Ese Leviatán mitológico

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Ricardo Pascoe Pierce 09/12/2013 00:00
Ese Leviatán mitológico

Sin conocer a fondo la propuesta energética que se pondrá a debate en el Congreso, hay puntos políticos que pueden analizarse desde ahora. Los escenarios que se abren son, sin duda, complejos, variados y, a riesgo de aventurar una visión apocalíptica, de gran riesgo para el país.

La izquierda ya descalificó la iniciativa por “entreguista y privatizadora”. Habrá una fuerte resistencia en el Senado, primero, luego en la Cámara de Diputados y, por último, en los congresos estatales. La resistencia se dará dentro de las Cámaras y fuera de ellas. A pesar de que el PRD y Morena caminan separados, en alguna medida sus tácticas irán coincidiendo en el tiempo.

Todo indica que PAN y PRI votarán juntos la iniciativa. Se dice que trabajaron para sacar adelante el proyecto, profundizando la tendencia “aperturista” del proyecto original del Ejecutivo federal. 

Seguramente tenían en mente, entre otras cosas, el reciente fracaso de Petrobras por licitar pozos en sus aguas profundas con poca participación internacional, debido a las limitantes que se quiso poner a la legislación brasileña en la materia, a pesar de las protestas populares en contra de la “entrega de soberanía” nacional. El gobierno de Brasil quiso abrir el sector, lo cual suscitó protestas en contra, pero no lo abrió lo suficiente como para agradar a las empresas petroleras internacionales. Perdió el gobierno por ambos lados: sufrió protestas y, de todas maneras, no hizo lo suficiente para atraer inversión internacional.

En cierto modo, este es el dilema del gobierno de Peña Nieto. Va a sufrir mayor merma en su popularidad (ya de por sí mermada) por la iniciativa. Pero si no va lo suficientemente lejos en la apertura, tampoco va a atraer la inversión que pretende para Pemex, especialmente en aguas profundas, por lo caro y riesgoso que es la exploración y extracción en esa zona.

Pero el problema político no sólo reside en el tema energético. Se expande potencialmente a otros contextos del país. El surgimiento de grupos guerrilleros, si bien no es nuevo, se da ahora en el contexto de incertidumbre y franco enfado con el gobierno federal. Es el terreno fértil para nuevos reclutas. Es previsible, por tanto, el incremento en las actividades de grupos armados antisistémicos. Los bombazos recientes en el DF son apenas uno de los indicios de que así pudiera darse. Otro es la aparición de un nuevo grupo guerrillero en Guerrero.

Aunado a lo anterior, los movimientos sociales tienden a incrementar su activismo en todo el país. El magisterio ha crecido velozmente. De haber tenido fuerza en cuatro estados, hoy opera en más de 22. Igualmente, movimientos como el SME han mantenido su persistente presencia en el DF. Movimientos agrarios se multiplican en una veintena de estados. Todos estos movimientos tienen ligas con otros más, a veces más violentos, a veces menos. Pero el festín está a la vista.

El crimen organizado se mueve a sus anchas en este contexto general. No pretende convertirse en movimiento político, pero tampoco le fastidia el hecho de tener al gobierno ocupado cubriendo otros frentes. Le da más libertad de acción. Así, incluso podría decirse que le conviene el surgimiento de más y más movimientos sociales de protesta. Y puede acordar con grupos, tanto guerrilleros como de autodefensa, su armamento y aprovisionamiento, como ya se está detectando en varios estados del país.

Los mismos grupos de autodefensa están inscritos en la dinámica de trabajar con grupos que operan al margen del Estado. Son parte de un proceso social más amplio de la adscripción de sectores sociales importantes a la confrontación con el Estado, por múltiples razones, y no necesariamente coincidentes, excepto por su oposicionismo al estado que guarda la República.

En este contexto general de revuelta, contenida pero en vías de expansión, el discurso nacionalista y mitológico sobre el petróleo encuentra un punto de encuentro. El petróleo es visto por todos estos sectores antiestatales, aunque sea por razones diferentes, como la panacea a la problemática de cada uno de ellos. El razonamiento no es necesariamente claro, pero los enemigos mitológicos sí lo son: lo extranjero, lo privado, la voracidad, la discriminación, lo ajeno, lo anticomunitario, lo antifamiliar. El petróleo ofrece vida, recursos, riqueza, sentido nacional, cohesión social y comunitaria.

Defenderse es defender la cohesión de comunidad. Y si eso se llama Pemex pues así será. No importa si los argumentos son reales o falaces. Lo cierto es que hay una idea de nación detrás de la palabra Pemex para muchos mexicanos.

Pemex es una empresa extraordinariamente corrupta, ineficiente e incapaz, hoy por hoy, de abrirse nuevas brechas. Pero, para algunos, mantener el mito de lo que representa en el imaginario de muchos mexicanos resulta más importante que crear una empresa realmente al servicio de la nación. Incluso, puede ser el gatillo para más violencia, cosa que no dudo. La pregunta que resta contestar es si nos hemos permitido ser consumidos por nuestra propia mitología.

Twitter: @rpascoep

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