Musicales en México

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Víctor M Tolosa 16/04/2014 00:00
Musicales en México

El pasado fin de semana que estuve en el Teatro Aldama viendo el musical Hoy no me puedo levantar, me vinieron a la cabeza infinidad de recuerdos de ese recinto, ya que a finales de los 80, cuando trabajaba en El mundo del espectáculo, con Pati Chapoy, viví momentos inolvidables. El lugar lo comandaba una mujer que marcó mi vida, porque me enseñó mucho sobre lo que era el mundo del teatro; ahí conocí y entrevisté por primera vez a la bellísima y siempre amable Angélica María y a su hija Angélica Vale, y cómo olvidar aquel musical de Los tenis rojos, que vi infinidad de veces.  Mi amistad con Angélica Ortiz creció con el tiempo y también con La novia de México y su hija, al grado de ya pasarme buen tiempo en el teatro, hicimos infinidad de entrevistas, de pláticas que se quedaron en esa oficina que tenía ahí Angélica Ortiz, justo en la parte más alta del edificio. Esos momentos y la convivencia con Ortiz vinieron de nueva cuenta a mi mente, y qué buenos tiempos viví al lado de las Angélicas. Los musicales no paraban en ese teatro, con la facilidad de la experiencia adquirida durante tantos años de productora. Vaya, mi mejor recuerdo a doña Angélica Ortiz.

Recordando esto, me puse a indagar entre papeles que guardo de investigaciones que he hecho a lo largo  de toda mi carrera sobre los inicios del teatro, en especial, de los musicales. Y es que después de tanta quimio y radiaciones, muchas cosas se me olvidaron, pero ahora es cuando podemos hacer un recuento de este género teatral, que ha sido del gusto de chicos y grandes. Éste llega a nuestro país a finales de los sesenta. Los primeros que se montaron se basaron en los musicales que ya existían en Broadway, como Gipsy, El violinista en el tejado, con el primerísimo actor Manolo Fábregas, que para esto se pintaba solo. Cómo olvidar Mame, con Silvia Pinal, y que en unos meses más la podremos volver a disfrutar con Verónica Castro. Después, vino una caída en la producción de este género de obras, pero como le decía, a finales de los 80, llegó Angélica Ortiz con varios musicales creados por escritores mexicanos. Cats fue una obra que vino a revolucionar al teatro musical, ya que fue traída de Estados Unidos y se conformó tal cual los productores norteamericanos lo decían. Fue un éxito, como lo sigue siendo ahora en su nueva edición, a cargo de Gerardo Quiroz. Y llegó otro musical cien por ciento mexicano, Qué plantón, que fue también todo un suceso y que creo que sería un buen momento para volverlo a montar. Después llegarían más comedias musicales como Houdini, La bella y la bestia, Rent, El fantasma de la ópera, Jesucristo Superestrella y Chicago: el musical. Todas éstas están en la memoria y algunas han vuelto a los escenarios teatrales de México, pero sin duda alguna, hoy en día, triunfan también comedias como Mentiras y Wicked, que tan sólo en sus primeras cinco semanas, vendió alrededor de 50 mil boletos, un récord en el teatro de México. Recordemos algunos de los más actuales que han dejado huella, como Mary Poppins, la nana más famosa del mundo; Mamma Mia, basada en la música del grupo ABBA, llegó en 2009, duró casi un año y reunió a más de 400 mil espectadores, y cómo olvidar uno de mis favoritos, Los miserables, la obra clásica de Víctor Hugo, que estuvo casi dos años en escenas; y el regreso de Hoy no me puedo levantar, uno de los musicales más esperados, porque la música de los hermanos Cano ha sido una gran compañera de todos nosotros, pero más que las puestas en escena, déjeme decirle que en nuestro país hay el talento suficiente para la realización de este género teatral.

Nos leemos el próximo viernes.

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