Explicando el fracaso en seguridad

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Ricardo Pascoe Pierce 20/01/2014 00:00
Explicando el fracaso en seguridad

Michoacán es la llamada de atención que ha hecho sonar alarmas rojas en el gobierno federal, partidos políticos y algunos gobiernos estatales. El traslado de tropas federales —Ejército, Marina y policía— ha dejado en la indefensión a estados norteños como Nuevo León y Tamaulipas. El efecto que ha producido las imágenes fotográficas de agencias nacionales e internacionales de las autodefensas subyugando y dominando a policías municipales es equivalente a la desautorización del Estado como tal, en México. El problema michoacano no es sólo pertinente para ese estado, sino que afecta a la nación entera.

¿Cómo llegamos a ésta situación? Son muchas las razones, pero una fundamental refiere a la institución policial en México, en su conjunto. Durante su sexenio el presidenten se Calderón hizo un gran esfuerzo por limpiar la fuerza policial, promoviendo su institucionalización a través de pruebas de confianza. Los presupuestos anuales federales contemplaban recursos para llevar a la práctica el esfuerzo por evaluar a la policía, estado por estado y municipio por municipio, en toda la nación. El propósito era, por supuesto, limpiar a la fuerza policial de los elementos ligados con el crimen organizado.

En febrero de 2011 los estados apenas habían evaluado a 8% de sus elementos, dejando un subejercicio presupuestal del orden de 70%. En noviembre de ese mismo año, Calderón tuvo un altercado público con los gobernadores y el jefe de Gobierno del DF, pues no avanzaron en todo el año en los compromisos de evaluación de sus elementos.  Los representantes de las entidades federativas se defendieron diciendo que los plazos eran poco razonables. Se fijó un nuevo plazo: finales de diciembre de 2013. Ese plazo vino y se fue: hubo un acuerdo para una nueva fecha —octubre— en 2014, habida cuenta que prácticamente no hubo avance en materia de evaluación de las policías desde aquel febrero de 2011.

Para mediados de 2013, por ejemplo, apenas se había ejercido 12% del presupuesto anual en la materia, reflejando que las evaluaciones policiacas no son prioridad, ni siquiera para el gobierno federal. El debate sobre la falta de eficacia en el combate al crimen organizado y la violencia se ha estado trasladando a otras esferas. Obviamente el alegato de los gobernadores y jefe de Gobierno de que necesitaba más tiempo para hacer las evaluaciones carecía de verdad. Lo cierto es que los mandatarios locales no quieren hacer las evaluaciones, pues consideran a sus fuerzas policiales como un pequeño ejército personal que les rinde cuentas a ellos, y sólo a ellos. No van a tolerar la intervención del centralismo en sus esquemas de gobernabilidad locales.

Esto plantea un problema mucho más grande, que refiere a la creciente necesidad de contar con una policía nacional capaz de enfrentar a un crimen organizado internacionalizado y con alta capacidad económica y de poder de fuego que supera a cualquier ejército estatal o municipal. El presidente Calderón apoyaba la idea de una policía nacional, como la hay en Brasil, Argentina, Chile, Venezuela, Colombia o Cuba. Una policía con una central de inteligencia que sabe detectar y seguir los movimientos nacionales e internacionales del crimen. La diferencia entre una policía nacional con la capacidad de inteligencia y seguimiento, comparada con la de cualquier policía municipal, es abismal.

Todas las autoridades estatales se opusieron, de nueva cuenta, a la propuesta presidencial. Finalmente accedieron a que se crearan cuerpos de policías estatales, y ahora son los municipios los que se oponen a los cambios propuestos. Sin embargo, la necesidad de crear una policía nacional, encargada de la seguridad en los más de 2,600 municipios del país, se ha hecho evidente con los últimos acontecimientos en Michoacán, con los policías municipales tirados en el piso, ante autodefensas con armas mucho más potentes que las suyas, y la policía estatal inerme por la corrupción y complicidad de sus elementos con el crimen organizado.

Finalmente, ni siquiera se están creando “policías estatales”.  Se ha impuesto el statu quo en materia de cuerpos policiales en todo México: no habrá exámenes de confianza como tampoco habrá un cuerpo nacional organizado, disciplinado y con gran capacidad de recolección de inteligencia. Seguiremos como los policías tirados al suelo ante la mirada desafiante de autodefensas bien armadas. A esto nos obliga el vasto tejido de intereses que corroen los cimientos de las instituciones mexicanas encargadas de nuestra seguridad.

ricardopascoe@hotmail.com

Twitter: @rpascoep

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