El recuerdo más ingrato

Entre los niños y niñas de Siria, apareció la poliomielitis de forma cruel.

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Ricardo Pascoe Pierce 03/01/2014 00:00
El recuerdo más ingrato

El recuerdo más ingrato que tengo del año 2013 fue enterarme de que la poliomielitis había aparecido, de forma cruel, entre los niños y niñas de Siria, debido a la falta de campañas de vacunación contra ese mal, producto de la guerra civil que vive su país. De hecho, se reportan casos de polio, igualmente, en las remotas zonas montañosas e inaccesibles de Pakistán y Afganistán, producto, igualmente, del estado de guerra que guardan y, por tanto, la falta de atención médica y condiciones severas de insalubridad. Se sabe que la polio se trasmite por la vía fecal-oral, por ingestión de alimentos y agua contaminada. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2005 se reportaron mil 880 casos en todo el mundo. Hoy esa cifra se ha triplicado en los tres países mencionados. El sector más vulnerable a la enfermedad son niños de 5 a 10 años de edad, por lo cual también se llama parálisis infantil.

Si bien la vacuna contra la polio se descubrió en 1952, mas no fue sino hasta 1955 cuando se empezó a aplicar a un público abierto y universal, después de experimentos en distintas comunidades de África (notablemente en el Congo, cuando era una colonia de Bélgica), y en Estados Unidos, utilizando, para su elaboración, tejidos renales de monos. A principios de los años sesenta, se popularizó otra vacuna anti polio, ésta elaborada por Albert Sabin y que es la base de las vacunas aplicadas hoy en todo el mundo.

Yo me contagié de polio a los seis meses de nacido, en 1950, cinco años antes de la aparición pública de la vacuna. Según relatos que he recabado, alrededor de 80 mil personas se enfermaron de polio en la misma época, en México. De hecho, se fundó una institución especializada en rehabilitación en ese periodo, para atender la enorme cantidad de pacientes que había. Fui ingresado en un hospital donde se había instalado uno de los primeros pulmones artificiales en el país. De milagro, dicen, logré sobrevivir la enfermedad, pues tenía el diafragma colapsado y no podía respirar. El dolor físico que provoca la enfermedad, que ataca el sistema nervioso central, contaba mi madre que llorara inconsolablemente durante días. Mis padres decían que escuchaban mis alaridos desde la calle.

Una vez superado el dolor físico y la primera fase de la enfermedad, empezó para mí una nueva etapa de la vida que nunca ha terminado: la recuperación parcial o total de las afectaciones físicas y la atención sus repercusiones sociales y sicológicas. Recibí tratamientos terapéuticos durante años para poder empezar a caminar, jugar, vivir con una semblanza de normalidad. Empecé, también, a aprender lo que era vivir en sociedad y la soledad de ser distinto, con enseñanzas magníficas de gran humildad y solidaridad, junto con experiencias amargas y sumamente denigrantes. A veces el horror o el miedo que les causa a algunas personas “lo diferente” puede ser factor decisivo para la miseria del ser distinto.

A veces, cuando miro años atrás, veo la gran cantidad de personas que han quedado en el camino de la política, destrozadas por el maltrato y la innata crueldad de esa profesión, lo comparo al ver la gran cantidad de pacientes de polio que se fueron quebrando a través de los años de tratos crueles, conscientes e inconscientes, lo sé, y terminaron en el aislamiento de su amargura. Lo que más me impresionó de la novela Némesis, de Philip Roth, no fue que el protagonista se enfermara de polio, sino su infinita amargura y soledad el resto de sus días, producto de la percepción que lo asolaba de que su diferencia lo hacía inepto para hacer algo útil con la vida.

Hoy los niños y niñas de Siria enfrentan el destino más cruel: producto de avasallamiento de su país por razones políticas y religiosas, ellos sufrirán toda la vida la enfermedad cuyas aflicciones les acompañarán siempre, mucho tiempo después de que se silencian los cañones y las bombas dejen de caer del cielo. Es la cruel confluencia de política y enfermedad lo que debe indignar, no la existencia de las diferencias. En México aparecen enfermedades que no perdonan la falta de presupuesto en salud e infraestructura: malaria, cólera, dengue. Han dicho que lo que no mata, fortalece. Pero la pregunta obligada es: ¿a qué costo?

                Twitter: @rpascoep

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