¿Y si reducimos los programas sociales?

Más salario no significa menos programas sociales, significa mejores.

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Viridiana Ríos 17/08/2014 02:18
¿Y si reducimos los programas sociales?

Mala idea. Incrementar el salario no significa que el gasto gubernamental deba disminuirse, sino que podrá canalizarse a funciones de mayor rendimiento. Inversión productiva e inversión en la formación de capacidades de los individuos deben ser las metas del gasto público.

Entre las familias que ganan un salario mínimo (1.6 millones), el salario sólo representa 40% de su ingreso. El resto proviene de transferencias como programas sociales, pensiones, remesas o regalos hechos por privados y familiares. Los programas de gobierno representan dos de cada diez pesos que tienen las familias que ganan el salario mínimo. En cambio, entre la población general, los programas de gobierno sólo representan 2% de sus ingresos.

Si logramos incrementar el ingreso de los hogares, éstos dejarán de depender de los programas sociales, y por tanto el gobierno podrá utilizar sus ingresos en tres acciones de alto rendimiento:

Primero, brindar a la población acceso a servicios de salud de calidad, financiándolos con impuestos generales. La razón es simple. Si permitimos que pagar un seguro médico sea una decisión individual, sólo dos tipos de personas lo harán: los que, precavidos de altos ingresos (muy pocos), y los que, porque están enfermos (o porque tienen alta probabilidad de estarlo), tienen incentivos para asegurarse. Ello encarece los seguros médicos porque sólo los compran quienes los usan mucho. Los altos precios hacen que aun más personas se queden sin beneficios médicos, creando un círculo vicioso en el que aquellos sin seguro (la mayoría) incurren en gastos extraordinarios si se enferman. Financiar la salud con impuestos generales obligando a todos a tener un seguro reduce costos y mejora la salud en general.

Segundo, evitar la polarización educativa. Estudios económicos han mostrado que el ingreso de los padres es el principal determinante del nivel de educación de sus hijos, y que el nivel de educación de los hijos es el principal determinante de sus ingresos futuros. Por tanto, si el Estado no brinda educación a los niños de padres de ingresos bajos, condena a la sociedad a un incremento en la desigualdad y, por tanto, al bajo crecimiento económico.

Tercero, apoyar a los incapacitados para trabajar. Cubrir los gastos mínimos de estas personas permite que sus familiares puedan continuar siendo productivos sin tener que dejar su vida a un lado para cuidarlos. Aquellos que puedan trabajar deben hacerlo sabiendo que sus seres queridos que no puedan hacerlo están cuidados.

Debe haber un gasto para el combate a la pobreza, pero éste debe ser efectivamente para combatirla, no para subsidiar los bajos salarios, como indirectamente lo hace ahora. Quien trabaje no debe ser una carga para el gasto público sino un individuo independiente que, si bien reciba servicios públicos, no los necesite para sobrevivir.

Más salario no significa menos programas sociales, significa mejores. Significa un Estado en el que sea el salario, el propio trabajo de las personas, el que les dé una buena calidad de vida, no el Estado mismo. Un México trabajador, no uno que extienda la mano.

        *Doctora en Gobierno por la Universidad de Harvard y
            Directora de México ¿Cómo Vamos?
            vrios@mexicocomovamos.mx
            @viri_rios

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