Entre global y nacional

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Ricardo Pascoe Pierce 30/12/2013 00:00
Entre global  y nacional

La vida antes era más cómoda. Durante la Guerra Fría, el mundo (decíamos bipolar) tenía que decidir entre capitalismo y comunismo. Muchos países se sintieron atrapados por ese conflicto y optaron por la llamada “Tercera Vía”, México entre ellos. Claro, era una salida fácil: éramos del campo capitalista, pero fingimos neutralidad e, incluso, cercanía con el campo comunista, especialmente con Cuba. Por la ubicación geográfica, se permitió (o no se pudo evitar) que nuestro país fuera un centro internacional de espionaje entre este y oeste.

Ese conflicto terminó abrupta, e inesperadamente, con la de-saparición de la URSS y su reconversión en la Rusia capitalista que conocemos hoy. Para algunos, Fukuyama, entre ellos, fue la demostración de la superioridad histórica del modelo económico y político estadunidense.

El fin de la historia, pregonaron. A la desaparición de ese “paradigma” le siguieron la aparición de otros. Entre ellos, los conflictos religiosos, primero entre distintas religiones y, después, entre laicidad y religiosidad. Aparecieron, también, conflictos étnicos y raciales que provocaron genocidios en África, Oriente Medio y Asia, y después tensiones regionalistas que sumieron a varios países en guerras civiles. A la muerte de la Guerra Fría brotaron muchos campos de batalla, producto de conflictos que siempre habían estado presentes, pero subsumidos en el “Gran Conflicto”.

Como a muchos países del mundo, a México le ha surgido un conflicto central, post caída del Muro de Berlín. Nuestro país optó por un modelo de desarrollo económico y político globalizado. La URSS terminó de derrumbarse por completo en 1992 y México firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1993, entrando en vigor el 1 de enero de 1994, hace exactamente 20 años. La Tercera Vía desapareció y empezaron los nuevos alineamientos. México escogió integrarse a América del Norte, económica y políticamente. Hoy se negocia la Alianza Trans-Pacífico, y México es integrante activo de ese conjunto de países con Asia, Oriente Medio, África, Europa y América del Norte, misma que podría definirse como la segunda generación de transformaciones globalizadoras.

El debate sobre la Reforma Energética destapó una brecha previamente existente en el país, no sólo refiriéndose al destino de la industria petrolera, sino en torno al futuro del país. La división se da entre globalización y nacionalismo. Mientras la idea globalizadora se sostiene en la afirmación de que México debe aliarse a las economías fuertes del mundo en su proceso de desarrollo como la mejor opción para resolver los problemas de crecimiento y generación de riqueza, el nacionalismo sostiene que el desarrollo económico real es posible solamente si nos fincamos en nuestras propias potencialidades y recursos, habida cuenta que la inversión extranjera es una fuente de pérdida de riqueza, no de crecimiento. Dos posturas en las que subyacen ideas confrontadas acerca del rumbo a seguir como nación. En torno al petróleo, por ejemplo, la idea globalizadora es que es una mercancía y debiera manejarse como tal para beneficio del país, mientras el nacionalismo le adjudica una característica de la identidad nacional y no lo puede concebir como un simple producto que debiera venderse en las mejores condiciones del mercado.

La brecha entre globalización y nacionalismo se abre aún más cuando se tocan las reglas generales de la economía. Para que México sea aceptado en la comunidad global, debe sujetarse a las reglas de la “globalidad”, especialmente en lo referente a la reciprocidad, mientras el nacionalismo es proteccionista de su mercado interno y parte de reglas económicas establecidas de dentro hacia fuera. En lo político sucede algo parecido. La comunidad internacional exige normas de conducta democráticas, mientras que en lo interno, el nacionalismo no le adjudica una sobrevaloración a esas reglas internacionales. El hecho de que el PRI tuviera que aceptar la victoria de Cárdenas en el DF en 1997, y la de Fox en 2000, fue producto, en una parte no menor, a las expectativas internacionales sobre la democratización pacífica en México.

La Alianza del Pacífico, formada por Chile, Perú, Colombia y México, se contrasta con los acuerdos entre Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Mientras éstos pregonan el proteccionismo económico como modelo de defensa de la nación contra agresiones del capital foráneo, aquellos se alistan para integrarse a la Alianza Trans-Pacífico, despojándose de restricciones sobre la circulación de capitales y abriendo sus mercados a la competencia.

Esta es la confrontación post Guerra Fría en México y en otros países de América Latina. Lo cierto es que conocer los términos del debate ayuda a entendernos mejor y situar nuestras diferencias conceptuales, ideológicas y políticas con precisión. Y, así, debiéramos ser capaces de llevar el diferendo con serenidad y claridad. Nunca con violencia.

                Twitter: @rpascoep

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