Piaf, vivir por una voz

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Víctor M Tolosa 04/06/2014 00:08
Piaf, vivir por una voz

Desde hace algunos años, he sido gran admirador de la vida y obra de Édith Piaf, me gustan algunos de sus temas y su vida me apasiona. Uno de mis grandes sueños habría sido conocerla, platicar con ella, ¡pero bueno, no fue en mi tiempo! ¿Aunque? Dicen por ahí que los sueños se hacen realidad, y sucedió; sí estoy cierto que no es la original, pero como si lo fuera, ya que Arianna da vida a esta diva de la canción francesa con una precisión casi perfecta, que lo hace a uno vibrar con sus actuaciones y el canto, con el vestido negro, aquel que siempre vistiera Édith Piaf en sus presentaciones. Tengo el gusto de conocer a Arianna desde hace tiempo y nunca había notado el parecido físico que tiene con la también apodada El gorrión de París. La obra se llama Piaf, vivir por una voz y tenía muchas ganas de verla; me llevé una sorpresa al ver a Édith Piaf en un escenario mexicano. El elenco está de primera, ya que junto con Arianna está Dobrina Cristeva, quien hace a Momone, amiga de la infancia de Édith, cuando cantaban juntas en las calles de París, quien después viene a ser su asistente, confidente y consejera. Dobrina le pone mucha chispa a su actuación. Julio Mannino interpreta  a Marcel Cerdan, el boxeador, uno de los dos grandes amores de Piaf, a quien conoce durante una gira que realiza a Nueva York y de quien se enamora. Sin embargo, la muerte le quita al boxeador, de origen argelino, cuando viajaba de París a Nueva York, para encontrarse con su gorrión. Este suceso lleva a Édith Piaf a la depresión más grande de su vida. Y es Louis, su representante, interpretado por Otto Sirgo (que tuvo que suplirlo el actor Iván Caraza), quien ayuda a la cantante a superar la depresión. En este texto de Beatriz González Rubín, dirigido por Cecilia Angulo, aparece un joven de nombre Hugo Serrano, quien interpreta a Theo. Este chico me dejó impresionado con su voz. Qué manera de cantar, qué manera de actuar y qué manera de dominar el escenario. Volviendo al personaje de Theo, en esta obra se muestra cómo, aunque era 22 años menor que la diva, se enamora de ella; a pesar de que la prensa decía que era un arribista y  gigoló, él demostró amar profunda e incondicionalmente a Édith Piaf. La obra hace a uno viajar al París de los años 40 y 50; esa es la magia del teatro, que nos hace soñar, vivir y sentir lo que sucede en escena. Cabe mencionar que la vida de Édith Piaf es apasionante, su historia se marca desde su nacimiento, debajo de una farola que estaba frente al número 72 de la calle Bellevie, en París, lugar en donde incluso hay una placa que indica que ahí nació la diva de la canción francesa. Édith Giovanna Gassion tuvo una vida muy trágica, ya que su madre, Annetta, era tan pobre que no podía criarla, así que se la entregó a su mamá, quien en lugar de darle leche, le daba vino para matar los microbios. Después, se la entregaron a su padre, pero como éste estaba a punto de ir al frente en la Primera Guerra Mundial, deja a la niña con su madre, la abuela paterna de Édith, quien es dueña de una casa de prostitución, en donde las mujeres de la casa la crían, hasta que la joven regresa con su padre a las calles, para mostrar su voz privilegiada al cantar. Una vida difícil que finaliza en una tragedia, como lo podemos constatar en la puesta en escena.

Nos leemos el próximo viernes y nos escuchamos diariamente en: www.onceonceradio.com

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