Bioinformación forense

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Raymundo Canales de la Fuente 06/07/2014 00:00
Bioinformación forense

La posibilidad de identificar, sin lugar a dudas, a una persona es una necesidad en muchos ámbitos, de entre los cuales la investigación forense destaca por las responsabilidades criminales. Las huellas dactilares han sido a lo largo de muchos años una de las evidencias útiles en el campo, en vista de hechos simples y demostrados; no hay dos personas con las mismas huellas, se generan en la vida intrauterina, nunca cambian, e incluso son diferentes entre los gemelos idénticos. Por supuesto la complejidad para identificar huellas dactilares implica la formación sistemática de expertos, que cuando enfrentan huellas completas de una persona la pueden identificar inequívocamente, pero cuando las huellas son pequeñas y parciales, dicha identificación es mucho menos segura, al final en esas circunstancias, persiste la opinión de un experto y eso es lo que debe ponderar el juzgador. Las huellas dactilares se deben guardar en archivos de imagen, con respaldos, en la mayor resolución posible, bajo estricta vigilancia del Estado, y otorgando garantía de acceso a las mismas por parte del personal a cargo de investigaciones criminales. Las ciencias genómicas brindan ahora la posibilidad también de identificar a una persona por las características de su DNA, la molécula que tenemos dentro de nuestras células que nos hace ser quienes somos y ser diferentes del vecino. La manera de tomar una muestra de una persona para identificación por DNA, es tomar con un hisopo una muestra de saliva del interior del cachete para posteriormente extraer el DNA de las células arrastradas por el hisopo; el DNA, que es una molécula muy larga, se parte con enzimas que reconocen secuencias específicas hasta en veinte fragmentos que se guardan para comparar con alguna muestra. La posibilidad de que coincidan esos “pedazos” de la molécula con la de alguna otra persona, sin ser familiares, es de una en un billón, por lo que se considera bastante seguro, pero, como todo en ciencia, no existe nada perfecto. Las situaciones difíciles aparecen cuando la muestra contra la que se va a comparar es muy pequeña, consiste por ejemplo en algunos cabellos o una gota muy pequeña de semen o de sangre tomadas de la escena del crimen. Aparecen también las posibilidades de que la escena haya sido contaminada o de que el individuo haya estado en la escena como testigo o incluso como víctima del delito que se le está imputando. La contaminación pudiera incluso no ser intencional sino que alguien haya podido trasladar DNA hasta la escena por medio de sus zapatos o con cualquier otro objeto. Adicionalmente los bancos de DNA requieren más infraestructura en vista de que deben conservarse en refrigeración, bajo condiciones controladas, garantizando el suministro eléctrico y en un laboratorio con todas las capacidades para llevar a cabo los ensayos. No es un asunto menor ni trivial, también se debe garantizar la seguridad en términos del acceso restringido única y exclusivamente al personal encargado de la investigación de delitos, así como en relación a la confidencialidad absoluta. Como podemos ver, no hay total garantía, lo cual no quiere decir que una verdadera policía científica no deba recurrir a todos los medios probatorios para combatir el delito y brindarnos seguridad jurídica a la sociedad en general. Ojalá estemos tomando todas las precauciones pertinentes en nuestro querido México al acceder a toda la tecnología moderna en la investigación policiaca.

 

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