Las incógnitas del Chapo

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Ricardo Pascoe Pierce 28/02/2014 00:00
Las incógnitas del Chapo

La captura y presentación del Chapo Guzmán se hizo en el contexto de suspicacias, confusiones y dudas acerca de los acontecimientos. Seguir la ruta de los hechos ilustra este fenómeno en toda su extensión.

Un primer hecho es que, pocos minutos antes de que  la Secretaría de Gobernación fuera a anunciar el hecho, lo dio a conocer el gobierno de Estados Unidos a través de una agencia de noticias (AP), incluyendo una foto que publicó el New York Times. Acto seguido, Gobernación canceló su conferencia de prensa y, después de titubeos y confusiones, anunció una nueva conferencia de prensa en el hangar de la Marina, en el aeropuerto de la Ciudad de México. La misma ocurrió horas después ( la primera sería a las once de la mañana, aunque finalmente aconteció después de las 2 de la tarde). ¿Qué sucedió al interior del gobierno mexicano, ante el anuncio estadunidense, que le hiciera cambiar radicalmente de estrategia comunicativa?

La conferencia de prensa fue, en sí misma, un desmentido de la estrategia del gobierno frente al crimen organizado. Ante la critica hecha al gobierno anterior en el sentido de que las agencias de seguridad no se coordinaban, éste se ufanaba de coordinación y control desde una sola ventanilla: Gobernación.  Sin embargo, en su mejor momento, el secretario de Gobernación desapareció y quien hizo los anuncios de rigor fue el Procurador General de la República. Y las caras largas de los anunciantes no respiraban victoria, sino preocupación.

Por otro lado, la filtración estadunidense traía veneno: no sólo anuncia la captura del Chapo antes que las autoridades mexicanas, sino que dejó en claro que fue una operación conjunta entre la Marina y la DEA. Es decir, que no permitió que México presumiera al mundo un operativo Made in Mexico. El hecho de anunciarlo así fue producto de una decisión política en Washington: que todos sepan que, a pesar de los desmentidos mexicanos, Estados Unidos y México operan juntos contra el crimen organizado en territorio nacional, hacen operativos juntos y más importante, interrogan a los detenidos juntos. Y, sin decirlo en tantas palabras, manda el mensaje de que Estados Unidos comparte información con la Marina, en quien confía, y no con el Ejército, en quien no confía, y probablemente de manera selectiva con la Secretaría de Gobernación.

Es decir, que la estrategia de la “ventanilla única” sufrió, en este caso, un serio by-pass. Y, adicionalmente, el asunto de los horarios.  Estados Unidos dio a entender, al igual que los vecinos del edificio donde Guzmán fue capturado, que el operativo y captura ocurrió alrededor de las cuatro de la mañana. En la conferencia de prensa, Murillo Karam dijo que ocurrió a las 6:40 de la mañana. Esas dos horas de diferencia pueden indicar muchas cosas. Entre otras, que Guzmán fue interrogado por dos horas antes de su entrega a las autoridades competentes mexicanas (PGR), por agentes de la Marina y la DEA.  Lo cual indicaría un quiebre total del concepto de la ventanilla única, de ser cierta esta información. Indicaría que los últimos en enterarse de la captura de El Chapo habrían sido Osorio Chong y el presidente Peña.

Por otro lado, conforme salen a relucir más detalles de las ultimas horas en libertad de El Chapo, queda claro que se le pudo capturar gracias a una intercepción telefónica hecha en Estados Unidos (parece haber sido una estación de espionaje en Nogales, Arizona). Es decir, la DEA contó, en primer lugar, con la información precisa de la ubicación de El Chapo. Esa información privilegiada le permitió a la DEA decidir con quiénes y cuándo se procedía a la captura del prófugo. Así fue que se inició su captura.

Ante estos hechos, parecería razonable controlar los barruntos nacionalistas que emergen de la garganta del gobierno, del PRI y de algunos opinadores.  La primera reacción fue la de prácticamente negar la presencia y operatividad de agentes estadunidenses en la acción, aunado ahora a la campaña para negar la extradición de El Chapo a Estados Unidos, por razones de nacionalismo y dignidad nacional. ¿Acaso ahora tendremos que envolvernos en la bandera nacional y convertir al Chapo en asunto de orgullo nacional? Eso es ridículo, como lo son los opinadores que, ayer, proponían subordinación a políticas estadunidense y hoy agitan la bandera nacional.

Dos cuestiones quedan en el tintero. Uno es que los cárteles, como el de Sinaloa o Los Templarios, tiene base social y muchos empleados. Posiblemente sean los empleadores más grandes de México. Y, por otro lado, nadie sabe más que El Chapo, sobre la complicidad y corrupción de la clase política mexicana con el narcotráfico. ¿Podrá sobrevivir su estancia en la cárcel?

                Twitter: @rpascoep

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