La inevitable tentación a exagerar

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Ricardo Pascoe Pierce 24/01/2014 01:31
La inevitable tentación a exagerar

Los anuncios televisivos sobre los méritos de la Reforma Energética son abrumadores, excitantes y repletos de aspiraciones. Las parejas analizan y sueñan, los cuñados especulan y se preparan, las comadres esperan, esperanzadas. Todo México, uno pensaría, está a la expectativa del impulso económico que dará la Reforma Energética. Bajarán los precios, subirán los salarios, crecerá el empleo. Se promete, en pocas palabras, un mundo de oportunidades para todo el país. ¿Qué tan realista es la expectativa creada por la campaña publicitaria del gobierno federal?

La situación económica previsible durante 2014, según Hacienda, es de un crecimiento de 3.9%, en contraste con el pobre 1.2% de 2013. Eso, a pesar de que en el mes de enero de 2014 la inflación previsible es del orden del 4.6%. Los factores que han prolongado la cuesta de enero son dos: el incremento al precio del boleto del Metro en la Ciudad de México y los efectos de la Reforma Fiscal que aprobaron PRI y PRD. Han subido los precios de manera natural en algunos casos, y de manera especulativa en otros.

Sin embargo, según el Fondo Monetario Internacional, el crecimiento del PIB no podrá ir más allá  de 3% en 2014 en el mejor de los casos. La razón de la diferencia entre la SHCP y el FMI se debe a que este último considera que las reformas estructurales, especialmente la energética, no tendrán un efecto de crecimiento sobre la economía mexicana en 2014, y que, incluso, en 2015 su impacto será relativamente bajo, pues para ese año calcula el crecimiento del PIB en 3.5 por ciento.

¿Qué explica esta diferencia de criterio entre México y el FMI? ¿Es solamente técnica la diferencia? Existe una diferencia política y técnica entre los dos que los lleva a ofrecer visiones disparatadas sobre la realidad mexicana en 2014.

El gobierno federal vive una suerte de “euforia desesperada” al querer convencer a la población de que las reformas-especialmente la energética-traerán beneficios espectaculares para el país en breve plazo. Esto es producto de una preocupación política sobre las elecciones intermedias de 2015 y el temor de que el PRI pudiera retroceder en el número de curules que ocupa en la Cámara  baja. Al parecer la estrategia de comunicación postula que ante una avalancha de “emociones  positivas” a cuadro televisivo se producirá el efecto de una sensación nacional de bienestar. Claro, se corre el riesgo de lo contrario: ante tal saturación sin pruebas fehacientes, se puede enajenar a los sectores de la población que son el objetivo de la campaña. De ahí que se ha reforzado la campaña contra el hambre, para poder justificar una avalancha de votos “hambrientos” en zonas urbanas y rurales.

El temor priista nace de la percepción de que una buena parte de la población ve con incertidumbre la apertura del sector energético al capital extranjero. No es necesariamente rechazo, pero sí es escepticismo. Y si no rinde resultados positivos y tangibles rápidamente, el escepticismo puede tornarse, entonces sí, oposición y rechazo.

El problema es que los frutos esperados tardarán en llegar, incluso pudieran no verse cabalmente en este sexenio. Son procesos productivos que requieren de mucho tiempo y dinero, en cada paso como son la planeación, instrumentación y operación. Incluso, van apareciendo obstáculos e imprevistos, como es el efecto que tendrá sobre los costos de operación para grandes empresas petroleras la existencia del monopolio de Carlos Slim en telecomunicaciones, que por sus altas tarifas, eleva la inversión que requieren para operar en México. Incluso, ahora Teléfonos de México emprende una operación de subdivisión para ocultar su carácter monopólico y, así, evitar con este encubrimiento la reducción de las tarifas que cobra por telefonía terrestre, celular e internet.

Es claro que el debate durante las elecciones de 2015 estará centrado en la estrategia económica del gobierno federal, además de la violencia e inseguridad. Y el PRI se siente vulnerable, incluso ante su propio electorado, dadas las evidencias de una mala administración de la economía y la violencia que puede ahuyentar a los posibles inversionistas. Además, los efectos de la inversión en la industria energética apenas se estarán sintiendo.

El presidente Peña acaba de anunciar inversiones por  ocho mmdd en 2014 durante su estancia en Davos, de los cuales una parte corresponderá a la venta de Comercial Mexicana. Esa adquisición por parte de una empresa extranjera pudiera reportar un “ingreso”, pero no será inversión productiva nueva.

La tentación  de caer en el optimismo exagerado es un grave error político del gobierno federal y deja atisbar cierta inseguridad en su proyecto. Es preferible corregir sus estimaciones económicas al alza, y no a la baja. Pero así va a ser en 2014.

                Twitter: @rpascoep

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