Norma de Ordenación Particular

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Ricardo Pascoe Pierce 21/03/2014 00:00
Norma de Ordenación Particular

Pensé: ¡qué nombre tan pesado para una columna en Excélsior! Me quedo con la esperanza de que me acompañarán en el espeso camino de descifrar lo que decisiones de gobierno le puede significar para muchos habitantes de la Ciudad de México.

Resulta que la Ciudad de México se guía, en lo referente a su desarrollo urbano, por un Programa General de Desarrollo Urbano, cuya vigencia es de seis años. Debido a que ya prescribió su vigencia, el gobierno de la ciudad, a través de Seduvi, planea realizar consultas para su renovación y/o adecuación a las nuevas circunstancias que vive la urbe, habida cuenta que fue aprobado, originalmente, en diciembre de 2003. Durante años subsecuentes a su aprobación inicial ha sufrido tantas modificaciones que hoy es irreconocible frente a lo que se aprobó hace 11 años.

Lo mismo acontece con cada una de las 16 Delegaciones. Existe un Programa de Desarrollo Delegacional por cada norma que rige las proyecciones, planes y proyectos que se aprueban para las demarcaciones. Cada programa tiene una vigencia de tres años, legalmente, aunque en realidad no se revisa el programa en su conjunto, sino que tienden a sufrir modificaciones “intermedias” que aprueba la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), para así evitar mayores consultas con la ciudadanía.

Este método de no revisar ni el Programa General de Desarrollo Urbano del DF ni los Programas de Desarrollo Delegacionales por parte del gobierno y la ALDF, en los tiempos legales determinados para ello, pero sí promover cambios de fondo que se presentan como coyunturales o insignificantes, sin la discusión que amerita, ha creado un verdadero Frankenstein urbano en la ciudad. Y está convirtiendo a la urbe en un galimatías incoherente de proyectos, desarrollos, intereses económicos y sociales encontrados, conflictos urbanos y terreno fértil para una especulación inmobiliaria implacable. La actual administración ha impulsado, montado en el caos anterior, nuevos conceptos de “desarrollo urbano”, como para agregar al estrambótico esfuerzo por confundir a la ciudadanía: Zodes y Plan Maestros, para modificar los usos de suelo en amplias zonas de la ciudad, sin consulta alguna con la comunidad, ni siquiera con la ALDF.  Muchos de los hoy jefes delegacionales fueron diputados locales cuando se aprobaron medidas como la Norma de Ordenación Particular, concepto directamente culpable del título de la columna de hoy.

La norma se agrega, inocentemente, a los Programas de Desarrollo Delegacionales con la anuencia, lamento decirlo, de todos los partidos políticos representados en la ALDF. ¿Qué significa el haber aprobado ésta, sin discusión con los vecinos de las zonas afectadas?, que permite modificar los usos de suelo de vastas zonas de la ciudad sin necesidad de consultar a los vecinos. Los cambios significan que empresas desarrolladoras podrán construir centros comerciales, oficinas y altos edificios habitacionales en zonas anteriormente restringidas. Como los vecinos no saben que viven en propiedades con mayor valor, es fácil que encuentren incentivos para vender a precios bajos sus inmuebles, en zonas donde el valor del suelo se ha multiplicado por obra y gracia de la Norma de Ordenación Particular. El valor monetario del desconocimiento e ignorancia de la ciudadanía es incalculable. La secrecía tiene valor político.

Un caso concreto. El Plan Maestro Granada, de la delegación Miguel Hidalgo. La explicación esencial para justificar el proyecto y hacerlo atractivo para los desarrolladores se encuentra en la comparación entre lo que permite, para áreas de construcción potenciales, el Programa Delegacional de 1997 y lo que se permite con la aplicación de la Norma de Ordenación Particular, aprobada en 2008. El documento de Seduvi señala que la potenciación con la Norma es de dos millones 737 mil 269.30 metros cuadrados adicionales en esa zona de la delegación, por encima de lo que permite el Programa Delegacional. 2012 vio la construcción, en toda la demarcación, de 149 mil metros cuadrados de departamentos, oficinas y centros comerciales, según la Cámara de la Construcción de Vivienda en el DF. Pensar en términos de millones de metros potenciales es el sueño hecho realidad para los desarrolladores. Pero no necesariamente para los habitantes de la zona, mucho de los cuales tendrán que mudarse a otros lugares —probablemente al Estado de México— ante los efectos eventuales de la gentrificación de la zona.

Como este ejemplo, hay zonas enteras amenazadas por lo mismo: Normas de Ordenación Particulares que abren el camino a convertir a la ciudad en un gigantesco campo de especulación inmobiliaria. Tlalpan, Coyoacán, Miguel Hidalgo, Venustiano Carranza, Gustavo A Madero, Cuauhtémoc: estos son los espacios escogidos para la implementación del vasto proyecto urbano en curso, ya, en nuestra ciudad.

                ricardopascoe@hotmail.com

                Twitter: @rpascoep

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