Oda a la impunidad

Los megaproyectos impactan a varios kilómetros a la redonda. Transforman zonas enteras.

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Ricardo Pascoe Pierce 01/09/2014 00:04
Oda a la impunidad

En desarrollo urbano, la imposición de la insensatez siempre termina perjudicando a la mayoría, aunque beneficie a una minoría, aun momentáneamente. Para evitar esa situación, se crean teorías sobre el desarrollo urbano planificado, sus objetivos y propósitos de largo plazo. Luego, se aprueban leyes generales y particulares sobre la materia que deberán corresponder a la idea teórica. Acto seguido, y en función de condiciones particulares e históricas, se especifican planes correspondientes a delegaciones, colonias y manzanas. La concatenación de estos actos no es cosa menor: teoría general y específica, leyes generales y particulares, planes aterrizados hasta en nivel de manzana. Se busca dar coherencia al conjunto primer, y luego se llega a la especificidad.

 ¿Suena difícil de entender? Pues para el Gobierno del Distrito Federal es una propuesta que le remite a los galimatías de la Torre de Babel. Le resulta incomprensible. Insiste, metodológicamente, en empezar por el predio o cuadra, y construir hacia arriba, en la cadena de alimentación de resoluciones, manifestaciones, dictámenes, ordenamientos, leyes y, finalmente, la teoría que le daría coherencia a todo lo anterior. Exactamente al revés de lo que dicta la lógica y la realidad. Así lo demuestra su práctica urbana. Las normas 30 y 31 serían eso, de aprobarse. Por tanto, no puede sorprender que, en la aprobación de megaproyectos en la Ciudad de México, se preocupe más por aprobar, en el tiempo más corto posible, los proyectos, para luego “inferir” los posibles impactos zonales y/o citadinos.

En el proyecto de Mitikah, o Ciudad Futura, están cometiendo exactamente los mismos errores que se cometieron cuando se aprobó el proyecto Carso en la colonia Irrigación, en la delegación Miguel Hidalgo, por los años 2004-2007. No se hicieron estudios de la sustentabilidad del subsuelo, y se abrieron enormes grietas a la hora de la construcción que pueden poner en peligro alguno de los edificios ahí asentados, especialmente cuando ocurre un sismo. No se previó la necesidad de asegurar suficiencia en los servicios urbanos, aunado a que existe escasez de agua, no hay drenajes suficientes y falla el abasto de energía eléctrica.  No se preocuparon por resolver anticipadamente los problemas de movilidad, convirtiendo la zona es un infierno de tráfico al salir o entrar. El proyecto no podría definirse como un salto cualitativo en la calidad de vida de sus habitantes, por más que exista un museo de arte y un acuario. Y ahora el GDF ha autorizado, sin aprobación en la ALDF, ampliar el mismo proyecto a 32 colonias adicionales de la delegación Miguel Hidalgo.

Los megaproyectos impactan a varios kilómetros a la redonda. Transforman zonas enteras, cambian las estructuras arquitectónico-urbanas y provocan profundos ajustes demográficos. Y dejan a los gobiernos la tarea de “arreglar” lo que se desajusta en el transcurso de la construcción y a sus secuelas, muchas de ellas con impactos que persisten durante años, como la movilidad. En el caso de Mitikah, es necesario preguntarnos cómo transformará la zona de Xoco, habida cuenta que no están hechos los estudios necesarios para conocer su verdadero impacto (los artículos 1 y 2 demostraron eso) ni qué proyección se hace para la parte tradicional de la colonia. Quien diga que no tendrá ningún impacto ni se proyecta ampliar el megadesarrollo hacia otras áreas de la zona, miente. Se dijo lo mismo con el desarrollo de Carso, y ahora vemos el proyecto agresivamente expansivo que trae, plasmado en el Plan Maestro Granada. Lo único cierto es que una administración le echa la culpa a la anterior y, con ello, se considera libre de toda responsabilidad hacia el futuro.

En el caso que comentamos, lo legal y razonable sería que se detuviera la obra y se instalará una mesa de trabajo entre empresa, gobierno y vecinos para dialogar sobre las condiciones en las que se aprobó el proyecto, las propuestas de modificaciones al desarrollo, los impactos y sus mitigaciones en la zona, la viabilidad de una construcción de esa características y dimensiones y, finalmente, las modificaciones posibles que harán que el desarrollo sea amigable con la zona y su entorno. Negarse a tomar medidas de este orden, cuando un juez ha ordenado suspender labores en la obra sería imperdonable por parte del gobierno e ilegal por parte de la empresa.

No actuar de inmediato mostrará una conducta irreflexiva de la autoridad, y abonará al caos urbano, negándose a un obligado alto en el camino para poner orden y legalidad por delante. Convertirá a la Ciudad de México en una gigantesca oda a la impunidad.

                ricardopascoe@hotmail.com

                Twitter: @rpascoep

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