Por el tren de la amargura

A estas alturas ya se le juntó el quehacer a la justicia mexicana con los casos de la Línea 12, de Oceanografía y del engaño de la muerte de Nazario Moreno.

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Vianey Esquinca 16/03/2014 00:36
Por el tren de la amargura

En menos de una semana, el país fue testigo de dos hechos escandalosos de corrupción y engaño: las irregularidades en la Línea 12 del metro que obligaron a suspender la operación en 11 estaciones y el abatimiento, por segunda vez, del narcotraficante Nazario Moreno alias El Chayo.

Los dos tienen sus orígenes en las administraciones pasadas encabezadas por el el exjefe de gobierno Marcelo Ebrard y expresidente Felipe Calderón  y en ambos casos, como suele suceder, los políticos y actores involucrados siguieron la predecible rutina de tres pasos.

1. Deslindocracia. Al ritmo de “si te vienen a contar cositas malas de mí, manda todos a volar y diles que yo no fui”, empezó la danza del deslinde.  Con la línea dorada que enseñó muy rápido el cobre, ICA —parte del consorcio que construyó la línea— dijo que el problema fue que los trenes no son compatibles con la vía; entonces la empresa CAF —que suministró los trenes— señaló que las unidades fueron sometidas a rigurosas pruebas con la supervisión del personal del STC.

Sin embargo, el director del Proyecto Metro del Distrito Federal, Enrique Horcasitas, dijo que el proceso y los trenes fueron certificados por las empresas DB Internacional, ILF Beratende Ingenieure, TÜV SÜD RAIL y Hamburg Consult. Aunque diez meses después de esa certificación, la misma empresa TÜV SÜD RAIL recomendó una reparación para rectificar y realinear vías.

Además ahora resulta que todos advirtieron de irregularidades y fallas, pero nadie hizo nada.

2. Declaracionitis. El tamaño de los escándalos es igualmente proporcional a la estupidez de las declaraciones de los involucrados para mostrar su inocencia. Esta semana se escucharon de voz de exfuncionarios, verdaderas joyas en la costumbre del deslinde: “Nunca tuve información como jefe de Gobierno de que hubiese tal incompatibilidad (entre la vías y los trenes)”: Marcelo Ebrard: “Teníamos demasiado trabajo y teníamos muchos grandes objetivos que hacían que hubieran otras prioridades, suponíamos y creíamos que el señor había muerto”: Guillermo Valdés Castellanos, exdirector del Cisen con respecto a la muerte de Nazario Moreno.

“La  información  disponible  ahora  hace  ver  que  los  elementos  al  alcance de la Secretaría Técnica en diciembre de 2010 no fueron lo suficientemente precisos”: Alejandro Poiré, exvocero de seguridad también relacionada a El Chayo.

Es decir, en ningún caso hubo mala fe ni dolo, sino que también fueron objeto de los siempre diabólicos azares del destino y la mala comunicación.

Al llegar a esta etapa, resulta que estos escándalos jamás fueron tocados por las manos del hombre. Nadie es culpable, todos son inocentes, por lo que no queda otra que hacer nuevas hipótesis más realistas y apegadas a la realidad como que: los trenes y las vías decidieron romper relaciones por incompatibilidad técnicas de caracteres; el caprichoso terreno del tramo elevado de la Línea 12 decidió que ya no albergaría ni un minuto más el metro si no se le pagaba derecho de piso; el famoso cártel de los vicios ocultos volvió al ataque para perjudicar a casi 500 mil usuarios.

En el caso de El Chayo sólo se puede suponer que resucitó, o que se mató a su doble o hermano gemelo.

3. Comisionitis. Pero entonces llegan los salvadores de todos los escándalos, los héroes de las películas: los legisladores listos para crear sus comisiones especiales. Dan ternurita ver cómo llaman a comparecer a los funcionarios, les piden explicaciones y se quedan con un palmo de narices cuando les dicen que es información reservada que no puede ser proporcionada. Nunca en la historia de este país, alguna comisión especial ha servido para algo, pero eso tiene sin cuidado a los diputados y senadores que juegan a los policías y ladrones. A estas alturas ya se le juntó el quehacer a la justicia mexicana con los casos de la Línea 12, de Oceanografía y del engaño de la muerte de Nazario Moreno. Sería lamentable que no se encontraran culpables mientras que a miles de ciudadanos se los lleva el tren de la amargura, literal y metafóricamente hablando.

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