Jarritos de Tlaquepaque

¿Qué hubiera pasado si a Guillermo Ochoa le gritaran desde las gradas al unísono “indiooo”, “nacooo”?

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Vianey Esquinca 22/06/2014 01:08
Jarritos de Tlaquepaque

No gustó, fastidió, lastimó que se anunciara que la FIFA abrió una investigación por los gritos de “puto” de la afición mexicana hacia el portero de Brasil, en el partido que disputaron ambos países en el Mundial. Se tildó de exagerada la medida porque los mexicanos somos “pícaros” y es una forma de “distraer al portero”. Es decir de la noche a la mañana, los aficionados mexicanos se convirtieron en los culturalmente incomprendidos de la justa mundialista.

Pero, vamos a ver ¿qué hubiera pasado si a Guillermo Ochoa le gritaran desde las gradas al unísono “indiooo”, “nacooo”? —Calificativos a los que los mexicanos son especialmente sensibles— muchos dirían que nada, que en el deporte todo se vale, que se entendería que son estrategias del público. Sin embargo, la evidencia demuestra que los mexicanos son más delicados que un jarrito de Tlaquepaque, y que pierden todo el sentido del humor y no entienden de razones cuando se sienten ofendidos.

Por ejemplo, el 30 de enero de 2011, en el programa inglés Top Gear los conductores Jeremy Clarkson, Richard Hammond y James May presentaron el auto deportivo mexicano Mastretta  y le llamaron La Tortilla. Además, muy jocosamente dijeron que un carro mexicano sólo sería flojo, irresponsable y flatulento. Ese hecho provocó que la embajada mexicana en Reino Unido y miles de mexicanos se desgarraran las vestiduras y exigieran una disculpa por los comentarios xenófobos. ¡Linchamiento internacional!

En octubre de 2010, cuando el cantante italiano Tiziano Ferro declaró en el programa Che Tempo Fai de la cadena RAI, que las mexicanas no eran agraciadas e incluso eran bigotonas. Ardió Troya, fue desterrado del país.

En febrero de este año, cuando al actor Matthew McConaughey le preguntaron qué había hecho para bajar de peso y representar el papel principal de la película Dallas Buyers Club, dijo: “Ve a México y toma agua”, lo que ocasionó críticas en cascada. Es decir, en México criticamos la calidad del líquido y mostramos como sale en Iztapalapa, pero al más viejo estilo de “a mi perro sólo le pego yo” hay molestia si alguien más lo hace.

Más reciente y también en el ámbito del futbol, la 20th Century Fox publicó una imagen de un simio con los colores de la bandera mexicana en el rostro, acompañado del texto: ¡vamos México! En una clara forma de promocionar su película El Planeta de los simios. Ah no, inmediatamente muchas personas se sintieron aludidas y ofendidas, criticando la acción por considerar que les estaban diciendo changos, simios, orangutanes, micos, etcétera.

Si alguno de los protagonistas de este escándalo hubiera volteado y dicho: “Ay no sean putooooos y tómenlo con sentido del humor, no es para tanto”, ¿qué hubiera pasado? ¡La tercera guerra mundial!, inmediatamente se hubiera creado una Comisión Especial para exigirle a la Secretaría de Relaciones Exteriores que declarara la guerra al país de donde fueran originarios los ofensores; se hubiera elevado una queja diplomática y llevado el tema a foros internacionales.

Entonces ¿por qué parece tan mal que alguien llegue, se queje y diga: “Tu grito de puto me ofende así que elimínalo”, o sea ¿si un connacional se siente ofendido por el comentario racista de un extranjero se vale la queja y el castigo, pero si alguien se queja de las porras mexicanas entonces ni aguantan nada?

Doble discurso el de algunos. Todo mundo se indignó, México incluido, cuando al jugador Dani Alves le tiraron una banana en pleno partido, y aplaudió su actitud de comérsela como si nada, haciendo frente a esta acción. El Villarreal CF entonces no dijo: “Uy qué pena, pero no podemos hacer nada por estas acciones racistas, ni modo que tengamos que parar la producción de plátanos en el país”, al contrario, identificó al chistoso del acto y lo expulso de por vida de las gradas del estadio.

La respuesta de la Femexfut ante el llamado de FIFA del tipo: “Uy que penita, pero francamente no puedo hacer nada”, fue lamentable. Hubiera dicho por lo menos, que no comparten el grito, que harán una campaña de sensibilización, lo que sea, menos esa mediocre respuesta.

Ahora, si realmente se trata de desconcentrar al portero hay otras formas más creativas de hacerlo, si es brasileño bien se puede gritar: “Dilma quiere contigo”. Además, a cualquier jugador del mundo se le puede gritar: “Diputadooooo” o “senadooooor” y verán que con esa provocación todo mundo se desquicia.

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