ALDF y las normas: hora de la verdad

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Ricardo Pascoe Pierce 04/07/2014 00:00
ALDF y las normas: hora de la verdad

En el futuro cercano se va a tomar una decisión en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal que afectará la vida de los capitalinos durante muchos, muchísimos años por venir. Se trata de la votación sobre las normas 30 y 31 que el gobierno capitalino busca sean aprobadas y que definen el modelo de desarrollo urbano que esta administración promueve para la Ciudad de México.

Es tan importante la decisión que se tomará que es imperativo un llamado de conciencia a todos los diputados locales, tanto de la mayoría del PRD, así como de las minorías partidistas con representación en esa Asamblea. En un asunto de esta trascendencia, tan es importante que a los diputados perredistas se les permita votar en conciencia como lo es que las minorías no se dejen llevar por negociaciones paralelas y poquiteras que las lleven a avalar legislación que amenaza con dinamitar la ciudad como la conocemos.

Las dos normas impondrían a la ciudad, en más de 600 colonias, barrios y pueblos, una legislación que permite ignorar los usos de suelo aprobados según los planes delegacionales y algunos planes parciales, y facilita a las constructoras la realización de obras sin orden, sin planeación y categóricamente sin restricciones a pesar de que puede acarrear carencias en servicios urbanos, agua, estudios del subsuelo, entre otras. Este es el problema central de la metodología que proponen estos “instrumentos” de desarrollo urbano: sin planificación alguna, sin que medien restricciones por carencia de infraestructura urbana suficiente, se propone permitir construcciones del tamaño que sea en todas las colonias enlistadas, ignorando usos de suelo anteriores.

En ninguna ciudad del mundo se puede justificar que la “planeación” urbana se guíe por las necesidades de la rentabilidad del valor del suelo. Es un factor, sin duda. Pero no puede ser el factor que determine los proyectos por encima de los demás. Y ninguna retórica sobre vivienda de interés social puede opacar el hecho de que se esté abriendo la ciudad a un gigantesco bazar de especulación inmobiliaria sin freno. Por lo anterior, la ALDF está llamada a votar rechazando proyectos, y, como contraprestación, ofreciéndole a los ciudadanos la sustitución de la dinámica inmediatista y antiplanificadora que quiere imprimirle a la ciudad este modelo de desarrollo urbano, con una visión de largo plazo, que sería, por ejemplo, la propuesta de un Programa General de Desarrollo Urbano para la Ciudad de México. Es a partir de contar con un Programa General de esas características que entonces, y sólo entonces, se podrá definir los instrumentos urbanos necesarios para lograr esa visión de largo plazo. Al PRD le debiera interesar, pues está en juego su reputación como partido gobernante para demostrar que saber gobernar a favor de la calidad de vida de todos, y no solamente se escuda detrás de programas sociales para asegurar la gobernabilidad. Y a los partidos de oposición les debiera interesar la oportunidad de poder demostrar que son capaces de proponer una visión distinta de ciudad, una que englobe el conjunto de intereses que compone un conglomerado humano tan dispar, complejo y contradictorio como lo es la Ciudad de México. La oposición no debe equivocarse en este asunto. Ponerse a negociar pedazos de las normas equivaldría a avalar la lógica detrás del proyecto, que permite cambiar los usos de suelo en gran escala al margen de los programas delegacionales y sin consulta con la ALDF, ni vecinos. Es una metodología que debe rechazarse categóricamente. Negociar, por ejemplo, las listas de colonias es atraparse en la necesidad de votar a favor del método. Igual sucedería si se mete a negociar la reglamentación del fideicomiso para vivienda de interés social que se propone en la Norma 31. No se debe caer en esa dinámica por la importancia que representa la posibilidad de votar en contra de las normas, que deben ser rechazadas categóricamente, sin titubeos. Apoyar la inversión y modernización de la ciudad es un camino necesario, siempre y cuando se ciña al proyecto histórico de capital que sus habitantes hayan escogido. Violentar ese proyecto es ir en contra de la historia y las aspiraciones de la ciudad y su población. Vivimos un momento de gran debilidad política del gobierno de la Ciudad de México. La presión de cientos de organizaciones y agrupaciones ciudadanas, junto con una postura definida y decisiva de los partidos de oposición, agrupados en una visión común, puede servir, incluso, para frenar que el GDF insista en presentar la propuesta de las normas a la propia ALDF. 

                ricardopascoe@hotmail.com

                Twitter: @rpascoep

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