¿Por qué no crecemos?

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Ricardo Pascoe Pierce 07/02/2014 00:00
¿Por qué no crecemos?

Los pronósticos sobre lo que será el crecimiento de la economía mexicana en 2014 van y vienen. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público estableció el rasero al afirmar que habrá crecimiento de 3.9 por ciento. Banamex sugiere 3.8%, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) habla de 3.3% y el Fondo Monetario Internacional (FMI) establece 3% como tope del crecimiento para la economía mexicana en 2014.

Como se sabe, el pronóstico original del crecimiento del PIB en 2013 era de 3.9%, aunque concluyó en un desfalleciente 1.2 por ciento. Para entender el porqué se afirma que la economía crecerá de 1.2% en 2013 a 3.9% en 2014, es necesario conocer los argumentos y razones que mueven los nuevos cálculos.

El gobierno federal finca su optimismo en un hecho principal: la aprobación de la Reforma Energética. Es alrededor de un triunfalismo-político-convertido-en-algarabía-económica que se teje la tesis del gobierno: en este año se sentirán los efectos de una masiva inyección de inversión privada internacional, y se crearán nuevos empleos con altos salarios, además de bajar los precios de la energía eléctrica y los combustibles fósiles. Esa narrativa se escucha en los anuncios publicitarios diarios. No elabora mucho más ni pretende justificar con otros números sus datos, excepto los supuestos frutos inmediatos de la reforma.

En contraste radical con el enfoque gubernamental, el Fondo Monetario Internacional considera que, si bien la Reforma Energética era necesaria y será positiva, sus efectos tardarán algunos años en sentirse. Por lo anterior, su pronóstico sobre el crecimiento en 2014 difiere en casi un punto porcentual con el de la SHCP, y a la baja. De hecho, considera que el crecimiento del PIB en este año se dará en función de los signos de recuperación de las economías de América del Norte y Europa. Suponiendo cierta recuperación de esas zonas, en lo económico, es que se puede pronosticar un efecto arrastre de nuestra economía. Toda expectativa de crecimiento en México se basa, según el FMI, en la recuperación del dinamismo de las economías centrales del mundo, ni siquiera contando con China.

Banamex hace una mezcla de ambos factores (reformas y crecimiento de las economías centrales) para sostener su pronóstico cercano al de SHCP. No aventura una opinión clara acerca de cuándo se sentirá el efecto de las reformas en la economía nacional, pero se inclina por pensar que será más temprano que tarde.

El CEESP se inclina más hacia la opinión del FMI. Incluso sugiere que los factores macroeconómicos no son tan sólidos como se supone, haciendo referencia a los efectos de la Reforma Fiscal, el brote inflacionario de enero de 2014 (4.6% anualizado), y la percepción de que la reactivación de la economía estadunidense se está dando en sectores que no son prioritarios para nuestra industria nacional, aunado a la caída brusca de las exportaciones petroleras. Lo anterior ha hecho que la divisa estadunidense flote, vis-à-vis el peso mexicano, a niveles no vistos desde hace cinco ó seis años, cuando se dio el crack hipotecario en ese país. Adicionalmente, se argumenta que no empezarán a sentirse los efectos de la Reforma Energética sino hasta 2015. Así las cosas, el sector privado nacional expresa un optimismo reservado y muy cauteloso.

Ninguno de los organismos mencionados ha puesto en el centro del debate otro factor: el gasto público como estimulante a la economía nacional. El hecho de que el gobierno federal administrara tan mal el gasto público en 2013 fue un factor decisivo para que el PIB no creciera más de un punto porcentual, en vez del pronosticado cuatro por ciento. El desorden gubernamental hizo que sectores como la construcción cayeran en números negativos. A finales de 2013, el gobierno federal prometió gastar el presupuesto desde enero, haciendo con ello cierto reconocimiento a los yerros cometidos el año pasado, aunque significaba decir, simplemente, que iba a cumplir con su obligación legal. Sin embargo, subyace en la situación económica nacional una dificultad.El motor de una economía no se apaga y se enciende a gusto. Cuando el motor se apaga, toma tiempo para que el encendido funcione.  Especialmente cuando sufre, además, los embates inflacionarios como sucedió en enero. Y no resultará suficiente declarar que lo acontecido es coyuntural y que ya viene lo mejor. Una política de esperar y observar, ocupándose y no preocupándose, pudiera ser la ruta más conducente para lograr una economía sana, sin estridencias ni pronósticos alegres, pero errados.

               

                                                                                         Twitter: @rpascoep

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