¿Y la crítica literaria?

Los escritores son valorados en términos de simpatía o antipatía, dependiendo de sus relaciones personales.

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René Avilés Fabila 04/05/2014 00:07
¿Y la crítica literaria?

En México, lo he señalado casi obsesivamente, hay evidente ausencia de crítica literaria, lo que daña tanto al creador como al lector. Ninguno consigue saber el valor preciso de cada libro.

El primero escribe a ciegas, ignorando el efecto de su trabajo, mientras que el otro se limita a leer lo que encuentra como resultado de recomendaciones superficiales. En este momento los más exitosos libros son de dudosos méritos literarios, que diarios y revistas, aparentemente ilustrados, nos presionan a comprar. Suelen estar en manos de grupos de preferencias literarias muy claras.

Carlos Fuentes inició su carrera señalando que no teníamos crítica literaria. Veía únicamente a Emmanuel
Carballo
, quien a pesar de sus excesos y barroquismos,  dejó pruebas evidentes de talento y agudeza, sin preocuparse por las palabras de irritación. Fuentes estaba en lo cierto. Su trabajo literario sólo ha encontrado comentarios extremistas: o es el mejor narrador del planeta o un plagiario audaz y un “guerrillero dandy”. Los escritores son valorados en términos de simpatía o antipatía, dependiendo de sus relaciones personales o de su poder dentro del medio intelectual.

La crítica, vital para el desarrollo de la poesía, la novela o el cuento, ha sido la gran ausente en México. Tenemos académicos que se ocupan esporádicamente de tal actividad, pero al ejercerla seleccionan autores clásicos, consagrados o que están en vías de serlo, que poseen abundante bibliografía sobre su vida y obra. No abordan los libros que van apareciendo, no efectúan una tarea cotidiana. No existe un corpus de especialistas que trate las obras conforme van apareciendo. Crítica viva, por así decirlo. Que tenemos gente dedicada a comentar libros, no lo niego, pero ¿quiénes son y qué hacen, cuál es su preparación?

  Es cierto, como explicaba Baudelaire, que sólo en la crítica es el artista quien comprende a los artistas. También es cierto —siguiendo la tesis de Martín Alonso— que “el crítico ha de tener si no facultades artísticas, por lo menos análogas a las artísticas; debe penetrar en la génesis de la obra y ponerse, hasta cierto punto, en la situación del autor analizado...”. Pueden ser sensibilidades estéticas opuestas, pero complementarias a la hora del trabajo serio.

   Parecemos contravenir las disposiciones naturales del desarrollo artístico: primero es la crítica, luego la literatura. La crítica produce la literatura, la engendra. En todo el mundo la crítica poética —para utilizar el término clásico— es consistente. En México, tiene pies de barro y es prehistórica.

Baudelaire señalaba que un artista es ante todo un temperamento: toca a la crítica la tarea de hacer comprender ese temperamento. Sólo que ningún favor les harían nuestros imaginarios críticos a los escritores al intentar descifrar temperamentos artísticos. Azorín, a su vez, decía que la crítica es una opinión personal: “No hay más que una crítica: examen, observación, asociación, disociación. Y el examen —laudatorio, condenatorio— puede revestir diversas tendencias”. Pero ¿cómo los supuestos críticos locales van a emitir juicios basados en estudios rigurosos que exigen sólida preparación cultural? No expresan más que una serie de ideas inconexas, cuyo fin es edificar o demoler. A menudo es resultado de un compromiso amistoso y carece de los méritos axiológicos propios de la crítica que permita comprender la verdadera magnitud de la literatura. Palabrería pura, charlatanería rebuscada.

T. S. Eliot explicó en Sobre la poesía y los poetas que los grandes críticos actuales son producto de las universidades, de las disciplinas académicas: “La mayor parte de la crítica realmente interesante es obra de hombres de letras que se han abierto camino en las universidades y de eruditos cuya actividad crítica se ha ejercido primero en las aulas”. ¿Qué responderle desde México? ¿Que nuestros críticos son autodidactos en el peor de los sentidos, que pocas veces han pisado una universidad rigurosa? Me ha sido difícil hallar una crítica seria sobre la hermosa obra de Elena Garro y sí multitud de elogios a la irresistible simpatía de Elena Poniatowska. La primera tiene pecados, la segunda es políticamente correcta, una intelectual orgánica. ¿Dónde está la crítica literaria rigurosa? Estuvo en Carballo. ¿Hay sucesores?

 

www.reneavilesfabila.com.mx

 

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