Moratoria urbana

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Ricardo Pascoe Pierce 28/03/2014 00:00
Moratoria urbana

La actividad del desarrollo urbano en la Ciudad de México va a una velocidad vertiginosa. La Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) del actual jefe de Gobierno ha rebasado, en poco tiempo,  los planes y proyectos de los sexenios pasados. A un año y cuatro meses de haber tomado posesión, trae el proyecto urbano más ambicioso de cualquiera de los últimos 15 años de gobiernos perredistas. Y ahora se plantea aprobar, apoyándose en la mayoría perredista en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), un nuevo Programa General de Desarrollo Urbano para el DF. No se trata, al parecer, de revisar el actual Programa (aprobado en diciembre de 2003, y con una vigencia de seis años, aunque ha sido revisado infinidad de veces), sino de redactar uno totalmente nuevo.  La diferencia es importante: mientras entre los gobiernos de López Obrador y Ebrard había una cierta continuidad conceptual, aunque con instrumentos legales diferentes o modificados, el proyecto urbano de Mancera parece tomar una ruta completamente diferente.

López Obrador empezó su gobierno con un acto autoritario propio de su forma de gobierno: emitió el Bando dos, sin consulta con la ALDF, aplicable a las cuatro delegaciones centrales de la ciudad. El efecto inmediato del Bando fue desatar una fiebre especuladora con el valor de la tierra, al cambiar usos de suelo, alturas y normas aplicables, para permitir la construcción de edificios donde antes había una casa sola. Se resintió el Bando dos principalmente en la delegación Benito Juárez, en menor grado en la Miguel Hidalgo y fue casi  imperceptible en las delegaciones Cuauhtémoc y Venustiano Carranza. Todo el propósito del Bando dos tuvo que ver con la idea de cambiar usos de suelo en grandes áreas de las cuatro delegaciones, sin consulta vecinal de por medio. El producto fue el de crear desarrollos inmobiliarios extensos y económicamente rentables, mientras los vecinos han tenido que emigrar a otras delegaciones, huyendo de la gentrificación creciente en sus anteriores zonas de morada.

Marcelo Ebrard revocó el Bando dos, ante las protestas vecinales. En su lugar, inventó la Norma 26, que es, en realidad, el hijo natural del Bando dos, al dar continuidad a sus conceptos esenciales, pero bajo una forma legal, aprobada por la ALDF, y ahora aplicable a toda la ciudad. Lo que López Obrador hizo como imposición, Ebrard continuó como legislación. La justificación “de izquierda” era que se impulsaba la construcción de vivienda de interés social. Bajo este pretexto, se dieron grandes desarrollos de vivienda de interés medio y alto.

Y junto con lo anterior, se acrecentaron los problemas de la ciudad, en materia de movilidad, abasto de agua y energía eléctrica, además de la provisión de servicios básicos, como recolección de desechos sólidos, alumbrado, bacheo y pavimentación, drenajes suficientes, además de los problemas de seguridad pública, la falta de áreas verdes, parques y jardines, y accesos a centros educativos y de consumo.

La actual administración viene con un proyecto de cambiar masivamente los usos de suelo en el conjunto de la ciudad, utilizando nuevos preceptos legales que la ALDF ha estado aprobando durante años. De Tlalpan a Gustavo A. Madero, pasando por Coyoacán, Benito Juárez, Venustiano Carranza, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Álvaro Obregón, por lo menos, se proyecta una vasta reestructuración de la ciudad sin consulta vecinal alguna. Por lo pronto, hay varios instrumentos ya aplicándose. Los tradicionales son Planes Parciales o Planes Maestros, y lo nuevo: Zodes. Y todo esto se viene aplicando, a pesar de no haber discutido, siquiera, un nuevo Plan General de Desarrollo Urbano del Distrito Federal.

De hecho, se están cambiando usos de suelo de manera subrepticia en colonias como Polanco, Lomas de Chapultepec, San Ángel, Florida, Del Valle, entre otras. Y en otras colonias el cambio es a mansalva: todos los predios se cambian, como en la zona de los hospitales de Tlalpan, alrededor de la Planta de Asfalto, en Coyoacán, en las Granadas de la Miguel Hidalgo. Y las empresas desarrolladoras están al acecho de gangas para comprar propiedades baratas, para luego venderlas con una plusvalía exorbitante.

La contradicción está en que, mientras se propone discutir un nuevo Programa General de Desarrollo Urbano para el DF, simultáneamente se está promoviendo un agresivo plan de cambios de usos de suelo que hará irreversible ciertas transformaciones en la fisionomía de la ciudad, con o sin Programa General de Desarrollo Urbano.  Ante ésta contradicción es necesario decretar una moratoria en los proyectos urbanísticos de Seduvi hasta en tanto el Programa General de Desarrollo Urbano sea discutido y aprobado. Si no, se repetirá la historia trágica de la Ciudad de México: ante los hechos consumados, no hay nada que hacer excepto lamentar.

                ricardopascoe@hotmail.com

                Twitter: @rpascoep

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