Autodefensas, separatismo y autonomía

COMPARTIR 
Ricardo Pascoe Pierce 24/03/2014 00:11
Autodefensas, separatismo y autonomía

El debate sobre separatismo y autonomía política es mundial. Se dividió, recientemente, el Sudán, en África del Norte, creando dos países donde antes había uno. Escocia se debate sobre la conveniencia de realizar un referéndum para decidir si se separa de Gran Bretaña o no, Cataluña plantea la posibilidad de su separación de España, mientras el País Vasco lo viene debatiendo desde larga data. Rusia logra separar Crimea de Ucrania con métodos dudosos, pero efectivos. En México, el separatismo se ha presentado de diversas formas. La más violenta fue la anexión que hiciera Estados Unidos de California a Texas después de la Guerra del 47, aunque nuestro país también tiene su propio movimiento separatista, no del país, pero sí de un estado: en el Soconusco, donde se plantea que la región sea reconocida como un estado más de México, separándose de Chiapas.

Junto con la impronta separatista, viene, inevitablemente la búsqueda de la autonomía política.  Las regiones o zonas con espíritu separatista también se abocan a las tareas de la administración política de sus respectivas áreas. En México existen muchos movimientos autonomistas que buscan dirigir sus destinos sin la intervención de “agentes externos”  como lo pueden ser autoridades municipales, comisariados ejidales, representantes de seguridad pública, representantes estatales o federales. En este cuestionamiento al poder establecido se mueven intereses económicos, políticos, ideológicos, religiosos y sociales. El deseo de la autonomía es una forma pacífica de rebelión en contra de la autoridad establecida. Desde la Independencia de México se debatió la conveniencia de adoptar entre uno de dos sistemas políticos: centralismo o federalismo. En general, puede decirse que ganó el federalismo ideológicamente, pero se impuso el centralismo en la práctica. Durante el priato, hasta 2000, el sistema se declaraba federalista, pero operaba con un centralismo exacerbado, en lo político.

Sin embargo, expresiones fácticas del federalismo hoy han puesto al país en jaque, específicamente en materia de seguridad. La realidad ha demostrado que los policías municipales y estatales son incapaces de enfrentar a la delincuencia organizada con algún grado de eficacia, ya sea por carencia de instrumentos para su defensa, ya sea por corrupción. Y la Policía Federal no goza de las facultades suficientes para intervenir cuando le plazca o cuando sea necesario sin condicionantes de toda índole de la cadena de mando desde el municipio, pasando por el estado y la federación. Por otro lado, la Marina y el Ejército obran en una zona gris de inconstitucionalidad relativa en lo que a operativos contra civiles en tiempos de paz refiere. Así que toda la estructura legal de mando de la seguridad pública de la nación carece de claridad de estructura y mando como para ser un instrumento seguro en el combate a la delincuencia.

De esa ineficacia federalista en materia de seguridad pública es que nacen las autodefensas, como una respuesta variopinta a las circunstancias que viven las distintas zonas del país. Las empresas mineras y los agricultores en escala industrial arman a sus guardias locales, muchas veces sus propios trabajadores avecindados en las zonas, lo cual les otorga el carácter de comunitarios. También los cárteles en pugna por controlar corredores, rutas y plantíos cuentan con sus guardias comunitarias, al igual que grupos caciquiles locales o grupos guerrilleros, además de las comunidades que simplemente quieren defenderse. Todo este ejército de ciudadanos armados, calculado, a nivel nacional, en cerca de medio millón de personas, es otro paso más a la autonomía política de las más diversas regiones del país. Porque la autonomía política no sólo se gana: se defiende… con armas, de ser necesario.

Todos los movimientos separatistas tienen la posibilidad de defenderse militarmente. Es axiomático a su desarrollo, debido a que su intención última es detentar y ejercitar el poder político de una determinada demarcación expulsando a los poderes legalmente constituidos. Las autodefensas en México son, esencialmente, una expresión de la búsqueda de la autonomía política, rebeldía contra la autoridad del Estado y, tendencialmente, con rasgos separatistas. El separatismo entendido como un rechazo categórico al poder legalmente constituido.  Así que, ante este escenario, resulta por lo menos cuestionable la estrategia “negociadora” que el gobierno federal y varios estatales llevan a cabo ante las autodefensas en varios estados. Uno de los problemas que tiene el sistema político mexicano es el cuestionamiento a su legitimidad, más que a su legalidad. En ese contexto, coquetear con el “antisistema” puede resultar un búmeran para los estrategas de seguridad pública federales.    

                ricardopascoe@hotmail.com

                Twitter: @rpascoep

Comparte esta entrada

Comentarios