Volver a casa

De las páginas editoriales de Excélsior paso a la sección cultural, a Expresiones. El hecho desata la memoria.

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René Avilés Fabila 15/12/2013 00:00
Volver a casa

Mudarse no significa cambiarse de casa, puede serlo de habitación. De las páginas editoriales de Excélsior paso a la sección cultural, a Expresiones.

El hecho desata la memoria. Inicié el periodismo cuando ya era literato y amigo de novelistas y poetas de fama. Estaba casado desde temprano con la prosa narrativa. No nací escritor, como Borges, pero a fuerza de pasión, lecturas y de la interrelación con mis compañeros generacionales fui afinando la vocación.

Con José Agustín y Gerardo de la Torre, allá por 1959, acaso poco antes, escribí mis cuentos iniciales. En 1962, los que seríamos peyorativamente calificados como onderos, habíamos crecido en número y experiencia. A los tres iniciales nos llamó la atención el periodismo cultural, sin duda porque sería un apoyo que nos permitiría afilar nuestras espadas.

Fuimos a El Día, medio innovador, obra de un político izquierdista: Enrique Ramírez y Ramírez. Poseía suplemento dominical, El gallo ilustrado, y una  sección cultural bajo el mando de Arturo Cantú, especialista en José Gorostiza. En tal diario brillaban los nombres de María Luisa Mendoza, Edmundo Domínguez Aragonés, Raymundo Ramos, Arturo Azuela y Alberto Beltrán, artista plástico que diseñaba y dirigía el suplemento. Fue un periódico fundamental que no pudo sortear la crisis del 68.

Simultáneamente, otros amigos que cabrían por edad en la generación de quienes habíamos nacido alrededor de 1940, como Ignacio Solares y Parménides García Saldaña, escribían en las páginas culturales de Excélsior, donde Pedro Álvarez del Villar o Eduardo Deschamps me publicaban ocasionalmente algún cuento, una entrevista o una crítica literaria. Estaba por aparecer en mi vida un poeta y periodista de excepción, maestro por naturaleza, venido de la España desgarrada por la Guerra Civil, Juan Rejano. Él creó el suplemento de El Nacional, Revista Mexicana de Cultura y me invitó a colaborar. Rejano fomentó como pocos el periodismo cultural, multitud de jóvenes acabamos de formarnos bajo sus órdenes sabias y generosas.

Cuando José Agustín saltó al éxito con La tumba y De perfil, José Emilio Pacheco llamó y me pidió entrevistarlo para México en la Cultura, de Fernando Benítez. Fue un trabajo divertido y novedoso. Comenzó con mis preguntas y sus respuestas, a la mitad, los papeles se invirtieron y Agustín pasó a interrogarme. Una tarea que hoy llamaríamos nuevo periodismo, cuando en México Vicente Leñero y Ricardo Garibay lo practicaban, estimulados por autores como Capote, Mailer y Wolfe. Era un México en transición, atrás quedaba la literatura rural, aparecía abiertamente la urbana y se experimentaba con las formas. A Benítez, que era insoportable, le gustó mi trabajo y, por un tiempo, estuve en las páginas del suplemento que dirigían él y Gastón García Cantú a la sazón amigos.

Yo había ingresado al Partido Comunista y necesitaba hacer diarismo político para defender una causa que se derrumbaría estrepitosamente. Comencé entrevistando a intelectuales marxistas como Enrique González Pedrero, Juan de la Cabada y otros más. En la diáspora de Excélsior quedé en el grupo de Manuel Becerra Acosta. Bajo sus órdenes, unos treinta periodistas formamos el Unomásuno. Allí fui articulista de fondo. Bajo la presión de periodistas recién llegados, ambiciosos y poco éticos, como Carlos Payán y Héctor Aguilar Camín, la mayoría de los fundadores salimos. Con el apoyo del célebre antiacadémico Nikito Nipongo, regresé en 1983 a Excélsior: dirigí primero la sección cultural y enseguida fundé el suplemento cultural El Búho, con el cual obtuve la mayor parte de los premios de la época, incluido el Nacional de Periodismo que concedía el Gobierno de la República. Curiosamente, en este 2013 presidí el mismo galardón ya ciudadanizado, a propuesta del gran caricaturista Helguera.

En las postrimerías del zedillismo fui censurado y pensé: cuando a uno lo censuran y lo tolera, lo hacen otra vez. Renuncié. Salido Regino Díaz Redondo, la cooperativa me llamó y volví a Excélsior como editorialista de primera página, director de una sección llamada Políticamente incorrectos y último de la revista decana del país, Revista de Revistas, la que recibí del agudo periodista Enrique Loubet.

Cumplidos 50 años de escritor, periodista y académico, con nuevos compañeros y directivos que han modernizado esta casa editorial, regreso al periodismo cultural en Expresiones, muy a mi manera, mezclando lo político con lo cultural.

                www.reneavilesfabila.com.mx

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