Candidaturas que nadie quiere

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Ricardo Pascoe Pierce 02/05/2014 00:00
 Candidaturas que nadie quiere

Las propuestas de abrir el sistema político al registro de nuevos partidos políticos o a la participación de candidatos independientes en las elecciones han sido recibidas con distintos grados de resistencia o franco rechazo por los legisladores. Legisladores de todos los partidos y de todos los ámbitos: federal y local.

Es cierto que se han establecido criterios y procedimientos para el registro de nuevos partidos. Pero ha pesado más el argumento presupuestal que el político para avalar que sea extremadamente difícil obtener el registro para participar en elecciones, ya sea a nivel de un estado o a nivel federal. Y, ahora que se han avalado las candidaturas independientes, nos encontramos que, para poder acceder a esa opción, se debe de contar con avales como si un individuo fuera un partido político.

Ha sido fácil mover la opinión pública en contra del registro de nuevos partidos con el argumento presupuestal. Es curioso: para que los partidos oficiales puedan contar con el apoyo de los ciudadanos en contra del registro de nuevos partidos, aceptan que se les critique por el uso y abuso que hacen de fondos públicos. Todo, con tal de no enfrentar la competencia de otros retadores.

Así, las encuestas prueban un repudio ciudadano al registro de nuevos partidos…y a los partidos mismos. Cobijados por ésta realidad, los legisladores de los partidos han convenido reglas para nuevos registros —ahora de partidos y candidaturas independientes— que hacen prácticamente imposible su obtención.

El problema no es de los aspirantes a partidos o candidaturas independientes. El problema es de los partidos ya establecidos. Son ellos quienes han monetizado el proceso político indebidamente, con los vastos fondos públicos para los partidos por un lado, y, por el otro, convirtiendo el hecho de ser legisladores en un pequeño botín, como se ha demostrado con la práctica generalizada de los moches y los fondos individuales de millones de pesos para que hagan “obras” en sus distritos.  Ante ello, se puede comprender las resistencias a compartir ese botín público con otros actores.

La desgracia es que la opinión ciudadana coincide en que no quiere abrir el sistema político a otros actores, por el mal comportamiento de la clase política, pero no remedia la situación de la clase política realmente existente. La sociedad civil mexicana se encuentra en un callejón sin salida.

El argumento político a favor de nuevos partidos y las candidaturas independientes quedó sepultado. No va a ser posible democratizar un sistema político
—el que sea— sin que se escuchen la multiplicidad de voces que hay en la sociedad, incluso por minoritarias que sean. Una de las características de la sociedad moderna es su balcanización: esto es, su fragmentación en múltiples expresiones y articulaciones, de diverso tamaño, donde cada una es tan válida como la siguiente. Un ejemplo: la carta de un director de cine afamado al Presidente de la República pone al Ejecutivo Federal de cabeza porque, en un primer momento, la Presidencia despreció la misiva con un tuit por respuesta. Ante la reacción pública en redes sociales por el desprecio, el gobierno federal respondió puntualmente a cada una de las diez interrogantes planteadas, tratando de enmendar su error.

Es tan válido el cuestionamiento de un cineasta como el de un ciudadano que no es famoso, pero que tiene las mismas, u otras, dudas. Para lograr esa posibilidad, será necesario sacudir al sistema político en su conjunto.

Por ello, el argumento político de la necesidad de abrir el sistema político a más actores, y no a menos, es condición necesaria e indispensable para la verdadera democratización de México. Y el argumento presupuestal deberá tratarse reduciendo, no aumentando, los recursos destinados a todos los actores políticos en su conjunto. Reducir en 50% las prerrogativas que reciben los partidos sería un acto de sensatez y generosidad de los actuales legisladores, además de mostrar un compromiso real con los procesos democráticos del país.

En vez de ello, lo que resolvieron fue hacer prácticamente imposible el registro de nuevos partidos o las candidaturas independientes, imponiéndoles requisitos dificilísimos de alcanzar. En el DF es más difícil registrar partidos locales que a nivel federal, mientras el registro de una candidatura independiente sería una hazaña digna de la imaginación de Ulises ante los Cíclopes. Ante la alta probabilidad de que se den pocas o nulas candidaturas independientes, por la barrera de requisitos, seguramente las conciencias públicas podrán alardear: nadie quiso las candidaturas.

                ricardopascoe@hotmail.com

                Twitter: @rpascoep

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