La culpa no es del indio…

En 2003, el periódico Reforma daba cuenta de cómo Gutiérrez de la Torre reclutaba a chicas jóvenes como edecanes para formar parte de su harén.

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Vianey Esquinca 06/04/2014 01:03
La culpa no es del indio…

El basuritas, el hijo de la basura, el zar de la basura o simplemente Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre se ha convertido en el centro de atención mediática después de que MVS volviera a traer a la luz un señalamiento que desde hace más de diez años, pesaba sobre el ahora presidente del PRI en el DF con licencia.

En 2003, el periódico Reforma daba cuenta de cómo Gutiérrez de la Torre reclutaba a chicas jóvenes como edecanes para formar parte de su harén. 11 años después, Carmen Aristegui volvió a infiltrar a una reportera para revelar que esas edecanes, recepcionistas o asistentes eran contratadas para satisfacer al priista en todo lo que quisiera, incluyendo favores sexuales.

El teatro se le cayó al basuritas y con esta situación, llegó el linchamiento mediático que suele acompañar a las figuras políticas que caen en desgracia. Su imagen apareció en todos los medios de comunicación y se comenzó a revelar la extravagancia con la que vivía. Seguramente, para la mayoría de la gente que se enteró de este escándalo, esa fue la primera vez que supieron de la existencia de Gutiérrez de la Torre.

No era un tipo que apareciera constantemente en los medios, salvo en escándalos del partido que incluso llegaban a los golpes y a la violencia. Los reporteros no buscaban entrevistarlo porque ni daba nota ni decía cosas inteligentes, además, generaba cierta repulsión incómoda propia de esas personas que se la pasan permanentemente tramando cómo joderle la vida a los demás. Por eso cuando saltó a la “fama”, se convirtió inmediatamente en el nuevo villano favorito de las redes sociales.

Sin embargo, vale la pena hacer un alto, y voltear los ojos a quien hizo posible que individuos como De la Torre existan, políticamente hablando. El PRI no puede voltear los ojos al cielo porque durante todos estos años lo ha cobijado sin importar las acusaciones de todo tipo que pesaban sobre él.

Hay que reconocer que a diferencia de una década, hoy el Revolucionario Institucional reaccionó adecuadamente, le dio una licencia forzada, no salió a decir que era una víctima de la persecución política y al menos públicamente no lo protegió. Sabe, en el fondo, que es el momento de deshacerse de un impresentable.

Pero antes se hizo oídos sordos y lo dejó crecer tanto, que Gutiérrez de la Torre realmente pensó que podía ser candidato de su partido a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal.

Lo que sucede es que los partidos políticos no saben cuidar sus amistades. Para cualquier trabajo en la vida real se requiere experiencia, grados de estudio, en algunos casos incluso se pide carta de antecedentes no penales: para ocupar puestos que involucran seguridad, se hacen exámenes de control de confianza o se aplica la prueba del polígrafo. Hay requisitos. Para ser dirigentes o candidatos propuestos un partido, no se requiere gran cosa, sólo, si acaso, lo que marca la Constitución y ésta sólo habla de lugar de nacimiento y edad.

Los partidos políticos durante años hicieron alianzas con quien les significaran votos corporativos y recursos sin importar lo que representaban. El PRI ha cobijado a líderes de ambulantes como Alejandra Barrios o, como ya se vio, a zares de la basura, pero otros partidos aprendieron rápido y el PRD en la ciudad también ha amparado a líderes de taxis piratas y también ambulantes. Todos lucran con la necesidad de la gente, se mueven en el terreno de la ilegalidad, pero representan votos,  movilizaciones y se vuelen intocables.

El futuro de Gutiérrez de la Torre es de pronóstico reservado. Vienen las investigaciones judiciales. Los reportajes periodísticos no sirven legalmente para llevar a alguien a la cárcel aunque sirven como punto de partida. Aunque el todavía priista llegue a salvar el terreno legal, ha perdido la batalla en el de la imagen pública y la credibilidad. Sin embargo, se ha demostrado con otros casos, que eso no se traduce en el fin de ninguna carrera, porque los políticos tienen la piel muy gruesa y la memoria muy corta.  Mientras representen votos y dinero, y haya un partido dispuesto a recoger la basura, entonces habrá más Gutiérrez de la Torre en el panorama nacional.

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