No rebuznan porque no saben la tonada

Los legisladores nuevamente se fueron por lo fácil: los circos, sin tocar ni con el pétalo de una declaración la fiesta taurina.

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Vianey Esquinca 15/06/2014 01:50
No rebuznan porque no saben la tonada

Esta semana la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó una iniciativa que prohíbe la presencia de animales de cualquier especie en los circos de la capital. El objetivo de esta ley, según explicaron los diputados locales, es erradicar el maltrato animal.

Cualquier medida que contribuya a mejorar las condiciones de vida de los animales debe ser bien recibida. Incluso deberían ser más rigurosos los castigos para quienes matan, maltratan o mutilan a cualquier animal.

Sin embargo, los legisladores nuevamente se fueron por lo fácil: los circos, sin tocar ni con el pétalo de una declaración la fiesta taurina, donde el maltrato y violencia contra los toros no puede ser más evidente. Tampoco mencionan a la charrería, porque seguramente considerarían un sacrilegio eliminar aquellas suertes donde los jinetes agarran a las vaquillas por la cola o las patas y las azotan al suelo. Esas dos tradiciones no están incluidas en las prioridades de los legisladores porque ahí sí van los ricos y famosos a placerse, fumar sus puros, tomar vino o tequila. Esas prácticas sí son “culturales” y “artísticas” y deben ser preservadas a costa del sufrimiento animal. Ahí sí corre el dinero y nadie quiere asumir el costo político de meterse con el poder.

Pero ya que están en eso, todos los diputados y senadores deberían unir fuerzas para iniciar una campaña titulada: “Libremos al Congreso de los animales” o “No a los circos en los congresos”. Porque es muy justificable que defiendan a los animales, pero también se debe defender a los mexicanos de los animales que abundan en los recintos legislativos.

Por ejemplo los borregos representados en esos legisladores que únicamente saben apretar un botón sin ni siquiera leer los dictámenes que les piden aprobar. Luego, cuando se dan cuenta que les metieron goles por ineptos, hacen un escándalo. Eso fue justamente lo que sucedió con el “haber de retiro” de los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ni cuenta se dieron los senadores lo que aprobaron. Sí, en el Congreso también hay muchos bueyes, burros, víboras, viejos lobos de mar y muchas gallinas que a la hora de ir a fondo en algún tema, les tiemblan las plumas y prefieren hacerse de la vista gorda.  También en el Senado hay un cordero al que se lo comió un lobo llamado Gustavo Madero.

Hay otros animales que deberían ser llevados a zoológicos o recintos donde no causen ningún daño, por ejemplo, las vacas sagradas, como los magistrados del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal a quienes precisamente la ALDF les aprobó un aumento en su “haber de retiro” o pensión vitalicia. Es decir, eliminan a algunos animales de los circos, y a otros les ofrecen la plaza completa.

En el caso de las elecciones, deberían retirar a los delfines y los mapaches electorales. Los primeros, son los favoritos de los gobernadores y son impuestos incluso sobre los candidatos naturales y sin proceso democrático de por medio; y los segundos tienen la misión de lograr la victoria de su partido a través de prácticas poco claras.

Los chivos expiatorios han sido utilizados por todos los gobiernos y autoridades en turno. Siempre habrá uno para cada ocasión y tienen la misión de ser sacrificados cuando la nación se los demande.

Las ratas abundan también y se mueven en todos los círculo. Ahora incluso ya son más cínicas, como el caso de Hilario Ramírez Villanueva, expresidente municipal de San Blas, Nayarit que aceptó públicamente haber robado “poquito” porque había “poquito” en las arcas municipales. Luego dijo que todo había sido una broma y pretendió convertirse en una zarigüeya para hacerse el muerto.

Por supuesto nadie quiere que en el país haya otros animales como los capitales golondrinos; los que defienden el peso como un perro ni los gatos que se viven de tapete con sus jefes, lamentablemente hasta el momento no hay ninguna ley que proteja a los ciudadanos de toparse con ellos, los cuales, para acabarla de amolar, andan sueltos.

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