Mi tío Uberto Zanolli y mi tatarabuelo Giacomo Facco

En 1965, mi tío publicó un libro notable, Giacomo Facco, maestro de reyes.

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René Avilés Fabila 02/02/2014 00:42
Mi tío Uberto Zanolli y mi tatarabuelo Giacomo Facco

Cuando llegué a la Preparatoria 7, en Licenciado Verdad y Guatemala, ya era un aceptable aficionado a lo que llamamos música clásica. Mi maestro de Estética, Ramón Vargas, solía poner ejemplos musicales. Alguna vez nos hizo escuchar Scherezada y pidió nuestra opinión. Trataba de probarnos que el sentimentalismo nada tenía que ver con la estética. Leíamos De lo bello en la música, de Eduard Hanslick. Con alguna idea al respecto di mi opinión sobre la obra de Rimski-Kórsakov en un intento crítico. Pero mi mayor sorpresa fue descubrir que mi profesor de italiano sería mi propio tío, Uberto Zanolli, un músico excepcional venido a México, donde se casó con la soprano Betty Fabila. Mi maestro Zanolli (siempre le dije maestro) era brillante, bien parecido, culto, distinguido, elegante. Buen profesor, añadiría luego de ser su alumno.

En 1962, en clase, me dijo: René, quiero invitarlo a participar de un hallazgo. He descubierto a un músico sorprendente: Giacomo Facco. Me precisó cómo halló al notable músico véneto en los viejos archivos de Las Vizcaínas y me citó en el Castillo de Chapultepec, donde dirigiría por vez primera en México la obra de ese fascinante músico hasta entonces desconocido en el mundo.

En 1965, mi tío publicó un libro notable, Giacomo Facco, maestro de reyes, que hacia 1977 complementaría con el opúsculo Una aguja en un pajar, narrando cómo fue el descubrimiento o mejor dicho el redescubrimiento del músico. En ellos cuenta en detalle su hallazgo. Carlo
Coccioli
, luego del éxito de su novela Fabrizio Lupo, escribió sobre el venturoso asunto.

En 1961 el entonces curador del Archivo de las Vizcaínas, Gonzalo Obregón, encontró dentro de un armario un paquete empolvado conteniendo 12 conciertos de Facco, éste se lo hizo saber a un médico, Luis Vargas y Vargas, y ambos lo ponen en manos de Uberto Zanolli. A partir de entonces, mi tío realizaría un profundo trabajo de investigación histórico-musicológica en México y en Europa sobre la identidad del compositor y su obra completa.

Lo curioso (o extremadamente literario) es que Zanolli llegó a compenetrarse de tal forma con Facco que, como decía Carlo Coccioli, “Ya Facco y Uberto Zanolli no son sino una sola y única cosa; y arden de entusiasmo. Zanolli elabora completamente las viejas partituras de Facco...”. Tenía razón. El nombre de Facco va ligado de manera íntima al de Zanolli, pues él es quien busca y encuentra el resto de las obras dispersas en distintas partes del mundo. Si las primeras se debieron al azar, las demás al talento y afanes de mi tío.

Nuestro último encuentro fue en 1985, cuando yo era director general de Difusión Cultural de la UNAM y él dirigía la Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria. Hablamos de Antonio Salieri, mal tratado por Pushkin. Zanolli murió en 1994. Dejó documentado el descubrimiento de Facco y llevó a cabo un logro notable para la musicología contemporánea, que sólo un músico de su talento y conocimiento podría haber realizado, al revisar, corregir, transcribir y, sobre todo, reconstruir los acordes y partichelas perdidas, así como al haber elaborado el bajo continuo de los 12 conciertos que integran los Pensieri Adriarmonici de Giacomo Facco, publicados en 1716 y 1719 en Ámsterdam.

Zanolli sacó a su prodigiosa música del olvido secular al que había estado condenada en armarios novohispanos y europeos. El tesoro musical de Giacomo Facco volvió a las salas de concierto. Uberto continuó interpretando sus obras en múltiples salas, con distintas orquestas como la de Cámara de la ENP, fundada por él en 1972. Muchas fueron grabadas por la UNAM y el Instituto Italiano de Cultura grabó conciertos de Facco con diversos solistas como Manuel Enríquez, Hermilo Novelo y Luz Vernova, entre otros, así como sus cantatas, con la voz de Betty Fabila.

Merced al talento y pasión de Zanolli, Facco ya figura en las más importantes enciclopedias y diccionarios de música en el mundo y su obra forma parte del repertorio musical que se interpreta en las salas de concierto de Europa y América. Su trabajo instrumental y vocal ha sido grabado en Italia y España. Si algún incauto sugirió que Facco era invención de mi tío, el tiempo ha demostrado la verdad histórica y el mérito que le asiste al descubrir al músico véneto.

Difícilmente, la música de Facco podrá volver a tener el brillo que ambos supieron imprimirle. Uno era el creador. Zanolli hizo el milagro de resucitarlo de entre los muertos.

www.reneavilesfabila.com.mx

 

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