GDF: punta del iceberg

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Ricardo Pascoe Pierce 17/03/2014 00:00
GDF: punta del iceberg

Cuando un sistema de gobierno carece de contrapesos efectivos, la corrupción florece inmediatamente. En los regímenes democráticos, los poderes Legislativo y Judicial deben fungir como los contrapesos legales al poder Ejecutivo. La opinión pública y los medios de comunicación sirven como instrumentos de alerta y contrapunto fáctico cuando se percibe, desde fuera de los círculos del poder, que las cosas andan mal. La ciudadanía en general desconfía del poder, protesta e, incluso, se moviliza, a veces tomando calles, carreteras u oficinas. Pero siente, no sin razón, que las autoridades se empeñan en ignorarla lo más posible.

Desde que el PRD ganó el Gobierno del Distrito Federal en 1997, ha logrado mantener el control de la ciudad, hasta el día de hoy. No solamente ha ganado la jefatura de Gobierno cuatro veces (lo cual, al final del mandato actual, implicará que haya gobernado 21 años seguidos), sino que, hasta ahora ha logrado controlar la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) durante todo este tiempo, a veces ganando con votos a la mayoría de diputados y, cuando no, los compraba. La compra de diputados “opositores” especialmente se generalizó en los mandatos de López Obrador y Marcelo Ebrard. Siempre ha habido una izquierda comprable en el DF, tanto el PT, como el Movimiento Ciudadano y el Partido Social Demócrata. Venden sus conciencias para asegurarle al PRD algo que ese partido requiere desesperadamente: una mayoría legislativa para poder evitar  la fiscalización de sus manejos presupuestales y la rendición de cuentas. Y, a través de su mayoría en la ALDF, asegura su control político sobre el Poder Judicial, colocando a sus afines en los puestos más importantes de los Tribunales, al igual que en los órganos electorales supremos del DF, el Instituto Electoral del DF y el Tribunal Electoral del DF. Estos últimos con el evidente propósito de reproducirse en el poder y no ser sujetos, hasta donde sea posible, a una temible fiscalización y rendición de cuentas sobre sus manejos de los dineros públicos.

López Obrador hizo negocios con obras en la Ciudad de México: los segundos pisos, el regalo en ganga del Centro Histórico, el Bando 2, el Centro Carso en la colonia Irrigación. Ebrard igual: Línea 12 del Metro, Ecobicis, Metrobús, nuevas líneas de transporte público sobre Reforma, el inicio de la fiebre del skyline sobre Reforma. Mancera no se queda atrás: la especulación con el valor del suelo se extiende por toda la ciudad: Tlalpan, Coyoacán, Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc son algunos de los espacios abiertos a la algarabía desarrollista, bajo una retórica “modernizadora y renovadora”.

El escándalo actual en torno a la Línea 12 del Metro es, apenas, la punta del iceberg en lo que a corrupción se refiere en la Ciudad de México. De otra manera, ¿cómo se explicaría que es la entidad más endeudada del país? Y, una vez más, sin una eficaz rendición de cuentas a la ciudadanía.  Pero hoy la ALDF juega un papel particularmente perverso. Con las medidas legislativas que impulsó Ebrard en su época, que incluyó fórmulas legales para cambiar los usos de suelo sin consulta alguna con la ciudadanía, se está promoviendo que extensas zonas de la ciudad pueden ver cambios que facilitarán la construcción de grandes desarrollos sin el consentimiento vecinal, habida cuenta que la ALDF cambió las reglas facilitando nuevos proyectos “sin conflicto y discusión”. El único requisito es que los propietarios de sus predios deben venderlos a quien tenga interés en su compra, usualmente una empresa desarrolladora. Estos instrumentos legales están activos en zonas como la colonia Doctores, la zona de Granada-Tacuba, Tlalpan, entre otros.

Ahora mismo se está dando un proceso de cambios en los usos de suelo en las Lomas de Chapultepec, al amparo de la ALDF y el GDF, y con conocimiento previo de la delegación Miguel Hidalgo, empezando por un predio que, habiendo sido residencial, ahora se permite oficinas en tres niveles y estacionamiento para 29 autos, en Explanada 1005, esquina con Monte Tauro. Este cambio de uso de suelo en las Lomas de Chapultepec se da en el contexto de la caducidad del Plan Parcial de la zona, y los recursos legales para avalar estos cambios son promovidos por particulares con la anuencia tácita de las autoridades.  

La masificación de la corrupción en el DF se debe, en una medida importante, a la falta de fiscalización y rendición de cuentas en el manejo de los recursos públicos. Urge un contrapeso de poderes en el DF para corregir este desastre. Urge una ALDF con una mayoría opositora para enderezar el rumbo de la ciudad.

                ricardopascoe@hotmail.com

                Twitter: @rpascoep

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