Rock antisistema 2/2

Cada tanto vuelvo a la música de esa época, donde Lennon nos pidió imaginar un mundo sin religiones y sin violencia.

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René Avilés Fabila 23/02/2014 01:18
Rock antisistema 2/2

Desmembrada la banda de los Beatles, cada quien hizo lo que pudo por su lado y quienes más triunfos consiguieron fueron justamente Paul y John. Harrison los siguió con discos formidables, el álbum All Things Must Pass, digamos, en cuyo interior estaban My Sweet Lord e Isnt’it a Pity, y Ringo puso en juego su simpatía para grabar viejas melodías que le iban a su estilo, supo conservar la relación con sus excamaradas y tocaba la batería con unos y otros.

Lennon y su eterna Yoko se fueron a posiciones más radicales y provocativas. Posaban desnudos, hacían música audaz y letras contestatarias, peleaban con los medios de comunicación atrasados desde las camas de hoteles famosos. Alguna vez le preguntaron a Lennon si era hippie y él repuso con sencillez complicada: “No, soy un Beatle”. Ya solo, compuso su propia y única música, de limpia protesta, como Imagine y Mother, asimismo volvió al rock and roll de los cincuenta. Se hizo un buen padre y optó, aferrado literalmente a Yoko, por vivir en Nueva York, una ciudad maravillosa, que para él fue letal.

Su asesinato es bien conocido. Yo estaba por viajar a la Universidad de Columbia, así que la noticia me impresionó todavía más. Fui al lúgubre edificio Dakota, donde filmaron El bebé de Rosemary, de Polanski. En la puerta estaban muchachos acongojados, flores, veladoras y fotografías del que fuera líder del grupo más exitoso del orbe. Caminé por allí, entre jóvenes y policías, pensando que (John era de mi edad) una época se había acabado. “The Dream is Over”.

Años después, Paul estuvo en México todavía con Linda, que sólo movía graciosamente un pandero. Atrás del ex Beatle aparecían fotos de Lennon y él, de Lennon solo. Lo sentí como un acto de oportunismo y escribí para el suplemento cultural de Excélsior, El Búho, un texto titulado: “Querido Paul, para qué demonios fui a verte”. El mejor momento del concierto fue cuando tocó las viejas canciones que firmaron Lennon y McCartney.

Poco después, Paul reclamó que deberían estar al revés, pues su papel había sido fundamental. Volví a pensar en que la razón de la ruptura fue el choque de personalidades y no Yoko.

Hace tiempo escuché a Joan Baez, hablaba de esos años y obvio, tocó a Bob Dylan: dijo que había traicionado sus principios. Me pareció una tesis exagerada. Luego tuve la humorada de presenciar una estúpida entrega de premios Oscar, ceremonia de total tedio y la prueba de que el show business es ramplón por excelencia. El Oscar a la mejor canción fue para Dylan, quien estaba en algún lugar remoto. La cámara vía satélite lo enfocó y lo vimos nervioso, inquieto, retorciéndose las manos como cursi quinceañera antes de bailar el vals. Cuando escuchamos las palabras más anheladas del mundo: “And the winner is…” Bob Dylan, aquél que se preguntaba dónde estaba la respuesta, sonrió agradecido en la peor actuación comercial de su vida: la respuesta estaba no en el viento, sino en Hollywood, como Elvis la halló en Las Vegas.

No son más los tiempos de la década prodigiosa. Janis Joplin fue sustituida por Madonna y Lady Gaga. La tragedia suplantada por el espectáculo. Paul es noble, como el gordito amigo de Lady Di, Elton John, ambos van a
Buckingham y la reina los recibe. Lejos quedó la ironía de Lennon: Aquellos que están en gayola, aplaudan, quienes están en los palcos y en primera fila, agiten sus joyas. En manos poderosas, todo se comercializó. La revolución se alejó huyendo del neoliberalismo y el show frívolo.

Los revolucionarios pocas veces llegan a viejos. Son siempre jóvenes, muertos en plenitud: en cine, James Dean; en la lucha social, Emiliano Zapata o Ernesto Guevara; en la música, John Lennon. Así se mantendrán, inalterablemente. No nos legaron la foto cobrando la pensión, ayudados por un bastón. A veces la muerte llega de manos asesinas, otras de las propias, como Kurt Cobain. No padecieron la decrepitud. Los seguiremos viendo vigorosos, esforzándose por hacernos distintos.

Fanático del rock, escucho a Pink Floyd, Led Zeppelin, Queen, Oasis, Radiohead, Green Day... Cada tanto vuelvo a la música de esa época, donde Lennon nos pidió imaginar un mundo sin religiones y sin violencia y demandó que fuéramos soñadores. Yo he seguido sus consejos, pero sin su genio, espero la jubilación y la silla de ruedas.

                                                                           

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