Más que cónsules, amigos

Contamos con hombres y mujeres profesionales y dedicados que han elegido un camino que los aleja de su patria, sus tradiciones...

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Víctor Beltri 16/06/2014 01:39
Más que cónsules, amigos

Siempre es agradable encontrarse con amigos. La confianza, la seguridad que brinda el estar con alguien que está dispuesto a tender la mano, en cualquier circunstancia, es un verdadero tesoro. A los verdaderos amigos se les conoce en las circunstancias adversas, pero también en las felices: esa incondicionalidad es uno de los principales atributos de la amistad.

México cuenta con un complejo entramado de representaciones en el exterior. Los diplomáticos mexicanos, especialmente aquellos que pertenecen al servicio de carrera, llevan a cabo funciones que en muchas ocasiones distan bastante de la imagen de glamour que se asocia de inmediato con el puesto: cualquiera que conozca de cerca un consulado en la frontera sabe que las visitas diarias a la cárcel y la repatriación de cadáveres no son labores sencillas, como no lo son tampoco aquellas de promoción comercial, intercambio cultural y científico o la misma representación política. Contamos con hombres y mujeres profesionales y dedicados que han elegido un camino que los aleja, y con ellos a sus familias también, de su patria, sus tradiciones y sus familias para servir a su país. Ese es su trabajo, y podemos confiar en que se cumple a cabalidad. México está bien representado.

Sin embargo, nuestro país no sólo está representado en el exterior por profesionales de la diplomacia. México cuenta con una red extensa y comprometida de gente que está dispuesta a tender una mano, a colaborar sin esperar nada a cambio. Amigos de verdad que prestan una ayuda invaluable. Los cónsules honorarios de nuestro país son personas de probidad e influencia reconocida en sus propias comunidades. Son profesionistas, empresarios, gente de probado prestigio y que están dispuestos a brindar información y promover la buena imagen de México en el exterior; promover actos académicos y de intercambio cultural; representar a nuestra nación en eventos protocolares, oficiales o privados; prestar asistencia y orientación a los empresarios mexicanos que busquen desarrollar nuevas oportunidades de negocio; mantener contacto con los estudiantes mexicanos en su localidad, y brindarles el apoyo y la orientación que necesiten, o simplemente colaborar con las visitas oficiales que hagan funcionarios a su demarcación. Y no sólo eso, sino que también expiden documentos consulares en la forma y términos que autorice la Secretaría de Relaciones Exteriores, y la documentación migratoria que expresamente autorice la Secretaría de Gobernación, y recaudan los derechos correspondientes por estos servicios. Todo esto sin recibir ningún tipo de salario, y cubriendo de su propio bolsillo los gastos que origina el establecimiento, y mantenimiento, del consulado honorario.

Así es, de su propio bolsillo. Los cónsules honorarios sirven a México de forma desinteresada, y el nivel de compromiso es todavía más patente si se toma en cuenta que ni siquiera deben de ser mexicanos o de origen mexicano, a pesar de que el hecho de que lo sean puede ser un factor para decidir su nombramiento. Son ciudadanos que usan su prestigio y buenas relaciones en beneficio del Estado mexicano, y para su designación se toma en cuenta no sólo la opinión de la embajada correspondiente, sino la importancia de la adscripción, los méritos de quien estuviera siendo designado, y las acreditaciones consulares que tengan otros países en el lugar.

Es incuestionable el valor de los consulados honorarios para México. Sería lógico esperar que los esfuerzos oficiales estuvieran coordinados a la perfección con quienes desempeñan estas funciones y, en consecuencia, se realiza en esta semana la VI Reunión de Cónsules Honorarios en nuestro país. La importancia del evento es crucial, sobre todo si se toma en cuenta que, en una inexplicable omisión, la última reunión tuvo lugar en 1998, en tiempos de Rosario Green. La organización impecable y cuidada, como siempre, al último detalle; las visitas y encuentros de alto nivel y, sobre todo, lo que podrán vivir y sentir durante su estadía en los lugares que visitarán traerá, indudablemente, nuevas oportunidades, y estrechará aún más los lazos que nos unen con el casi centenar de cónsules honorarios que estarán, esta semana, en nuestro país. Recibirán información actualizada sobre los avances y los retos que enfrentamos, con lo que podrán realizar mejor sus labores. Sin embargo, el punto final de la reunión deberá ser expresar nuestra gratitud y admiración para quienes son, además de representantes, verdaderos amigos. Ojalá, nada más, que precisamente esta semana en el Congreso no nos hagan quedar mal con otro de sus numeritos.

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