¿Brasil vs. México?

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Ricardo Pascoe Pierce 10/02/2014 00:00
¿Brasil vs. México?

No me refiero al futbol, sino a sus respectivos modelos económicos. Brasil y México son las dos economías principales de la zona latinoamericana y han competido, desde hace algunos años, por la supremacía política. Durante la era de la Guerra Fría, México jugó un papel mucho más dinámico en la zona, convirtiéndose en uno de los líderes mundiales de la “Tercera Vía”, y colocándose como una opción alternativa entre Washington y Moscú. Así, la política exterior mexicana era considerada el gran “orgullo nacional”, a pesar de que el juego era mucho más complejo. La política interna era profundamente anticomunista —de ahí la paranoia presidencial que llevó a la matanza de Tlatelolco— y el régimen político tenía sus lazos firmemente enraizados en Washington. Pero se mantenía una cercana relación con Cuba —firme aliado de la Unión Soviética— para asegurar que los movimientos guerrilleros que promovía la isla en toda América Latina no se dieran aquí. A cambio de muchos apoyos, Cuba cumplió con lo convenido.

Pero cayó la URSS en diciembre de 1991 y la historia cambió. Entre otras cosas, venía, desde Estados Unidos y Gran Bretaña, una nueva narrativa económica: la apertura a mercados globales, la privatización de activos estatales y los controles severos sobre salarios y prestaciones. En 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México y, con ello, languideció la convicción latinoamericanista de México. Era de esperarse: la economía en su conjunto se consolidó como parte del proceso producto de América del Norte.

Brasil, en cambio, consolidó su mirada hacia el sur y promovió el Mercosur como modelo alternativo al modelo globalizador-integrador de México. Con la aparición de Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, el populismo ecuatoriano y nicaragüense y se aglutinaron en el Alba, la bifurcación de senderos estaba definido en América Latina. Frente al modelo mexicano se erigió la propuesta brasileña: crecimiento hacia adentro, sustitución de importaciones, énfasis en programas sociales y alianzas políticas mundiales antiestadunidenses.

Ahora, con la Alianza de Pacífico, por consolidarse hoy en Cartagena, entre México, Colombia, Perú y Chile, se inaugura un peldaño más en la profusión del modelo mexicano basado en América del Norte. Y es un peldaño hacia un acuerdo económico aún mayor, que será el Trans-Pacific Partnership (TPP), como gran alianza entre países de América, Europa, Asia y Medio Oriente. Los dos modelos económicos de Brasil y México, junto con su necesario acompañamiento político, se consolidan como ofertas opuestas y diferentes que serán juzgadas por los pueblos de América Latina.

Esta confronta de modelos alternativos, en esencia y concepción, fue lo que se soslayó en la reciente reunión de la Celac, efectuada en Cuba hace pocos días. Y, también por ello, es que Celac demostró el alcance limitado que tiene como foro potenciador de un verdadero espacio de debate fraternal entre países de América Latina acerca de los caminos a seguir para lograr abatir la pobreza y repartir la riqueza nacional de forma más equitativa, además de promover el desarrollo económico sostenido. En vez de discutir los problemas de fondo y encarar los distintos proyectos, fue una reunión de conversaciones ideológicas orientadas al apapacho. Así, Celac demostró ser un espacio de encuentro amistoso entre líderes, sin otra utilidad práctica.

El hecho es que América Latina vive expectante de los logros, las iniciativas, los problemas y errores de los dos grandes modelos que han emergido en nuestra parte del mundo. Por supuesto que Cuba dejó de ser un modelo para el continente, si es que realmente lo fue alguna vez. Brasil y México representan los dos polos de desarrollo: exógeno y endógeno. Son dos visiones diferentes que, además, no surgieron repentinamente, sino que vienen madurándose desde hace décadas. Sus estructuras jurídicas, económicas, políticas y sociales se han moldeado, a través del tiempo, ajustándose al desarrollo y evolución de ambas propuestas.

Con la
reunión de la Alianza del Pacífico se cierra un ciclo y se abre otro. Se cierra el ciclo de la conformación de un bloque de países con el enfoque endógeno y ahora se abre un proceso de integración global mucho mayor. El peligro que corre el modelo endógeno es que puede quedar aislado de los nuevos encadenamientos y procesos productivos que se están gestando a nivel global y, como consecuencia, quedar atrapados en economías de baja rentabilidad y flexibilidad para sus pueblos.

He ahí el reto.

                Twitter: @rpascoep

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