulo final.

“... la apuesta estratégica que hizo, incluso contra las exigencias de la mayoría negra que lo eligió, por una selección de rugby de raza blanca, con colores del Apartheid, para representar a su país en el Mundial del que fueron anfitriones en 1995. ¿El resultado? Que no sólo se convirtió en campeona, sino que él logró unificar a dos razas bajo una sola bandera, con igual himno y el mismo orgullo nacional. Mandela hizo lo que hace un hombre de Estado: unir, cohesionar a sus gobernados, hacerlos sentir hermanados y no distanciados por los prejuicios que, en lugar de adherir, polarizan a las sociedades...

“Por eso es que blancos y negros se aproximan a las afueras del hospital donde se encuentra internado, en medio de un drama familiar que poco honor hacer a la figura de este hombre, que es y será símbolo de un siglo XX al que le quedan pocos líderes vivos, aunque en el entendido de que su legado queda escrito en la historia del mundo, porque los alcances de Mandela son referencias inevitables para cualquier Estado que se precie de serlo, para cualquiera que desee identificarse como una democracia...”.

Así escribía en este mismo espacio hace unos meses. Fue en julio cuando la salud del ex presidente sudafricano nos mantuvo expectantes. Eso, además de aquella disputa que enfrentaba a integrantes de su familia. También en ese entonces decíamos que, según una tradición sudafricana, jamás nadie muere con su alma atormentada. Eso dicen, y, pensando así, seguramente Madiba estuvo aquí, hasta sus 95 años para irse invicto.

Invicto porque dentro y fuera de Sudáfrica será recordado como un gran hombre y como un gran Presidente. En ese orden. Invicto porque venció todos sus miedos y eso bastó para construir un país, para llevarlo por un camino más justo y democrático. Invicto porque en todo su archivo no hay ni un solo capítulo que no genere inspiración, y ése es el mejor legado que un verdadero líder puede dejar.

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