La economía es cosa delicada

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Ricardo Pascoe Pierce 07/04/2014 00:26
La economía es cosa delicada

Es tentador olvidar la pésima administración de la economía nacional que hicieron administraciones pasadas. Pero, ¿debemos olvidar cómo Luis Echeverría realizó las más absurdas estatizaciones, incluyendo loza y bicicletas, además la primera gran devaluación? ¿Y López Portillo, con la nacionalización de la banca, la expropiación de las cuentas en dólares y más devaluaciones? ¿O De la Madrid, con el inicio de las ventas de activos estatales, más devaluaciones y crisis económica? ¿Y qué decir de Salinas, que creó las condiciones para la peor crisis de nuestra historia, aunque se empeñe en culpar a su sucesor, exculpándose a cada paso que da, incluyendo la venta de Teléfonos de México, consolidando un perverso monopolio privado?

Es fácil olvidar estos hechos, por dos razones: primera, porque ocurrieron hace años cuando no fluía información hacia la sociedad como ahora, y en segunda, porque las dos administraciones panistas han creado la impresión, en generaciones recientes, de que la cosa económica, aun con altibajos, era básicamente previsible en su estabilidad y continuidad.

Sin embargo, las señales que emite la administración priista de Enrique Peña Nieto empiezan a recordar los viejos tiempos de la gestión económica aparentemente olvidada. Lo esencial refiere a la idea que hay que gastar más de lo que se tiene, por vía del endeudamiento y supuestos ingresos. Es decir, la promoción de programas sociales, por ejemplo, se hará sin contar con los ingresos reales para ello, sino con la obtención de recursos virtuales (cálculo de ingresos por concepto de petróleo con base en un supuesto precio estable de mercado, de supuestos ingresos fiscales sobre la base de una economía en crecimiento de 3.9% y del endeudamiento autorizado por el Congreso de la Unión).

Lo grave es que todas las corredurías y bancos del mundo han empezado a corregir a la baja sus pronósticos del crecimiento del PIB para 2014. Mientras la Secretaría de Hacienda y Crédito Público sostiene su cálculo de crecimiento en 3.9% (y más de 4% para 2015), en un derroche de optimismo, el resto del mundo nos tiene ya en  3% o menos. ¿Qué significa esta diferencia de criterio? Sus implicaciones son tanto económicas como políticas.

Económicamente significa que no se tendrán los ingresos fiscales que se han proyectado y que probablemente tampoco se recibirán los ingresos proyectados por concepto de venta del petróleo, habida cuenta que las leyes secundarias en materia energética ni siquiera se han presentado al Congreso, y su tardanza implica que su aplicación y efectos sobre el mercado petrolero mexicano tardarán años en llegar. De lo anterior, es evidente que no se tendrá los ingresos reales necesarios para cumplir con los programas sociales prometidos, como la pensión universal, atención médica universal y el bono por desempleo.

¿Cómo se atenderán los requerimientos presupuestales, normales y nuevos, en el caso de no  recibir los recursos presupuestados? Lo más probable es que sea vía el endeudamiento del gobierno federal. Recordemos que la crisis de fines de 94 fue precisamente por el vencimiento de bonos que el gobierno mexicano no pudo honorar a sus acreedores internacionales, hubo una corrida de dólares y se provocó la peor devaluación en décadas que afectó a millones de hogares mexicanos y se creó el infame Fobaproa. La estrategia que engendró esa crisis fue el endeudamiento excesivo e irresponsable del gobierno federal. Concretamente, la burbuja explotó en las manos de Salinas y Zedillo.

El gobierno actual está empezando a andar por el mismo camino, pues se niega a reconocer el carácter aletargado de la economía nacional y hace números alegres para justificar su terquedad. Detrás de aquella actitud desluce un espíritu kamikaze. El peligro es que piensen que están comprando tiempo, con aquello de la autorización que dio el Congreso para endeudamiento en 14 y 15, para terminar el sexenio a tambor batiente. Pero, ¿y si no se cumplen sus deseos? Por lo pronto, nos remitimos a la historia: los buenos deseos económicos no se le han cumplido a ningún gobierno, desde hace por lo menos siete sexenios. Es elemental saber que no se puede basar cálculos y pronósticos económicos en los buenos deseos políticos.

El manejo económico de las administraciones panistas se basó en el criterio de que la austeridad la imponía el presupuesto: se gastaba lo que había. El criterio del nuevo priismo se basa en que el presupuesto no es el límite, sino el nivel de endeudamiento autorizado, lo cual será pagado por futuras generaciones. La única explicación para entender por qué una mayoría de mexicanos no están conformes con la gestión de Peña Nieto tiene que ver con la desconfianza con que se está viendo la gestión económica del gobierno. Es cosa muy delicada.

                ricardopascoe@hotmail.com

                Twitter: @rpascoep

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