Celebrando 25 años del PRD

¿Alguien comprende en realidad a este partido, como representante de la izquierda en México?

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Víctor Beltri 05/05/2014 01:24
Celebrando 25 años del PRD

El 5 de mayo es una fecha curiosa, sin duda, en la que unos celebran mientras otros miran extrañados. El ejemplo más palpable es el de la gran fiesta comercial, disfrazada de mexicana, que se desarrolla en Estados Unidos, en la que abundan expresiones de lo mexicano que, de este lado del río Bravo, no se comprenden: en México, simplemente, no celebramos ni esta ni ninguna otra fiesta con tacos de tortilla rígida ni piñatas con forma de burro. Y, sobre la batalla, en la que tuvo un papel preponderante Porfirio Díaz —otro incomprendido—, y tras los vapores románticos de la victoria de una tropa inexperta sobre el que en su momento era el mejor ejército del mundo, es difícil olvidar que tan sólo un año más tarde un grupo de traidores ofrecía el trono del Imperio Mexicano a un bien intencionado —pero, también, poco comprendido— Maximiliano de Habsburgo.

En Francia, un 5 de mayo, pero de 1821, moría Napoleón Bonaparte, en el exilio en la Isla de Santa Helena. Pocos hombres han sido tan incomprendidos como quien sigue despertando, hasta la fecha, admiración y repulsa a la vez incluso en su propia patria. Otro 5 de mayo, en 1949, vio nacer al Consejo de Europa, y en consecuencia la fecha se propuso para celebrar el Día de Europa, lo cual se observó hasta que los líderes europeos decidieron celebrarlo el 9 de este mes: incomprensión pura de una fecha que debería servir para dar unión a una Europa que poco se comprende a sí misma. 

El 5 de mayo se celebra, también, la liberación de los Países Bajos tras la Segunda Guerra Mundial. La fiesta que en estos momentos se lleva a cabo en la plaza Dam, en Ámsterdam, debe ser de proporciones épicas para un pueblo que está dispuesto a no olvidar nunca lo que vivió. En Holanda la fecha sí se comprende, e incluso el día anterior, 4 de mayo, se conmemora el Dodenherdenking, el Día de Recordar a los Muertos: en ese día el país entero se paraliza por dos minutos, a las ocho de la noche, y la gente reflexiona sobre el precio que han tenido que pagar por la libertad que hoy disfrutan. Es un acto tan solemne, tan estricto, que incluso es común ver cómo los coches se orillan en las carreteras conforme se acerca la hora, para detenerse y poder recordar sin distracciones.

En México, volviendo a temas más actuales, hoy se celebra el 25 aniversario de la fundación del Partido de la Revolución Democrática. ¿Alguien comprende en realidad a este partido, como representante de la izquierda en México? O, más aún, ¿alguien comprende lo que es la izquierda en nuestro país? Ciertamente parece que entender a la izquierda nacional, sobre todo cuando se cuelga a sí misma la etiqueta de la democracia, es más un asunto de fe que de raciocinio. De otra manera, es difícil explicar que la democracia revolucionaria sólo haya sido capaz de postular, en toda su existencia, a dos personajes como candidatos a la Presidencia de la República, sin mayores resultados. Por un lado, el señero Cuauhtémoc Cárdenas, a quien el conocimiento sobre asuntos relacionados con el petróleo le ha llegado por línea genealógica directa, y por el otro el menguado Andrés Manuel, quien persiste en sus aspiraciones y en su empeño por identificar a Salinas como demiurgo de todas y cada una de las catástrofes que ocurren en nuestro país. Incomprensible.

¿Qué celebra hoy el PRD? ¿Los fracasos disfrazados de complot? ¿La nula capacidad para reconocer el talento entre sus integrantes? ¿La falta de ética de quienes, bajo sus siglas, se han aliado con los mayores enemigos de la Patria? ¿La poca voluntad de diálogo, incluso a su propio interior? ¿Quién comprende lo que celebran el día de hoy? Ciertamente no lo hacen las comunidades que se siguen sumiendo en la pobreza, o los grupos sociales a quienes la igualdad se les niega sistemáticamente por cálculo electoral, en el mejor de los casos, o por franca ignorancia y conservadurismo pertinaz, como ocurrió con López Obrador y cualquier asunto que tuviera que ver con los derechos de las minorías o la salud reproductiva de sus gobernados. Tampoco lo hacen, ciertamente, quienes han estado dispuestos a dar la vida, y en muchos casos lo han hecho, por ideales que se ven brutalmente pisoteados por sus dirigentes en escándalos que son, en pocas palabras, indignantes incluso para quien no milita en sus filas.

Tal vez nos hace falta, más que un 5 de mayo de celebraciones incomprendidas y falaces, un 4 de mayo de recuerdos compartidos. Un 4 de mayo como el de los holandeses, en el que nos tomemos el tiempo de reflexionar sobre las grandes tragedias que nos han asolado. Y entonces darnos cuenta de que, haciendo memoria, la división interna y la atomización de los partidos opositores es lo que permitió al PRI crear el aparato que duró en el poder hasta que Vicente Fox —a quien finalmente comprendemos, ahora sí, en su pequeñez y superficialidad— lo sacó de Los Pinos.

Hay muchas cosas qué recordar, muchos muertos por honrar, mucho país por construir. Mucho por hacer, y poco qué celebrar. A trabajar, señores.

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