El Oriente Medio en 2013

El año dejó muy en claro que la turbulencia regional es un proceso continuo que carece de la certeza de su rumbo.

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Rodica Radian Gordon 02/01/2014 00:00
El Oriente Medio en 2013

Bien podemos afirmar que desde enero de 2011 el panorama geo-estratégico de Oriente Medio ha estado en permanente cambio. Por un lado, estos cambios engloban procesos de empoderamiento de la sociedad civil, con una creciente influencia sobre la agenda interna, lo que ha llevado en algunos casos a cambios de los regímenes políticos; por otro lado, se ha dado un sensible debilitamiento del Estado-nación hasta convertir a algunos de ellos en estados fallidos. Desde esta perspectiva, 2013 ha sido otro año decisivo que dejó muy en claro que la turbulencia regional es un proceso continuo que carece de la certeza de su rumbo, así como de la definición de los tiempos de su finalización.

Los países de la región que han pasado por cambios de regímenes no se han transformado en democracias ni han probado ser más estables bajo los nuevos gobiernos, pero tampoco se ha creado un “efecto dominó” a través de toda la región. No obstante, no podemos adivinar si en el futuro próximo cambiarán otros regímenes en la zona, ya que ello depende en gran medida de factores tales como la composición interna de sus sociedades y las relaciones entre minorías y mayorías, la legitimidad del gobierno, el respaldo por parte de las fuerzas armadas y la fuerza de la oposición, entre otros.

Asimismo, la tendencia a desafiar el marco estatal se ha acentuado en 2013. Uno de los ejemplos más sostenidos de organizaciones subestatales armadas que han desafiado al Estado es el Hezbolá, en Líbano. Pero en el año que terminó creció el número de “estados debilitados”, incapaces de cumplir con funciones públicas básicas —como la capacidad de proveer a sus ciudadanos con servicios económicos o de seguridad—, perdiendo así el monopolio estatal, conllevando a la pérdida de la habilidad para inducir la ley y el orden en una buena parte de sus territorios. Este tipo de crisis de “gobernanza limitada” se está filtrando de una manera tal, que pone en duda la posibilidad del establecimiento de una nueva estructura estatal ordenada en una gran parte de la región. Además de estados fallidos como Somalia, Sudán, Sudán del Sur, Yemen, Afganistán, Irak (todos ellos, países que siguen encabezando el Índice de Estados Fallidos 2013, publicado por el Fund For Peace, una ONG que monitorea regiones de conflicto), hemos visto la penetración de milicias islamistas radicales y caudillos, que —acaparando importantes enclaves territoriales— se imponen a través del uso de armas y el terrorismo también en Siria y en el Sinaí. Parece que los casos de estados debilitados pueden crecer sin que se vislumbre un nuevo orden en un futuro próximo.

Frente a esta situación, los desafíos que se presentan ante Israel —y en gran medida frente a otros países en la región y más allá de ella— son novedosos y de diversa índole y necesitan de nuevas respuestas y reacciones. Dilemas tales como: ¿Cuál sería una política creíble de disuasión de actores no estatales radicales ante la falta de una “dirección” clara?, o, ¿qué hacer para que dichos fenómenos no sigan infiltrándose a otros países?, son muy preocupantes. Está por verse si durante 2014 se terminarán con éxito los esfuerzos para frenar el proyecto nuclear iraní, así como la guerra civil y el proceso de desarme químico en Siria —otros grandes desafíos a la seguridad de la región y del mundo. En todo caso, los escenarios en la región son complejos y requieren de una visión integral y de un diagnóstico diferenciado para dar cuenta de las transformaciones por las que atraviesa.

*Embajadora de Israel en México.

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