Luis Leal, enamorado de nuestras letras

Por años mantuve una estrecha relación con él, que sólo la muerte acabó.

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René Avilés Fabila 31/08/2014 00:26
Luis Leal, enamorado de nuestras letras

En 1965 acompañé a Vicente Leñero a comprar la Breve historia del cuento mexicano, de Luis Leal; su nombre me era familiar ya, sus trabajos sobre Azuela, Martín Luis Guzmán y Rulfo lo distinguían.

En 1969 Leal vino a México y nos reunimos acompañados por el ecuatoriano Demetrio Aguilera Malta. La conversación fue larga y aleccionadora. Me enteré de los valores de quien, de modo ingenuo, yo consideraba un autor menor: Adolfo Bioy Casares, figura discreta atrás de la inmensa y luminosa de Jorge Luis Borges. Leal me refutó, como solía hacerlo, afectuosamente, y me recomendó con vehemencia La invención de Morel (Paz la consideraba una de las grandes novelas latinoamericanas, fue uno de los argumentos). El libro me impresionó a tal grado que me convertiría —como Bernardo Ruiz, quien le dedicó su tesis de licenciatura— en fanático del increíble narrador argentino. Por años mantuve una estrecha relación con el crítico Luis Leal que sólo la muerte acabó.

Leal, mexicanista, autor de 45 libros y unos 400 artículos, se preocupó por estimular en EU la atención y el cariño por nuestras letras. Como Andrés Iduarte y John S. Brushwood formaron varias generaciones de jóvenes estadunidenses interesados en la literatura mexicana.

En 1981, en Yale, Juan Bruce Novoa organizó un encuentro sobre literatura mexicana. Los convocados éramos Rubén Bonifaz Nuño, Sandro Cohen, Martha Robles, Carlos Montemayor, Bernardo Ruiz, Marco Antonio Campos y yo, por México. Entre los representantes de EU estaban, entre otros, Luis Leal, John S. Brushwood y Emir Rodríguez Monegal. Leal en su turno, analizó el 68 mexicano. Es importante advertir que en México carecemos de una crítica minuciosa sobre la literatura de Tlatelolco y no sabemos con precisión cuáles son los méritos de cada obra escrita sobre el movimiento que culminaría trágicamente el 2 de octubre.

El trabajo de Luis Leal, La literatura del 68, me fue especialmente agudo. Hurgaba los antecedentes del fenómeno con lucidez. Para Leal era obvio que nada existe por generación espontánea, entonces mostraba las obras que anticipaban las letras del 68. Encontró elementos en la Novela de la Revolución Mexicana (Martín Luis Guzmán y Mariano Azuela), en escritores como Carlos Fuentes (La muerte de Artemio Cruz), en el José Trigo de Fernando del Paso, en José Revueltas y en Agustín Yáñez. Mientras escuchaba a Luis reflexioné: cierto, releí en 1969 La sombra del caudillo de Guzmán, Tirano Banderas de Valle Inclán y El señor presidente de Asturias, para escribir El gran solitario de Palacio.

Volví a verlo en 1984. Fui invitado a Berkeley a un coloquio sobre la izquierda mexicana. Al concluir, el grupo de académicos se dispersó y me encaminé a Santa Bárbara, California. Me esperaban en la Universidad Juan Bruce Novoa y Luis Leal. Cumplidos los compromisos de trabajo, Luis y yo recorrimos detenidamente la población, sus lugares de interés, las organizaciones chicanas y restaurantes. Maravillosa experiencia la de ir de un lado a otro con un jovencito de 70 años. Supe de su vida: de su natal Nuevo León, de sus estudios en Estados Unidos, de su admiración por Rulfo, de la guerra en el Pacífico en la que participó como artillero.

Después estuvimos juntos en Albuquerque, en un encuentro de LASA. De nuevo mis recuerdos me enfrentan a un Luis Leal hablando con amor de la literatura nacional.

En la tarea de difundir las obras de los escritores mexicanos, la contribución de Luis Leal no es poca. Entendía la crítica profunda, lejos de modas y simpatías personales. A sus libros y artículos, hay que añadir el trabajo que realizó con sus alumnos. Les inculcó el interés por la literatura mexicana y, más adelante, por la chicana. Por ello los homenajes a Luis Leal no sobraron ni aquí ni en EU. Durante el que le hicieron sus alumnos y amigos en California, Leal mostró otra vez su cariño por nosotros con una plática graciosa: “México en un piñón”.

Para la publicidad hicieron un cartel con un hermoso dibujo de Luis de perfil. El póster costaba cinco dólares. Lo solicité a una empleada de la Universidad de California y no quiso cobrarme. Dijo: A don Luis le gustará que usted lo tenga. Después, Leal le puso una grata dedicatoria. Era un ejemplo de sencillez y trabajo riguroso.

Poseía una inagotable capacidad para hacer felices a quienes tuvimos la fortuna de conocerlo.

México le entregó la Orden del Águila Azteca.

www.reneavilesfabila.com.mx

 

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