Semana Santa en México

El dramatismo de la crucifixión se hace verbena popular.

COMPARTIR 
René Avilés Fabila 20/04/2014 00:32
Semana Santa en México

Católicos en su abrumadora mayoría, los mexicanos conmemoran de modo extraño la Semana Santa: en playas y sitios vacacionales festejan, beben, bailan, se divierten no distantes de la irreverencia pagana. Pocos recuerdan la Pasión y no son muchos los fieles que optan por orar. El dramatismo de la crucifixión se hace verbena popular. Yo, agnóstico, prefiero escribir paráfrasis bíblicas en memoria de los días en que mis abuelos mostraban profundo respeto por los ritos puntuales.

*En el Principio, Dios estaba tan solo que se aburría en la Eternidad. Entonces decidió crear. Hizo el Cielo, los ángeles, la luz, el firmamento, los mares, los animales, los árboles y las flores, y por último hizo al hombre y a la mujer. El Paraíso era un lugar fantástico: de exuberante vegetación, no se pasaban hambres ni había división de clases, carecía de gobierno, la tierra era propiedad colectiva, y como sus dos únicos habitantes vivían en estado de inocencia, el problema de la sobrepoblación era inexistente.

Pero como Adán y Eva le daban pésimo uso al Edén, el Señor decidió retirarlos de ahí, pues no deseaba reinar sobre ese tipo de vida; Él tenía ambiciones: quería, por ejemplo, que hubiera más seres capaces de discernir entre el Bien y el Mal, que siguieran una de las dos o que las mezclaran, ya en el Juicio Final tendrían el premio o el castigo merecido. Para ello, el Creador montó la primera obra teatral del mundo. Como podemos ver a través de pinturas y grabados antiguos o leer en el Viejo Testamento, los personajes eran seis: Dios mismo, Adán, Eva, el Ángel expulsor, la Serpiente y la Manzana. La trama nos indica que los peores papeles les fueron asignados a éstas últimas. Desde entonces, la pobre Serpiente (“Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo para siempre y tú y el hombre seréis enemigos”) no ha podido resarcirse del desprestigio en que el Supremo la hundió sin misericordia, gratuitamente, mientras la Manzana desempeña tristes números como crear discordias o envenenar niñas simplonas.

*La indignación que los cristianos sienten ante el Vía Crucis los ha hecho perder de vista la dura y trágica vida de Judas, uno de los discípulos más abnegados y útiles que tuvo Jesús de Nazaret, pese al fango que han echado sobre su nombre. La misión de Judas en la tierra fue penosa: vender a su Maestro por treinta monedas de plata. Y nadie supo llevar la tremenda responsabilidad histórica con mayor dignidad y coraje.

Recordemos. Cuando estaba en el Huerto de Getsemaní, Jesús recibe el beso y las palabras de Judas Iscariote: “Dios te guarde, Maestro”, y como respuesta interroga con ingenuidad desconcertante: “¿A qué has venido? ¿Así, con un beso, entregas al Hijo del Hombre?”.

Lo que sigue, descrito magistralmente en los Evangelios, es de sobra conocido: el nazareno es aprehendido y enjuiciado por sedicioso y subversivo; la flagelación, la corona de espinas, el peso de la cruz sobre los débiles hombros de un Jesús agotado, las tres caídas y el dramático corolario: la crucifixión en medio de dos ladrones, humillado por la soldadesca y, al fin, la muerte temporal. Todo ocurrido gracias a la “traición” de Judas, sin duda, como De Quincey sugirió, el mejor de los discípulos. Engañó, padeció remordimientos, se suicidó y con su sacrificio hizo posible el triunfo del cristianismo: sin él, hubiera tomado un curso menos grandioso, el Calvario no habría ocurrido y la fragilidad lo acompañaría, igual que a las religiones menores.

Antes de ahorcarse, Judas sabía que en este mundo su memoria iba a ser siempre execrada, pero que, llegado el Juicio Universal, quedaría a la diestra del Señor, entre los elegidos, cerca del que tanto amó y por quien tuvo que cometer la Gran Traición, para hacer realidad los sueños del Redentor.

*Si el hombre ha tomado en serio algún precepto divino no son los Diez Mandamientos, sino lamentablemente aquello de creced y multiplicaos.

*Me pregunto ¿cuál fue el objeto de castigar a los hombres y animales con el Diluvio Universal y más adelante destruir ciudades como Sodoma y Gomorra si las cosas quedaron mucho peor?

*Ayer me encontré con Dios. Estaba desolado, visiblemente conmovido. Le pregunté qué ocurría y sólo pudo decirme que su perfección lo abrumaba. Me hizo una petición: Dile a tus semejantes que rueguen por mí, antes de regresar entre sombras iluminadas a su eterna soledad.

*Fragmentos tomados de mi libro El Evangelio según René Avilés Fabila.

www.reneavilesfabila.com.mx

Comparte esta entrada

Comentarios