Mujeres ante discriminación implícita

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Ricardo Pascoe Pierce 07/03/2014 00:09
Mujeres ante discriminación implícita

Me estremeció una foto. Era una mujer joven, casi niña, de raza negra, tendida sobre una suerte de catre-cama, mirando hacia la cámara con una expresión que combinaba dolor físico, horror y miedo. Alrededor de ella, varias mujeres de edad avanzada, todas sonrientes, fijándose en la zona de su vientre. Me pareció razonable pensar que estaba en el trance de un parto: quizás el primero para ella, de ahí su asombro en el rostro. No era así. Estaba siendo sujeta a lo que se denomina “mutilación genital” o, si me apuran, una circuncisión del clítoris. Aunque, en sentido estricto, y pensándolo un poco más, no es tanto una “circuncisión” masculina, como una eliminación del clítoris. El equivalente masculino tendría que ser algo así como la eliminación del pene.

Es el mismo asombro que siento cuando leo reportajes periodísticos relatando la experiencia de mujeres que llegan a las puertas de los hospitales en estado crítico, a veces con un parto en proceso, aunque sus aflicciones no siempre tienen que ver con partos, y se les niega atención y servicio médico. En los últimos meses he leído sobre los casos de 12 mujeres mexicanas que, por su condición de excluidas de los sistemas de salud del país, terminan pariendo —o muriendo— en las banquetas de cualquier ciudad. Después de lo que me imagino como una etapa de suplicio en la puerta de un hospital o centro de salud, cuando algún directivo (muchas veces mujeres) toma la decisión de no admitir a la demandante, viene la resignación y sensación de abandono. Se busca algún refugio temporal para esperar, sin esperanza alguna, lo inevitable: que la condición de salud empeore hasta que se dé algún tipo de desenlace.

¿Por qué se les niega atención médica a mujeres en condiciones de precariedad o de calle? ¿Sucede lo mismo con los hombres? ¿A los hombres se les niega atención médica, frecuentemente, también? Pudiera ser que la respuesta es sí, a los hombres desvalidos también se les niega atención médica cuando ésta es requerida. Lo cierto es que la preponderancia de mujeres en esta situación es notable. De allí que se reportan, periodísticamente, casos reiterados de mujeres rechazadas en los hospitales.

Existe un fenómeno distinto, pero equivalente, con mujeres recluidas en las cárceles de nuestro país. En las cárceles de hombres, los reclusos reciben visitas con regularidad. Sus familias los visitan con frecuencia y no viven una sensación de abandono. Siempre hay largas filas de padres y madres, esposas, novias, hijos e hijas que los procuran y les llevan alimentos y otras amenidades para hacer más llevadera su reclusión. El caso de las mujeres es totalmente diferente. Los familiares o amistades tienden a dejarlas solas en su situación carcelaria y existe, en general, una sensación de haber sido abandonadas. La actitud de la sociedad en general, tanto entre hombres como mujeres, es la de considerar que el trato diferenciado hacia las mujeres es algo normal e, incluso, producto de la naturaleza misma. O sea, natural por obvia. Las mismas mujeres muchas veces son comparsas de conductas discriminatorias, al alegar, como madres, por ejemplo, que el hijo no debe comportarse “como niña y que deje de llorar”.

Esta cultura de discriminación implícita se encuentra profundamente arraigada en la sociedad. Muchas veces es tan inconsciente como consciente. De ahí que las políticas públicas deben impulsar acciones que transformen el pensamiento arraigado e íntimo de la sociedad, entre hombres y mujeres. La política de obligar a los partidos políticos a postular igual número de mujeres y hombres candidatos me parece atinada y necesaria, puesto que de otra manera, la forma “natural” seguiría imperando en la sociedad sin límite de tiempo. Nos tenemos que obligar a cambiar. Y las políticas públicas deben contribuir a ello.

El PAN-DF realizó la elección para definir sus miembros al Consejo Nacional. Se eligieron 11 miembros, cada delegado debía votar por cinco propuestas, tres de un género y dos de otro. Decidí votar por tres mujeres, precisamente con la convicción de que una verdadera política de género implica empujar la carreta de la igualdad hacia adelante. De los 11 electos, seis son mujeres. A pesar de ello, he escuchado, dentro del PAN, barruntos en contra de la política que obliga a votar por ambos géneros, por parte de hombres y mujeres. Esto confirma que aún hay un largo camino que andar en cuanto a la igualdad entre hombres y mujeres.

Mañana se celebra otro Día Internacional de la Mujer. ¿Me pregunto qué hemos hecho en este último año para cerrar la brecha de la discriminación implícita en nuestra sociedad?

                Twitter: @rpascoep

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