La cebolla priista

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Víctor Beltri 25/08/2014 00:19
La cebolla priista

Feliz cumpleaños, Annie.

 

El análisis de la propuesta del PRI para reducir el número de plurinominales tiene varias capas. Como las cebollas. Y en cada capa de la cebolla hay una pregunta que debería de plantearse: ¿quién gana?

Siguiendo con el ejemplo de las cebollas, la capa más superficial es aquella que está en contacto directo con la tierra. En esta capa, la propuesta priista apela al desprestigio de los diputados —y sobre todo de los diputados plurinominales— entre la sociedad. Los escándalos recientes, la corrupción imperante, las tomas de tribuna, las cifras estratosféricas de lo que nos cuestan y su falta de transparencia, las imágenes de diputados durmiendo o jugando mientras se discuten temas de trascendencia han logrado que el público no reconozca, en lo general, el valor de la labor legislativa. Y, en particular, hablando de los plurinominales, la opinión es aún más acerva: por ellos nadie votó. Así, es natural que la propuesta haya despertado entusiasmo en algunos sectores de la población, y el consecuente reconocimiento a quien la formula. ¿Quién gana? El PRI. En la segunda capa se encuentra el efecto de la propuesta priista sobre aquellas de los otros partidos. Podemos esperar que el ambiente mediático se caldeará progresivamente, creando un estado de animadversión sobre los plurinominales que quitará reflectores a las demás propuestas. En el caso concreto de la consulta popular sobre la Reforma Energética, que de por sí no logró las movilizaciones y protestas esperadas en su momento, el impacto sería la puntilla a una causa legítima que el egoísmo y la cortedad de miras de López Obrador no permitió que fraguara por completo. ¿Quién gana? El PRI.

En la tercera capa podemos apreciar los efectos políticos. Como ha sido señalado con anterioridad, es factible que la consulta en materia energética no llegue a prosperar en primera instancia y tenga que ser resuelta por la Suprema Corte de Justicia. En el caso de que la respuesta sea negativa, la izquierda tendría el aire suficiente para utilizar una de las estrategias políticas que ha llegado a dominar con el uso inveterado y constante: el victimismo. Sin embargo, si a su vez no prospera la consulta sobre los plurinominales, el sedicente agravio de la izquierda se diluye y pierde su justificación. ¿Quién gana? El PRI.

En la cuarta capa se encuentra, por supuesto, el tema electoral. En efecto, tanto el PAN como el PRD no están pasando por su mejor momento. La división al interior de ambos partidos cobrará, necesariamente, una cuota en el próximo proceso electoral, y las consecuencias de reducir el número de plurinominales serían brutales hacia la oposición. ¿Con cuántos distritos, de los 300 en disputa, podrá alzarse el PRI? Sin plurinominales, la representación legislativa tanto del PAN como del PRD caería a niveles no vistos desde la época de Salinas de Gortari y caeríamos, incluso, en escenarios de una sobrerrepresentación estrepitosa. ¿Quién gana? El PRI.

La jugada parece magistral, por la profundidad y el daño que causa en la línea de flotación de los demás partidos, por su influencia en la opinión pública, por el efecto devastador en la posición de sus adversarios. Es una carambola de varias bandas, una cerrada de dominó cuando los adversarios están llenos de tinta. Un backgammon doblado varias veces sin la regla de Jacoby, un gambito audaz que termina en jaque mate. Pero todavía existe una quinta capa en la cebolla priista.

En los hechos ¿quiénes son los plurinominales? ¿En quiénes recaen estas posiciones? Podemos hablar, en general, de dos tipos distintos de plurinominales, ya sea al Senado o a la Cámara. Por un lado, nos encontramos con los políticos de toda la vida. Los consagrados. Aquellos que siempre están en el candelero, los que vemos en un periodo como diputados, en otro como senadores, como gobernadores o secretarios de estado. Los políticos profesionales, de todos los partidos, cuyos nombres conocemos de memoria y que seguirán estando presentes en las decisiones más importantes de su partido. Los que encabezan los debates más encendidos, los que negocian, los que logran los acuerdos. Por el otro, y además de aquellos que detentan el cargo solamente por acceder al fuero ante tropelías pasadas, tenemos a los plurinominales que van llegando. Los que han ganado estas posiciones por sus propios méritos, por su experiencia en temas específicos, o simplemente por pagar favores políticos. Los rising stars, los que pretenden, eventualmente, convertirse en consagrados. La edad no importa aunque, por su propia naturaleza, los primeros son mayores que los segundos, y han crecido, han sido formados, en las prácticas más tradicionales de sus propios partidos. La carga ideológica de unos y otros, en consecuencia, es distinta, así como sus ideales y su forma de entender la política y su responsabilidad social. El sentido del deber, de la lealtad, pero también de cómo entienden el fin de la política y de la función pública. ¿En dónde cree usted que se refugien los dinosaurios de cada facción? La respuesta es evidente pero, por otro lado, volvamos a la pregunta inicial. ¿Quién gana?

Hace unos instantes decíamos que, con la consulta sobre los plurinominales, quien gana, capa tras capa, es el PRI. Pero, ¿cuál es el PRI que gana? ¿El de los consagrados o el de los rising stars? En pocas palabras, ¿cuál será el tipo de plurinominales que se queden cuando el número total sea cortado por mitad? ¿Los de siempre, con las prácticas que todos conocemos, o los nuevos, que presumiblemente forman parte de un nuevo PRI?

Sea cual sea el grupo que predomine, la consulta sobre los plurinominales va mucho más allá de la mera percepción pública, el efecto inmediato sobre las otras propuestas o incluso el poder adquirido para la próxima Legislatura. La reducción de los plurinominales es un golpe al interior del propio PRI, puesto que implica la prevalencia de un grupo sobre el otro y, en consecuencia, el diseño del PRI del futuro. La pregunta es, entre aplausos, discursos, y posturas institucionales, ¿se habrán dado cuenta?

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