Sabia virtud de conocer el tiempo

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Vianey Esquinca 31/08/2014 01:47
Sabia virtud de conocer el tiempo

Esta semana el presidente Enrique Peña Nieto rendirá su Segundo Informe de Gobierno y seguramente más de un asesor o integrante del gabinete se está preguntando: ¿por qué si en 20 meses de administración el Presidente ha logrado lo que ningún otro mandatario respecto a las reformas estructurales, la gente sigue castigando con el látigo de su desprecio al gobierno federal? ¿Los ciudadanos se han vuelto ingratos y mal agradecidos? ¿Es que no tienen llenadero y ahora resulta que nada los deja satisfechos?

No, los mexicanos no se volvieron ni jarritos de Tlaquepaque ni más quisquilloso o exigentes que otros años. Lo que sucede es que los ciudadanos de a pie se volvieron santos y para ser más específicos están imitando a Santo Tomás y hasta no ver no creer. Y hasta ahora la única reforma que han visto implementada es la fiscal que trajo un aumento de impuestos y la homologación del IVA en la frontera, entre otras preciosidades.

¿Quién dice que eso mismo no sucederá con la energética, la educativa, la financiera? El tiempo. Ese tirano demostrará si efectivamente al final del túnel hay una luz, la tierra prometida, el México en que se administra la riqueza o, por el contrario, lo que llega es el Apocalipsis.

Así pues, no importa que el Ejecutivo y su gabinete aprovechen cuanto foro encuentre para hablar de las maravillas de las reformas o que vayan a los programas de revista más populares de la radio y la televisión, la gente seguirá respondiendo: no soy tú, soy yo y ya hubo muchos antes que tú, que me rompieron el corazón y la cartera.

Estos primeros meses de gobierno, el gobierno federal se la ha pasado tejiendo… acuerdos, negociaciones, política de alto nivel tanto en México como en el mundo. De la política se debe pasar al aterrizaje, así tenga que ser forzoso. Si en el parto de las reformas se tuvieron que usar fórceps y eso las dejó medio atolondradas, ahora es tiempo  no que aprendan a caminar sino a correr.

Porque hay algunas que aunque están más grandecitas siguen gateando y usando pañales. Tal es el caso de la Reforma Educativa; está saliendo floja la condenada. Seguramente le sacó a su mamá la Secretaría de Educación Pública que todo se toma con calmita, como para evitar la fatiga. La SEP se volvió experta en diagnosticar la situación del magisterio y en rechazar las acusaciones que hablan de un desorden administrativo “de gran calado”. Se sigue esperando su plan para combatir el bullying y no ha podido meter en cintura a los maestros de Oaxaca. Pero además de las reformas, el gobierno tiene el reto de reaccionar adecuadamente en cada coyuntura, porque son precisamente en esas actuaciones donde la gente forma su percepción sobre las autoridades. Si hay indefiniciones o mano blanda, la gente inmediatamente sospecha de que hay acuerdos debajo de la mesa.

En el caso de la mina de Cananea perteneciente al Grupo México, que derramó 40 mil litros de ácido sulfúrico al Río de Sonora, el juego se llama “y Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a Muchilanga…”.

La Profepa impuso una multa irrisoria señalando que hasta ahí le daba a la ley. El secretario de Medio Ambiente, Juan José Guerra Abud, señaló que serían miles de millones de pesos los que la empresa tendría que pagar para recuperar la zona afectada por el derrame de 40 mil metros cúbicos de ácido sulfúrico. Pero luego llegó el gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, convertido en todo un perito económico y con la más avanzada técnica Vil-chis (al vil chilazo) determinó que serían unos 100 millones lo que tendría que pagar la compañía para resarcir el daño en una primera etapa.  Apenas ahora intervino las oficinas de la empresa con lo que finalmente parece que se le meterá en cintura.

Ahora, si realmente las bases están sentadas y es cuestión de tiempo para que la gente vea los resultados y beneficios de lo trabajado, entonces no debe cundir el pánico. Pero eso sí, cada año que pase sin que la gente vea reflejado las bonanzas del futuro prometido en sus bolsillos, será una calificación negativa para el gobierno y eso en el próximo año de elecciones es especialmente inoportuno.

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