A festejar, que para eso trabaja uno

El patrón parece ser siempre el mismo: la obsesión por consumir sin producir tiene repercusiones que afectan a varias generaciones.

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Víctor Beltri 30/12/2013 00:00
A festejar, que para eso trabaja uno

 A quienes llegaron y a los que se fueron.

 

Es 30 de diciembre, y el ambiente festivo continúa por unos días. Si usted recibió aguinaldo, tras la celebración de la Navidad y el consecuente alud de compras, es probable que su bolsillo se encuentre un poco menguado.

Y cómo no. Desde la celebración de “el Buen Fin”, que inundó los espacios en los medios informativos con ofertas aparentes, que en realidad eran la repetición de la frase “meses sin intereses” como mantra de nuestra sociedad moderna, hasta los despilfarros y excesos alrededor de una cena navideña que se ha convertido en un simple pretexto para seguir comprando, consumiendo, aparentando lo que muchas veces no somos. Y las tarjetas de crédito se siguen llenando, poco a poco, inexorablemente, mientras seguimos acumulando pantallas planas, tabletas, teléfonos que cada vez tienen más funciones y menos vida útil. Juguetes, ropa de marca, zapatos deportivos, cualquier cosa: todo va a las tarjetas. Total, ya habrá tiempo para pagarlas. Para eso trabaja uno.

Para eso trabaja uno, claro, pero en realidad quienes forman parte de la economía formal comienzan, a partir del miércoles de esta semana, prácticamente a trabajar para el gobierno. Haciendo cálculos al desgaire, y para el caso de quienes ganan hasta 750 mil pesos al año, el impuesto sobre la renta del 30% correspondería a alrededor de 109 días de trabajo. Esto sería, siguiendo con el ejercicio, equivalente a decir que, del primero de enero hasta aproximadamente la tercera semana de abril, el fruto de su esfuerzo cotidiano se destinará íntegro al pago de esas obligaciones fiscales. Para los cresos que perciben cantidades mayores, las cosas cambian: un ingreso de 750 mil a un millón de pesos anuales deberá pagar 32%, alrededor de 116 días de trabajo. Quienes ganen entre uno y tres millones de pesos, 34%, cerca de 124 días. Quienes ganen más de tres millones,  35% o, visto en días, casi 128. Estas personas comenzarán a producir, para sí mismos, a partir de la segunda semana de mayo.

Así que, ¿cuándo comienza a generarse el ingreso que pagará las televisiones del Buen Fin, el pavo-romeritos-bacalao de Navidad, las tabletas y teléfonos de última generación, las botellas que se descorcharán en fin de año? Es difícil de saber, y dependerá, siempre, de los hábitos de cada contribuyente. Por ejemplo, quienes ingieran alimentos chatarra, pagarán 8% más sobre éstos; quienes quieran deducir prestaciones laborales se darán cuenta de que lo podrán hacer sólo hasta 53%, en vez del cien anterior; quienes vivan en la frontera pagarán cinco puntos porcentuales más por concepto de impuesto al valor agregado; quienes exploten minas deberán pagar 7.5% sobre sus ganancias; quienes utilicen combustibles fósiles, a excepción del gas natural, deberán pagar 3% adicional. Aquellas personas que gusten de los refrescos azucarados pagarán un peso más de impuestos por cada litro, y quienes tengan ganancias en bolsa de valores pagarán 10% en algunas circunstancias. Si tiene una mascota, el alimento de la misma causará 16%. Añádale a esto los llamados gasolinazos, los impuestos a las hipotecas y transacciones sobre bienes inmuebles; pagos de predial, impuestos en aeropuertos, impuestos sobre autos nuevos, tenencias vehiculares, y un largo, cansado, etcétera. ¿Cuántos días de trabajo necesitamos para pagar todas estas obligaciones?

Habrá quien termine en mayo, junio, julio o incluso después. En algunas economías la carga impositiva es mucho más elevada, y sin embargo los ciudadanos la cubren sin chistar, sabedores de que sus contribuciones serán manejadas con transparencia y podrán obtener, a cambio, servicios de calidad. En México, la educación es deficiente, los servicios de salud son poco confiables, los servidores públicos tienen estándares éticos al menos cuestionables. ¿Paga usted con gusto?

Pero no se preocupe. Cuando termine de cubrir los impuestos que le correspondan dejará de trabajar para el gobierno, y cambiará de empleador. Ahora trabajará para el banco, cubriendo las mensualidades de todo lo que ha comprado sin dinero. Doce, 24, 48 meses de crédito en lo que no puede ser sino una burbuja que hasta el momento parece ser soslayada. Parece que el sistema financiero mexicano ignora el principio elemental de no financiar activos a corto plazo con deuda a largo plazo, y las consecuencias de esta reactivación artificial de la economía pueden ser terribles en un futuro cercano, como se viven cada vez que una de estas burbujas explota. Lo hemos visto en otras economías, en otros sectores, pero el patrón parece ser siempre el mismo: la obsesión por consumir sin producir tiene repercusiones que afectan a varias generaciones. España, por ejemplo, lo sabe y de sobra. ¿Por qué no fomentar mejor el ahorro y la inversión, en vez del gasto desmedido? ¿Cuál es la política oficial a este respecto?

En fin. Disfrute lo que queda de estas fiestas, uvas y campanadas incluidas. Total, para eso trabaja uno. O, al menos, eso queremos creer. Feliz Año Nuevo.

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