Cuba y Estados Unidos

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Ricardo Pascoe Pierce 23/06/2014 00:00
 Cuba y Estados Unidos

Cuba y Estados Unidos están en un proceso de acercamiento. Proceso que es cauteloso, discreto, difícil y que va a enfrentar muchos obstáculos. Sin embargo, hay algo nuevo en este proceso de acercamiento que no había estado presente en otros momentos cuando, como ahora, se buscaba una reconciliación entre las dos naciones. Ese nuevo factor se llama José Mujica, presidente de la República Oriental de Uruguay. En un proceso anterior el intermediario se llamaba Gabriel García Márquez, quien era el “go-between” entre Fidel y Clinton.

Estados Unidos abrió una conversación con Mujica para sondear su disposición a encontrar caminos de diálogo entre los dos países. El Presidente uruguayo aceptó la invitación de ese gobierno y, en una visita a la Casa Blanca recientemente, habló con Obama acerca de los pasos necesarios para llevar a cabo una distensión exitosa entre ambos países.

Hay que decir que el ala más radical del Frente Amplio uruguayo, que integra la coalición gobernante del Mujica, lo criticó acremente por “querer convertirse en lacayo de Estados Unidos”, entregar Cuba a Estados Unidos en charola de plata y perder la soberanía uruguaya ante el imperialismo estadunidense. Estas críticas expresan la primera oleada de oposición al acercamiento entre los dos países, en ésta ocasión desde la izquierda dura y radical de Uruguay. Claro está que Mujica, que fue guerrillero de los Tupamaros en los setenta y pasó años en la cárcel, difícilmente puede ser creíblemente criticado como “lacayo” de Estados Unidos. En la reunión reciente del Grupo de los 77, realizada en Bolivia hace dos semanas, Mujica se reunió “informalmente” con Raúl Castro para evaluar la situación y, de encontrar un tono cubano favorable al encuentro con Estados Unidos, definir algunos de los temas que habría que resolver para poder iniciar una conversación seria y fructífera. Decir que fue una reunión “informal” es, diplomáticamente hablando, muy importante.  Quiere decir que no era una reunión para tomar decisiones comprometedoras y que, por tanto, cada parte tiene plena libertad para consultar internamente con sus poderes fácticos antes de proponer algún nuevo encuentro.

Ya se definió el siguiente paso, uno de buena fe, que tendría que darse antes de abrir otras puertas. El consultor estadunidense Alan Gross está actualmente detenido en Cuba, acusado de espionaje, mientras Estados Unidos arrestó y actualmente procesa a tres (antes cinco) agentes cubanos acusados, igualmente, de espionaje en territorio estadunidense. La idea es lograr un intercambio de prisioneros como un primer acto reconciliatorio entre las dos naciones.

Los siguientes pasos tendrán que darse con firmeza y prontitud, pues las voces contrarias a la reconciliación se sentirán rápidamente. Hay que recordar el derribo de las avionetas que sobrevolaban aguas cubanas por aviones de la Fuerza Aérea cubana, cuando Fidel se había comprometido que no se tomaría ninguna represalia contra ellas. Ahí terminó en acercamiento entre Fidel y Clinton. Fidel lo lamentó personalmente conmigo en alguna conversación. En Miami la comunidad cubana ha cambiado de actitud y hoy una mayoría apoya la apertura de EU con la Isla, pero una minoría poderosa se opone a ella. Ya se está expresando esa postura de rechazo, y la fuerza del Tea Party estimula la oposición a cualquier acuerdo. Es curioso, aunque no sorprendente: los extremos de izquierda y derecha se tocan y coinciden: no quieren cambios ni reconciliaciones.

Sectores duros del Partido Comunista cubano también se oponen al acuerdo, pues temen el debilitamiento de su poder, al vislumbrarse, como ruta que viene, la apertura de la economía y política de Cuba a nuevos, e independientes, actores. Obama seguramente entiende sus razones internas que lo mueven a tomar decisiones en esta dirección. No sé si sepa de las resistencias al interior de las izquierdas latinoamericanas, incluyendo el PC cubano, al cambio propuesto. Si no lo sabe, espero que Mujica se lo diga para que, de actuar, lo haga con rapidez, claridad de objetivos y sin titubeos. De las resistencias de las derechas es inevitable que las conozca: se lo han dicho en su cara.

Por tanto, debe contar con el apoyo absoluto e irrestricto de Raúl Castro para poder llegar a una reconciliación histórica. Para lograr ese fin, debe estar preparado para ofrecerle algo a Raúl que no puede rechazar. ¿En qué podría consistir esa oferta? En inmunidad a la familia Castro ante las miles de demandas en su contra que tienen colocadas en tribunales en diversos países del mundo los opositores al régimen castrista. Demandas por expropiaciones, muertes, actos de gobierno, entre otras causas. Si Estados Unidos pudo resolver conflictos de intereses parecidos con China y Viet Nam, es altamente probable que puedan atender los mismos temas con Cuba.

                ricardopascoe@hotmail.com

                Twitter: @rpascoep

 

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